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    Andalucía cuenta con más de 45.000 represaliados del franquismo en fosas comunes. Entre ellos se encuentra Blas Infante, considerado fundador de la patria andaluza. Se cumplen 84 años de su fusilamiento y sus restos, según los investigadores que han abierto la fosa común más importante en el suelo urbano de España, podrían aparecer pronto.

    Entre el 10 y el 11 de agosto de 1936, los militares golpistas liderados por Franco fusilaron en Sevilla a Blas Infante. Se trataba de una figura prominente, un notario hecho a sí mismo en la Andalucía nobiliaria de terratenientes que reivindicaba los derechos del campesinado. Era, además, un inclasificable intelectual que puso en valor el etnicismo de Andalucía, ligado a las raíces musulmanas. Y era, básicamente, el padre de la patria andaluza, una figura incómoda para la visión que tenía el golpismo militar de España.

    Sus restos, al igual que los de la principal figura universal asesinada por la represión franquista, Federico García Lorca, siguen desaparecidos; no obstante, todo parece indicar que pronto verán la luz.

    Desde principios de este 2020, en el cementerio de San Fernando de Sevilla, se realizan los trabajos de exhumación de una de las fosas comunes del recinto, la de Pico Reja. Según los estudios previos, los trabajos de delimitación, y la concienzuda labor de historiadores que indagan en archivos municipales y militares, todo indica que la fosa empezó a colmatarse con el inicio del golpe militar en julio del 36. Por fechas y por los resultados obtenidos hasta ahora, la lógica indica que Blas Infante está entre los más de 4.500 fusilados que, entre 1936 y 1958, fueron enterrados en el cementerio de Sevilla sin lápida o identificación, según revelan los estudios en el Archivo Municipal.

    En la Fosa de Pico Reja, que junto a otra aledaña llamada Monumento, encierran la mayor cantidad de represaliados, se había ejecutado este mes de julio un 18% del proceso de exhumación, localizando ya a 950 personas.

    Sputnik ha contactado con uno de los descendientes directos de Blas Infante, su nieto Estanislao Naranjo Infante, se confiesa "esperanzado", aunque prefiere optar por la paciencia para contar con el rigor científico a la hora de identificar y triangular los restos de su abuelo. Hasta julio, 270 personas se habían hecho las pruebas de ADN en la Oficina de la Memoria Histórica de Sevilla, Estanislao, es una de ellas y espera "evidencias científicas para encontrar a su abuelo. Mi tía Luisa murió con la pena de no poder enterrar a su padre. Le haremos un entierro como corresponde, honorífico".

    Estanislao Naranjo Infante en un acto en el cementerio de Sevilla
    © Sputnik / Gonzalo Wancha
    Estanislao Naranjo Infante en un acto en el cementerio de Sevilla

    No obstante, Estanislao rechaza cualquier tipo de tratamiento especial para su abuelo, por encima de otras personas represaliadas: "Él simplemente fue un represaliado más, entiendo la notoriedad que implica que sea considerado el padre de la patria andaluza, pero no comparto esa especialidad diferenciadora".

    Localización en el mapa de España de los restos de personas desaparecidas violentamente durante la Guerra civil o la represión política posterior
    Localización en el mapa de España de los restos de personas desaparecidas violentamente durante la Guerra civil o la represión política posterior

    Andalucía, foco del horror

    La presencia de Blas Infante en estas fosas ofrece un nombre propio que aún hoy mantiene su eco. Pero hay miles de víctimas sin identificar. La represión del triángulo que conforma la serranía de Cádiz, la campiña de Sevilla y Huelva fue una de las más importantes de la Historia. Los trabajos del cementerio de Sevilla han constatado ya la presencia de represaliados en fechas posteriores a 1940.

    "En la cartografía estatal del horror, que lleva años sin actualizarse, hay más de 2.500 fosas, pero la realidad es que hay cientos más, por ejemplo, solo en Andalucía había 614 fosas en esa cartografía estatal, pero en la actualidad hay 708 fosas comunes según los datos autonómicos con 45.576 víctimas comprobadas, aunque no dudo que hay muchas más", nos cuenta Juan Miguel Baquero, investigador especializado en memoria histórica y derechos humanos.
    El mapa de fosas en Andalucia
    El mapa de fosas en Andalucia

    Baquero afirma que en España "la matanza fundacional del franquismo tuvo mayor peso" y para calibrar el volumen de la represión franquista en esta región, recuerda que Andalucía cuenta con más víctimas y represaliados por el horror que las cifras oficiales de los que causaron las represiones de las dictaduras militares de Argentina y Chile conjuntamente.

