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    Un barco con la bandera de Venezuela (archivo)

    Batallas épicas que te harán olvidar 'Juego de Tronos' (y Hollywood)

    © AP Photo / Franco Castano
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    Por José Negrón Valera
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    "La identidad nos la construyen sobre el olvido de lo que somos", escribió el ilustrador Andrés Rábago, alias el Roto. Podría constituirse esta frase en el mejor resumen de cómo funciona la industria cultural dominante.

    El manejo de la memoria vía Hollywood sirve para perpetuar muchas cosas. Una de ellas, la idea de que Estados Unidos es un país destinado a librar una gran cruzada por la libertad y la justicia en el mundo. Esta operación ocurre imponiendo sobre el imaginario de los pueblos, imágenes, narrativas, símbolos, lenguajes construidos a imagen y semejanza de la cosmovisión norteamericana.

    Es por ello que sabemos bastante del Universo Marvel, pero muy poco de Juana Azurduy. Recordamos bastante bien de la cruzada de Rambo en Afganistán, pero casi nada de que Pancho Villa invadió a su vecino del norte. Glorificamos a Arya Stark, sin conocer que para lograr la independencia suramericana se llevaron a cabo gestas mucho más sorprendentes, de las cuales, conforme pase el tiempo, se hablará cada vez menos.

    Así que aprovechamos que en Venezuela se acaba de celebrar una de sus efemérides patrias más importantes, la batalla de Carabobo, para entrevistar en profundidad al general Frank Zurita, experto en historia militar, y así rescatar cuatro batallas épicas de la independencia venezolana que dejan bastante claro no solo que la realidad siempre supera la ficción, sino que no somos pueblos inermes, ansiosos por ser colonizados, o abatidos en espera de la salvación del 'primer mundo'.

    Con el general Zurita, no hay tiempo que perder. "Comencemos con San Mateo. Es una de los episodios más largos, gloriosos y de mayor sacrificio de la historia venezolana", recomienda al entrar en su oficina.

    Acepto conforme y lo veo desplegar mapas y grandes libros. Con el primer paso rasante del bolígrafo sobre la topografía imaginaria, despegamos en un viaje que nos llevó a un universo repleto de historias sorprendentes. Su voz era la llave de acceso.

    Batalla de San Mateo, 28 de febrero – 25 de marzo de 1814: el Stalingrado híbrido del Libertador

    Venimos de la batalla de La Victoria (12 de febrero de 1814), donde José Félix Ribas, le impide al Ejército español el paso hacia Caracas. Boves, el temible jefe militar de los realistas, se recupera de una herida recibida. Planea una ofensiva final para derrotar a Simón Bolívar y con ello a los sublevados contra la corona.

    Decide que dicha acción ocurrirá en el pueblo de San Mateo, donde el Libertador se había acantonado para cerrar el paso a la capital. El lugar es un punto estratégico de vital importancia para ambos Ejércitos. Conecta a Caracas con el occidente del país y es un paso obligado para ir al oriente de Venezuela.

    Bolívar planea su defensa sobre la base de tres puntos de resistencia. El primero de ellos en San Mateo, este bloquea el acceso a los que vienen de Villa de Cura; el segundo punto se encuentra en un sitio llamado Cantarrana, a unos cientos de metros de la plaza principal del pueblo; el tercero estaba en la casa del Libertador, desde donde se defenderían de un posible envolvimiento que viniese por La Victoria o incluso en el caso de un ataque frontal. 

    Croquis de la batalla de San Mateo
    © Foto : Frank Zurita / José Negrón Valera
    Croquis de la batalla de San Mateo

    Luego de reuniones de estrategia en las que Bolívar y su Estado Mayor analizan el enemigo "desde el punto de vista de su dispositivo, su composición y fuerzas", entienden que Boves vendrá en una ofensiva de 4.000 hombres. De ellos, 3.000 serán de caballería y 1.000 de infantería. Hay que destruir su potente movilidad y tienen una idea para lograrlo.

    Desvían el río Aragua y hacen que se inunde toda la plantación que está frente a la hacienda y cerca del pueblo de San Mateo. La convierten en una ciénega, un pantano imposible. Quiere Bolívar no solo anular la caballería, sino obligarlos a entrar por el pueblo y conducir un combate en áreas construidas.

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    Se fortificaron todas las casas. Abrieron huecos en las paredes para conectarlas unas con otras y de esta forma, facilitar el desplazamiento interno. El ataque sería sorpresivo. Desde las ventanas volarían los proyectiles patriotas hacia el Ejército invasor que se vería acorralado entre las calles: "La guerra hibrida ya estaba planteada, casa por casa, un Stalingrado en San Mateo".

