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    Un jeque de Emiratos Árabes Unidos tantea la posibilidad de combinar la fe católica y la musulmana en el centro español después de que Turquía haya oficiado una "resurrección del Islam" en uno de los emblemas del patrimonio religioso.

    El transcurrir del tiempo y la sucesión de civilizaciones obran el milagro: nuestro acervo cultural y religioso se va convirtiendo poco a poco en una amalgama de creencias. Aquellos inmuebles que visitamos como pinacotecas han sido testigos de varios cambios de titularidad, muchas veces de forma violenta. Un ejemplo paradigmático es el de Santa Sofía, en Estambul. Pasó de espacio de culto musulmán a ser la sede de la Iglesia Ortodoxa y ser recuperado como mezquita. En 1934 se erigió en museo, en 1985 se declaró Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y el 26 de julio de este año acogió una oración de lo que algunos llamaron "resurrección del Islam" envuelta de polémica.

    Han pasado 86 primaveras para que 350.000 personas, según contabilizó el gobierno, lo abarrotaran con sus plegarias. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, firmó su reconversión y la Unesco instó al diálogo "antes de tomar toda decisión que pueda atentar contra el valor universal del lugar". Justo después de este acto histórico, el 27 de julio, la Ministra de Asuntos Exteriores española, Arancha González Laya, se reunió en Ankara con su homólogo turco, Mevlut Cavusoglu. Durante la rueda de prensa conjunta alegó que "para España es importante que se mantenga el espíritu" de Santa Sofía, "una casa común para cristianos ortodoxos, católicos y musulmanes, y representa la herencia de la humanidad".

    "Si no le he entendido mal, ha dicho que preferimos mantenerla como una casa común. Si ella se refiere a una casa común para preservar a Santa Sofía como un lugar que es patrimonio cultural de la humanidad con todas sus características y que está abierto a todos, esto está bien. Pero si se refiere a que permanecerá como un lugar donde otras creencias también puedan rezar, no estamos de acuerdo con eso", respondió Cavusoglu. Una medida que Tugba Tanyeri, académica de la Universidad de Pittsburgh y especialista en conservación del legado religioso, estima como peligrosa. "Esta retórica crea un momento complicado, en el que puede ser difícil controlar a las masas dentro del monumento. Así que me preocupa que pueda haber actos de vandalismo", declaraba a Radio Francia Internacional.

    ​Algo que, si se planteara en España, tendría una clara candidata: la Mezquita-Catedral de Córdoba. Modelo de la complejidad identitaria de los lugares ceremoniosos, su viraje por diferentes credos desde el siglo VI la ha puesto en el foco. El 16 de julio, el sultán Muhammad al-Qasimi se mostró partidario de recuperar la Mezquita-Catedral de Córdoba como espacio de oración compartida. Aunque el Obispado de la ciudad andaluza lo mantiene como templo catedralicio.

    De hecho, esta designación ha sido fuente de polémica: desde hace seis años, la Iglesia Católica modificó la nomenclatura y ofrece en sus explicaciones un alegato a favor de su propiedad. En 2018, esta inmatriculación tomó de nuevo relieve y propició un informe en donde tres expertos concluían que "la iglesia católica no es propietaria, ni tiene título válido de propiedad, por lo que la inmatriculación a su nombre no debió producirse y no tiene validez jurídica". El Cabildo de la catedral de Córdoba esgrimió que "numerosas instancias judiciales y de la Administración han reconocido que el Conjunto Monumental Mezquita-Catedral es propiedad de la Iglesia desde 1236" y ahora anotan una frase del historiador Gabriel Ruiz Cabrero: "La Catedral ha sido el mejor paraguas arqueológico que la Mezquita ha podido tener para su conservación hasta nuestros días".

