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    'Chespirito' y la renegociación del TLCAN

    © REUTERS / Carlos Jasso
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    La ronda de negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) regresó a México (por segunda ocasión) sin otro logro para presumir que el hecho sorprendente de que Estados Unidos no se haya levantado todavía de la mesa dejando a los negociadores de Canadá y del país sede platicando a solas.

    "La historia ocurre dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa"
    Karl Marx

    Como el Chapulín Colorado —uno de los muchos personajes creados por el comediante, guionista y director mexicano Roberto Gómez Bolaños, cuya corta estatura y talento para escribir historias le valieron el apodo de 'Chespirito' (pequeño Shakespeare)—, yo pudiera decir que "lo sospeché desde un principio" y sería verdad: resultaba previsible que ello sucediera en unas conversaciones viciadas de origen por el insólito rol de víctima elegido por Estados Unidos y su anunciada decisión de abandonar el TLCAN si la renegociación no les resulta beneficiosa.

    El único cambio en ese sentido es que esta vez, en vísperas del inicio de la quinta ronda de negociaciones, no fue el presidente estadounidense Donald Trump el encargado de amenazar a México con la ruptura del acuerdo. Esta vez el papel de torpe villano de televisión le correspondió al secretario de Comercio del vecino país del norte, Wilbur Ross, quien con la sutileza propia de un paquidermo enfebrecido en un almacén de vajillas finas comentó que para México tendría un efecto devastador la cancelación del TLCAN. "Bueno, pero no se enoje", le respondería a Ross el Chavo del Ocho, otros de los personajes nacidos del talento de 'Chespirito'.

    Si bien no le falta razón al señor Wibur Ross —dada la actual dependencia de la economía mexicana del comercio con Estados Unidos—, su declaración no resulta meramente enunciativa ni se 'le chipoteó', como pudiera argüir un eventual defensor. "Sin querer queriendo", como diría el Chavo, el secretario de Comercio de Estados Unidos devino en singular 'alter ego' de su jefe, Donald Trump, del que copió el fondo y modificó la forma a la hora de hablar del TLCAN.

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    En efecto, si Trump ha asumido desde el principio el patriótico rol de victimizado por un insensato acuerdo económico que le urge modificar o clausurar para regresarle a su país los capitales dispersos y los puestos de trabajo fugitivos, rol que le permite contentar a una base electoral desilusionada por la renuencia del Congreso a autorizar el financiamiento del muro fronterizo cuyo costo se le cobraría luego a México de algún modo, Ross se disfrazó de victimario para recordarle a México el Apocalipsis que supondría la muerte del TLCAN. Si bajo ello se oculta el anuncio del cercano fin del acuerdo trilateral o resulta una estrategia de negociación para conminar a las otras partes a que acepten sin dilaciones tecnocráticas las posturas estadounidenses solo el tiempo lo dirá. Sea una cosa o la otra, Ross pudiera decir, como el Chapulín Colorado, que "todos mis movimientos están fríamente calculados".

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    En cualquier caso, México no tiene que dejarse influenciar por las artes intimidatorias de Estados Unidos, ni pensar —como el Chapulín o como quiere hacer creer a todo el mundo el propio Trump— que "se aprovechan de mi nobleza"; esta quinta ronda de negociaciones llega en el momento adecuado para colocar sobre la mesa contrapropuestas bien pensadas que frenen iniciativas estadounidenses como la de concluir el TLCAN cada cinco años, la denominada 'Sunset Clause' propuesta durante la cuarta ronda celebrada en Washington en el mes de octubre.

    Si Estados Unidos quiere negociar mediante el recurso de desgastar a los interlocutores —una filosofía con el ADN de Donald Trump—, México debe refutar con proposiciones puntuales, como la de evaluar cada lustro la pertinencia del Tratado, la cual insufla la esperanza que requieren los mercados allí donde Estados Unidos sólo ofrece el pánico que provoca la expectativa de una 'muerte súbita' del TLCAN. Sería como evidenciar, a la usanza del Chapulín Colorado, que "no contaban con mi astucia".

    Al final de cuentas, sea cual sea el cariz de las rondas de negociaciones —la que hoy inició, las que aguardan en el porvenir cercano—, México tiene que asumir que hay vida más allá del TLCAN y, como el Chavo del Ocho, decirle a los inversores nacionales y extranjeros cuyos estornudos agripan al peso y resfrían a la economía azteca "que no panda el cúnico". Y si la terquedad de un hombre poderoso y ególatra termina por desarmar un Tratado sin duda alguna perfectible, pero cuyas estadísticas arrojan más luces que sombras sobre las economías de los tres países involucrados en el mismo, siempre quedará esa salida elegante e ingenua del Chavo del Ocho, que rendía por su encanto a todo aquel que la escuchaba, para quitarle presión a una eventual conclusión del TLCAN:

    "Pues al cabo que ni quería".


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    relaciones económicas, comercio, cooperación, TLCAN, Canadá, México, EEUU
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