    Boves se percata de que es imposible en un ataque frontal doblegar las defensas. Decide rediseñar la estrategia y apuntar hacia el centro de suministro de los patriotas, que es la casa del Libertador.

    Plantea entonces una estrategia de simular un ataque definitivo y frontal, mientras Francisco Tomás Morales, su hombre de confianza, hace un largo envolvimiento por una quebrada que está detrás de una gran montaña, y hace una aproximación hacia la casa que resguarda el polvorín y el parque de armas.

    El neogranadino Antonio Ricaurte, responsable de ese punto de resistencia, se percata de esta situación. Toma la decisión de inmolarse y hacer estallar el polvorín para evitar la captura de un botín que significaba la derrota del Ejército de Bolívar. Es esta la gran acción de San Mateo.

    El sacrificio de Ricaurte es el punto de inflexión de la batalla. Con la explosión, se desordena el ataque de los realistas y al no poder tomar la casa, Boves pierde el ánimo y se retira de nuevo a Villa de Cura para reponer fuerzas. Los españoles han sido derrotados, una vez más.

    'Incendio Puesto en el Parque de San Mateo por Ricaurte 1883' por Antonio Herrera
    © Foto : Public Domain
    'Incendio Puesto en el Parque de San Mateo por Ricaurte 1883' por Antonio Herrera

    La toma de las Flecheras, 6 de febrero de 1818: "Si no lo hubiese presenciado, nadie habría podido hacérmelo creer"

    Hasta enero de 1818, Simón Bolívar y el general patriota José Antonio Páez no se conocían. El Libertador viene con una nueva mentalidad a su paso por Haití. Se da cuenta que la independencia no puede ser lograda sin el esfuerzo de todos los habitantes de Venezuela. Así comienza a dictar los primeros decretos de liberación de esclavos. También entiende la necesidad de unir los Ejércitos patriotas en un esfuerzo común.

    El famoso Ejército de Apure ya existía y estaba al mando de Páez. Bolívar se encuentra al mando del Ejército de Oriente. Para hacerlos coincidir, el Libertador ejecuta una maniobra espectacular y poco estudiada que es remontar el río Orinoco desde Angostura y llegar hasta la boca del río Arauca en el Apure, y reunirse con Páez en el Hato Cañafístola.

    Cuando Páez conoce a Bolívar le sorprende su fisionomía. En sus memorias cuenta que el Libertador "tiene la escasa robustez que suele dar la vida ciudadana" y lo que más llama su atención es "el brillo de los ojos, que eran negros, vivos, penetrantes e inquietos con mirar de águila, circunstancias que suplían con ventaja lo que a estatura le faltaba para sobresalir entre sus acompañantes". Sin embargo, su primera impresión no le impide reconocer su liderazgo y autoridad.

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    Entendamos al hombre en su contexto: "Páez era una leyenda. Tumbar un toro por los cachos, pelear con una anaconda, matar jabalíes, enfrentarse con un jaguar a pie con una lanza, eran sus alegrías. No obstante, Bolívar contaba con una energía que no solo lo hizo subordinarse, sino que también impactó a generales de la talla de San Martín y al propio enemigo español, Pablo Morillo".

    Ahora bien, Bolívar deseaba unir por vez primera ambos Ejércitos para iniciar la llamada 'campaña del centro', una acción para liberar tanto Caracas, como el valioso castillo de Puerto Cabello. Decide que sea Apure, el punto cero de su iniciativa bélica, un área con unas características adversas para la gestión de un Ejército tan grande.

    Dicho territorio se encuentra atravesado por ríos que tienen un aproximado de 200 a 300 metros en la parte más estrecha, mientras que en la más ancha pueden alcanzar más de 800 metros. Son aguas plagadas de pirañas, anguilas eléctricas, anacondas, caimanes. No hay nada que sea amigable, todo es hostil. Los pasos de los ríos, ya están preestablecidos y se encuentran custodiados.

    Bolívar necesita hacer que su Ejército de más de 4.000 hombres logre sortear las infestadas aguas y emprendan la marcha definitiva. Le encarga a Páez la misión de mantener unas embarcaciones, en el famoso 'paso del diamante' para lograr tal objetivo. Sin embargo, al llegar al punto indiciado, las embarcaciones no se encuentran. Bolívar pide explicaciones. Páez se las entrega. Lo hace mirar al horizonte y con un gesto de absoluta confianza le dice que las embarcaciones existen. El único inconveniente es que están en manos de los enemigos.

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    Es en este punto que ocurre una acción táctica que sigue sorprendiendo a los historiadores militares de todo el mundo. Una decisión nunca antes vista que hizo exclamar a Bolívar tiempo después: "Si no lo hubiese presenciado, nadie habría podido hacérmelo creer".