    Pero Bin Muhammad al-Qasimi, sultán de Sharjah, el tercer estado más grande de Emiratos Árabes Unidos (con 800.000 habitantes), busca la concordia. Nacido en 1939 y apasionado de la historia, es uno de los mecenas de referencia para la arqueología española: hasta el Golfo Pérsico han ido investigadores para ejercer con unas facilidades poco comunes. Incluso la Universidad Autónoma de Madrid le nombró Doctor Honoris Causa en octubre de 2019. Desde uno de sus despachos, Carmen del Cerro explicaba a El Confidencial que el emir "ha levantado a todo un país. Lo ha culturizado de arriba a abajo, a hombres y a mujeres. Es el emirato del mundo árabe con mayor número de museos por metro cuadrado. Abrió salas de grabados y colecciones de pintura. Y siempre le dio mucha importancia a la arqueología".

    ​Profesora del Departamento de Historia Antigua, Medieval y Paleografía y Diplomática, Del Cerro capitanea un equipo en el emirato que ha recuperado piezas de la Edad de Hierro. "Desde que llegó al cargo tuvo muy claro que la cultura era prioritaria", exponía Del Cerro sobre al-Qasimi, que ha conseguido erigirse como una referencia por enaletecer los centros de arte. Además, en 2016 financió una exposición en el Museo Arqueológico Nacional sobre la arqueología en el Sharjah. "El Ministerio de Asuntos Exteriores dejó de sufragar nuestros proyectos hace cinco años, al igual que las fundaciones privadas y solo el doctor Qasimi continuó apoyándonos", comentaba la profesora.

    Unas alabanzas que aún sostiene la titular universitaria en correo electrónico a Sputnik. Justifica en su mensaje que apoya "la formación específica del doctor al-Qasimi en Historia y su apoyo constante a nuestra misión desde hace más de 25 años", pero discute la opción de utilizar religiosamente la Catedral-Mezquita de Córdoba: "Es una información que se contradice. No se aspira a una recuperación, sino a compartir el culto, nada terrible si tenemos en cuenta que en el emirato de Sharjah hay completa libertad de culto y en él se alzan iglesias, sinagogas o templos budistas".

    No es la primera vez que se reclama permitir el rezo musulmán en la Mezquita-Catedral de Córdoba. A finales de 2006, la Junta Islámica de España escribió al Papa de entonces, Benedicto XVI, para que el culto fuera compartido entre ambas creencias. Argumentaron que permitirlo supondría "la creación de un espacio ecuménico único". El presidente de la Junta Islámica de España, Mansur Escudero, fue uno de los mayores defensores del uso compartido de la Mezquita hasta su muerte en octubre de 2010. El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, siempre se ha opuesto, diciendo que ofrecer el monumento sería "un eufesmismo" con el significado de "católicos, váyanse de aquí".

    "La respuesta a la pregunta sobre el uso compartido de la Catedral es que no, que no nos vamos, porque en este lugar la Iglesia Católica lleva 16 siglos, mientras que los musulmanes han estado cuatro siglos y medio", apuntó.

    La polémica no va más allá. En España, donde cada vez menos gente profesa una religión, parece prioritario el turismo u otros sectores. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un 19,5% de la población se declaraba "católico practicante" y un 2,6% de otra creencia. La sentencia a todas estas conjeturas se puede resumir en lo que dijo Allal Ahmed Bachar, imán de la mezquita más antigua de España (abierta en Marbella, una localidad de Málaga) en una entrevista con El Confidencial: "Mis abuelos más antiguos eran imanes en la Córdoba de los Omeya. En la mezquita de Córdoba cabemos todos. Lo único importante es que las dos religiones nos entendamos porque nos une un único Dios. Hace unos meses me reuní con el papa Francisco en Roma y hablamos de estos temas. Hay un solo Dios para la humanidad. Nos une el amor que le profesamos. El Papa me dio la razón. ¿Mezquita o catedral? Qué importa el nombre".

    Etiquetas:
    UNESCO, España, Córdoba, Santa Sofía, Iglesia católica, Iglesia, musulmanes, catedral, mezquita
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