    En esta región, no hubo Guerra Civil como tal. El golpe de los militares derrocó de inmediato a la administración local de Sevilla, de hecho, el Alcalde de la ciudad en 1936, Horacio Hermoso, también se cuenta entre los fusilados que deben aparecer en la fosa de Pico Reja. Liderada por el General Queipo de Llanos, quien está enterrado actualmente en la popular basílica de La Macarena, el golpe militar descabezó en cuestión de días a toda la administración republicana.

    "Para evitar cualquier rebrote contra el franquismo se instauró la pedagogía del terror, por eso las fosas comunes, recordemos, no hablamos de víctimas de un enfrentamiento bélico, sino de pura represión", señala Baquero, cuya obra más recientemente está siendo un inesperado éxito de ventas. La demanda de literatura específica, basada en investigaciones y no en los relatos de uno u otro bando, implica para el autor que la sociedad española exige saber y conocer, "no por revancha histórica, sino por mera salud democrática".

    A pesar del consenso generalizado de que la mejor herramienta para no repetir un error histórico es conocerlo y estudiarlo, la Ley 52/2007 para la Memoria Histórica aprobada en el Congreso es un clásico de los deberes a hacer por gobiernos nacionales y autonómicos. A juicio del escritor, que el desarrollo memorialista siga, 85 años después del conflicto, teniendo tantos escollos y resistencias es debido "al propio relato que construyó el franquismo que fundacionalmente ocultaba todas las violaciones de derechos humanos cometidas sistemáticamente, sobre todo en los años 40", algo que a lo largo de décadas se ha ido extendiendo sistemáticamente.

    "De hecho, hoy sigue sin contarse nuestra historia real en escuelas o universidades, nuestros hijos no ven una imagen de las fosas comunes de Andalucía, sí vemos las de los nazis, pero no las nuestras".

    Lo cierto es que, por ejemplo, en una ciudad como Sevilla, pocos vecinos son conscientes de que la ciudad alberga una de las fosas comunes en suelo urbano más grande del mundo, sino la más.

    La minoría que sí quiere remover las heridas

    Las reclamaciones memorialistas para la apertura de las fosas comunes suelen tener poco eco mediático y social. Más allá de las asociaciones memorialistas, las exigencias de familiares y las adhesiones de partidos políticos de izquierda o extrema izquierda, las demandas suelen acallarse con frases como "es mejor no remover los muertos del pasado" o "no conviene reabrir heridas". Para Baquero, el hecho más evidente de que las heridas de la represión nunca se han cerrado es esa propia resistencia, "es evidente que las heridas siguen abiertas, porque el franquismo social parte de un genocidio que no quieren admitir", pero los muertos, siguen esperando en masa bajo nuestros pies.

    Otro de los problemas es que la cuestión memorialista se ha politizado, polarizando en un enfrentamiento entre izquierda y derecha, más que como una exigencia de derechos humanos y reparación de dignidad, como se espera en un país miembro de la Convención Internacional para la protección las personas contra las desapariciones forzadas.

    "La memoria histórica no debería ser una cuestión política que frena la derecha y que la izquierda promueve. Es más, no olvidemos que hemos tenido los gobiernos de Felipe González y décadas de socialismo en Andalucía en los que apenas se ha hecho nada", señala Estanislao, que reclama una visión humanitaria y no partidista partiendo de su propia experiencia vital:

    "Todo el mundo conoce a mi abuelo materno, Blas Infante, pero por supuesto, también tengo un abuelo paterno que estuvo a punto de ser fusilado por las fuerzas republicanas por ser falangista. Si lo hubieran matado, tendría un abuelo muerto en cada bando, ¿por qué tendría que escoger a quien honrar?", reflexiona Estanislao.

    Enfangada entre los restos de los más de mil represaliados que hay solo en la Fosa de Pico Reja de Sevilla, la coordinadora de la excavación, Elena Vera, comparte con Sputnik el mismo punto de vista: "La memoria avanza en este país como el río Guadiana, aparece y desaparece de la agenda continuamente", solo algunas iniciativas privadas como la del sindicato CGT han conseguido reunir a toda la comunidad memorialista de España.

    Elena Vera está en contacto continuamente con los familiares a los que informa de la evaluación de los trabajos, "el gobierno no puede ir a remolque de las exigencia de memoria de la sociedad, los propios gobiernos de derecha serían los más beneficiados en fomentar la apertura de fosas y expedientes, son crímenes de hace décadas que no deberían estar amparados por nadie en un sistema democrático", pero lo cierto, es que la agenda memorialista está en la arenga, con VOX proponiendo por ejemplo en Andalucía leyes alternativas, convirtiendo aún hoy, la reparación histórica en una oportunidad política.

    Etiquetas:
    franquismo, fosa común, fosas comunes, desaparecidos, guerra civil, España
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