    Croquis de las Flecheras
    © Foto : Frank Zurita / José Negrón Valera
    Croquis de las Flecheras

    Páez escoge a sus mejores hombres, un aproximado de 50, y decide usar una raza específica de animales llamada 'los caballos grises' que eran buenos nadadores. Con cuchillo en boca y lanza en mano, se van dejando guiar por la corriente y se aproximan a las flecheras, que son "naves ligeras de guerra en forma de canoa con quilla, anteriormente utilizadas por los indígenas".

    Los soldados enemigos divisan las aguas y confunden al Ejército de Bolívar con "una manada de chigüires". Era de esperarse la confusión. Los patriotas vienen gritando y chapoteando para alejar a los caimanes y las pirañas. Cuando los españoles se percatan de la maniobra, ya es muy tarde para ellos. Intentan disparar, pero los patriotas liderados por Páez se lanzan de los caballos hacia las embarcaciones y logran hacerse con el control de ellas.

    Ya Bolívar puede continuar su marcha hacia el centro de Venezuela y la historia puede enorgullecerse de poseer un acto de heroísmo que haría palidecer la imaginación de cualquier guionista de películas.

    'Toma de las Flecheras' por Arturo Michelena
    © Foto : Public Domain
    'Toma de las Flecheras' por Arturo Michelena

    Batalla de Carabobo, 24 de junio de 1821: "La genialidad estratégica para la batalla definitiva"

    Carabobo es el fin de una campaña que tuvo como objetivo acorralar al enemigo y obligarlo a presentar una batalla decisiva en las peores condiciones posibles. ¿Cómo logra esto Bolívar?

    Luego de que se rompiera el armisticio de 1820, el Libertador emprende una serie de acciones estratégicas para debilitar a ese enemigo que está concentrado en el centro de Venezuela, extendido desde los valles de Aragua, Valencia, siempre custodiando Puerto Cabello y Caracas.

    "Dichas acciones buscaban cumplir con un principio básico de la guerra, el principio de 'concentración de fuerzas'. ¿Qué dice este principio? Que al ampliar mi radio de operaciones, la otra parte que se defiende hará lo mismo, se expandirá para evitar el envolvimiento", explica.

    Bolívar al percatarse de que está con su enemigo en igualdad de condiciones, en cuanto al número de tropas, desarrolla un plan para que al momento de que ocurra la batalla decisiva, los españoles se encuentren en inferioridad numérica.

    Genera una serie de acciones de distracción o 'diversiones'. Ordena al general José Bermúdez que se aproxime desde el oriente de Venezuela a Caracas por la línea costera. Esto haría que el capitán realista Miguel de la Torre que está en el centro del país, destaque tropas para contener ese avance.

    Desde el occidente del país, se le encomienda al coronel Cruz Carrillo, avanzar desde Trujillo, Barquisimeto, San Felipe, hacia Puerto Cabello para obligar a los españoles a designar otro contingente para repeler dicha acción. Por último, se le pide al general Pedro Zaraza que avance desde los llanos para seguir disminuyendo las tropas realistas que se hallaban en el centro de Venezuela.

    Cuando Bolívar se enfrenta en Carabobo con Miguel de la Torre, lo consigue con 4.200 hombres, mientras él tiene los mismos 6.000. El principio había funcionado.

    Bolívar dispersó al enemigo, luego se concentró en San Carlos y avanzó hacia Carabobo. Increíblemente la batalla duró unos 45 minutos, solo una parte de las tropas del libertador lograron entrar en combate.

    "Fue un derroche de genialidad. Bolívar logra observar al enemigo y se percata de que para llegar con la caballería, que era el fuerte de su Ejército, la mejor forma era hacerlo por el camino antiguo entre Tinaquillo y el campo de Carabobo. Ese camino pasa por el abra de Carabobo, un callejón entre dos montañas que es el paso a la llanura. Allí se instaló De la Torre, con el fuerte de sus unidades realistas. 

    Desde la sabana de Taguanes, que fue donde acampó el Libertador, sube al cerro Buena Vista. Observa que el enemigo está custodiando las montañas y ha ubicado sus batallones y dos piezas de artillería. Sus decisiones hablan de su genio militar", resalta.

    Bolívar lanza una acción con la tercera división al mando del coronel Plaza. El propio Libertador va a la cabeza de ese ataque frontal. Desea que piensen que él comandará el golpe definitivo.

    Sin embargo, el plan real era que la primera y segunda división avanzaran por la izquierda e intentaran llegar a la llanura para usar la caballería. Páez, comanda el batallón Bravos de Apure, mientras la Legión Británica que ya había peleado contra los españoles en Europa, le brinda cobertura.

