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    La 68ª edición del certamen español proyectará 142 películas del 18 al 26 de septiembre y contará con la asistencia de actores o actrices de todo el mundo.

    Puede que una de las normas implícitas de la llamada "nueva normalidad" sea la de aparentar que nada sucede. O mejor aún: que nada ha pasado. Es complicado, pero el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, al norte de España, lo está intentado. El certamen, que arranca su edición número 68 entre el 18 y el 26 de septiembre, proyectará 143 cintas y recibirá a actores y actrices de Hollywood como Johnny Depp o Gina Gherson, que ya está en la capital guipuzcoana. 

    Será, a su pesar, una edición diferente, aunque los organizadores hayan asegurado en la presentación que "la distancia más corta entre dos puntos es una buena película". Para empezar, cuenta con 65 filmes menos que en 2019, aunque se podrán ver todos en "salas seguras", la concepción que se le ha dado al aforo reducido en las butacas. Conseguir que el calendario de un año marcado por el COVID-19 no quede en blanco ha sido un hito. Desde el comienzo de la pandemia, lo habitual han sido las cancelaciones. Cannes tuvo que anularse y solo a partir del verano, con Málaga o Venecia, se ha vuelto a poner en marcha el engranaje de festivales. 

    En este caso, los cambios están ligados a la cantidad de personas que acudirá a las proyecciones. El auditorio del Kursaal (edificio donde se celebra) no superará las 600 entradas sobre las 1.500 que salen generalmente a la venta. Es la cifra máxima permitida por el Gobierno Vasco para recintos cerrados. En los otros recintos más populares (el otro cubo del Kursaal y los teatros Principal y Victoria Eugenia) el tope serán del 50%. En el resto, del 60%. Y habrá un intervalo de 60 o 90 minutos entre cada sesión, según el tamaño de las salas. Así se garantizará su desalojo, ventilación y desinfección. 

    También se reducirán los actos oficiales. Se suprimen los cócteles y las fiestas, aunque se llevarán a cabo la gala de apertura y clausura, la del Cine Vasco y la de entrega del Premio Donostia, un galardón que recogerá Viggo Mortensen. El bailarín y coreógrafo Jon Maya y el escritor Harkaitz Cano serán los encargados de la preparación de las cuatro. Se mantiene la línea de "galas de autor" que comenzó hace dos años con Borja Cobeaga y Diego San José, que la dedicaron al humor, y continuó el pasado ejercicio con Borja Crespo y su tributo al cine de género.

    "No podemos darle la espalda a la pandemia, pero será una gala juguetona, luminosa, dinámica y coral", ha destacado el autor vasco.

    La danza y la música en directo serán una característica de estas ceremonias, que tendrá en la necesidad de volver a las salas y en las distancias, tanto físicas como mentales, de separación y protección, su "eje vertebrador". Maya, líder de Kukai Dantza, ha añadido por su parte que todas cuentan con "un hilo conductor narrativo y estético".

    Otro aspecto importante serán las colas para entrar. Habrá un control de distancia para que no se produzcan aglomerciones. José Luis Rebordinos, el director del festival, ha señalado que se ha insistido mucho en este aspecto y que confían en el cariño de la gente a este certamen.

    "El tema más complejo no son las medidas de seguridad. Puedes tener los aforos, las entradas y salidas organizadas, o las salas higienizadas, pero hay que conseguir que la gente cumpla las normas", ha declarado Rebordinos a TVE1, "es el tema que más me preocupa: la mayoría de la gente las respeta, pero si hay un grupo que no lo hace tienes un lío".

    Rifkin’s Festival, película del neoyorquino Woody Allen, dará el pistoletazo de salida. El director atenderá a los medios por videollamada, mientras Elena Anaya o Gina Gherson, dos de las protagonistas, acudirán a la ciudad. Además, la anulación de Cannes ha permitido contar con películas de este certamen francés, entre ellas las dirigidas por François Ozon, Viggo Mortensen, Thomas Vinterberg, Naomi Kawase o Fernando Trueba, que lo clausurará con El olvido que seremos.

    Hay, no obstante, menos cine español y latinoamericano en sección oficial. "Nos ha perjudicado porque ha detenido muchos rodajes y muchas películas que esperábamos no se han terminado", ha indicado Rebordinos al respecto. Akelarre, de Pablo Agüero, y Courtoom 3H (Sala del Juzgado 3H), de Antonio Méndez Esparza, serán las dos películas de producción española en competición por la Concha de Oro.

    Tendrán cabida también las series de televisión, como viene ocurriendo últimamente en este tipo de actos. Estará Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen, o We are who we are, de Luca Guadagnino. Patria, la serie basada en la premiada novela de Fernando Aramburu sobre ETA, que se sitúa en San Sebastián, se proyectará después del controvertido cartel de la plataforma HBO. Muchos vieron "equidistancia" entre víctimas de la banda terrorista y las torturas policiales.

    "Es una polémica absurda. Entiendo que pueda gustar más o menos, pero lo que no tiene sentido es pedir la eliminación, el boicot o la censura porque no gusta", ha apuntado Rebordinos, "estoy convencido de que las víctimas, y me consta porque algunas ya la han visto, van a salir reconfortadas".

    Casi todas las entradas puestas a la venta ya están agotadas. Algo que demuestra la capacidad de atracción del festival y anima a la organización. "Reivindicamos que el cine vaya en salas y que las películas que pasen por aquí se estrenen con éxito. Hay que apoyar entre todos a las salas de exhibición que ahora es la parte del sector cinematográfico más débil", ha expresado el director, concluyendo que "el primer objetivo, y el más importante, de este año es que el festival sucediera. Ahora se trata de que las películas se proyecten en condiciones y que sea seguro".

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