    El jefe español De la Torre, pronto se da cuenta que la idea de Bolívar era engañarlos con un ataque frontal, para luego envolverlos con las unidades de Páez. Envía al batallón Burgos y Barbastro para detener a los Bravos de Apure y logra detener su avance con fuego de artillería. En un punto crítico de la batalla, cuando los realistas parecen mermar el ímpetu de Páez, aparece la Legión Británica y se interpone entre el batallón Bravos de Apure y los realistas.

    Croquis de Carabobo
    © Foto : Frank Zurita / José Negrón Valera
    Croquis de Carabobo

    Con este apoyo, Páez logra reagrupar los Bravos de Apure y entrar a la llanura con 100 jinetes. Es el momento decisivo.

    "La importancia de colocar al hombre exacto, en el momento exacto, con la unidad exacta. Cuando Páez entra a la llanura, De la Torre en un intento desesperado lanza su reserva contra el militar patriota, pero no había entrado cualquiera. Era el Centauro, el héroe de las Queseras del medio, la leyenda de la toma de las Flecheras. La reserva dispara las carabinas una sola vez y se dan media vuelta. Los españoles creyeron que ya con Páez allí, toda la caballería había entrado y no era así, fue solo efecto psicológico", explica.

    El Ejército realista comienza a replegarse y se organiza en una unida de defensa donde se refugia De la Torre y su Estado Mayor. Comienzan su retirada hacia Puerto Cabello. Un torrencial aguacero comenzó a caer y el Ejército patriota detiene la persecución de los vencidos cuando estos llegan a Valencia para refugiarse en el castillo de Puerto Cabello, su último reducto.

    Para la mañana del 25 de junio de 1821, Venezuela se había ganado a sangre y fuego su derecho a ser libre e independiente.

    La toma del castillo de Puerto Cabello, 8 de noviembre de 1823: "La primera operación de fuerzas especiales de la historia venezolana"

    En la ciudad fortificada de Puerto Cabello, cerca de 1.200 soldados españoles buscaron refugio luego de perder en la batalla de Carabobo. Allí van a intentar reorganizarse. Una dificultad se suma a su ya complicada situación: España ya no enviará más refuerzos a Venezuela.

    Desde el día 25 de junio 1821 hasta el 8 de noviembre de 1823, el castillo estuvo sitiado por Páez. La única forma de obtener recursos era vía marítima, desde Cuba y República Dominicana. La fortaleza era inexpugnable y de no haber sido por un hecho extraordinario, se habría mantenido así unos años más.

    Cuenta Páez en su autobiografía que sus soldados le advierten sobre unas misteriosas huellas que salen del mar hacia la orilla.

    Se ordena mantener vigilancia, hasta que se descubre que la causa es un hombre negro que sale del agua. Lo capturan y lo llevan ante Páez. Se trataría de un esclavo ayudante de los altos oficiales del castillo.

    Páez, contrario a lo que cabría esperar, no lo pone preso de inmediato, solo conversa con él y lo deja seguir con su labor. Cada vez que el esclavo aparecía por la playa lo capturaban y volvían a llevarlo con el general patriota.

    Luego de ganarse su confianza, el esclavo revela que accede al castillo porque en esa época del año las corrientes formaban una especie de talud marítimo que le permitía llegar a la fortaleza sin esfuerzo de nado. Él conocía exactamente donde estaba ese montículo de arena.

    Páez decide lanzar una operación de infiltración. Prepara unas tropas y les ordena desnudarse, raparse la cabeza y embadurnarse el cuerpo con manteca de cochino. El asalto se haría con armas blancas.

    Todo al que capturaran con ropa o con cabello, sería apuñalado. La grasa era para evitar ser atrapados durante algún forcejeo. Los soldados patriotas se infiltran por unos manglares y pasan tan cerca de las torres de vigilancia que los españoles creyeron, al ver las aguas agitadas, que se trataba de un cardumen de peces.

    Son las tres de la madrugada, cuando llegan a la puerta del castillo. El esclavo conocía el santo y seña y fueron los propios españoles los que precipitaron su suerte. El ataque fue feroz e intenso. A las seis de la mañana, el castillo estaba tomado. La fortaleza, que había sido inexpugnable desde que se la arrebataron a Simón Bolívar en 1812, había caído. 

    Foto de la ciudad fortificada de Puerto Cabello
    © Foto : Cortesía General Frank Zurita
    Foto de la ciudad fortificada de Puerto Cabello
    Croquis del asedio y captura de Puerto Cabello
    © Foto : Frank Zurita / José Negrón Valera
    Croquis del asedio y captura de Puerto Cabello

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    batalla, operación militar, historia, guerra, Venezuela
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