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    Sputnik conversa con Jordi Díaz, uno de los sismólogos españoles que participó en el estudio internacional sobre cómo el parón de las actividades logró reducir un 50% el ruido sísmico antropogénico mundial.

    Los datos son el resultado de una investigación conjunta que hicieron 76 expertos de 66 instituciones de 27 países del mundo, un trabajo coordinado por el investigador Thomas Lecoq del Observatorio Real de Bélgica y que se publica en la revista Science.

    Por parte de España participaron expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre ellos, Jordi Díaz, sismólogo e investigador del CSIC en el Instituto de Geociencias Barcelona.

    "Desde el principio del confinamiento todos nos dimos cuenta bastante rápido que esta medida tenía efecto en los datos sísmicos y en seguida se propuso la idea de trabajar en conjunto sismólogos de todas partes del mundo, desde China, Europa, América, Australia. Lo que hacemos es medir cómo vibra el suelo. El suelo puede vibrar porque haya un terremoto, porque pase un camión o porque haya un tren que circule al lado. El origen de las vibraciones es, sobre todo, por la actividad humana: por el tránsito, los medios de transporte, por todas esas cosas", indica el investigador Jordi Díaz.

    De acuerdo con este estudio, los primeros meses de 2020 han sido los más silenciosos desde que se tienen registros. Durante todo el confinamiento, los investigadores recopilaron datos sísmicos de más de 300 estaciones de distintas partes del mundo.

    "Desde un punto de vista puramente geológico y sismológico, lo que nos ha permitido es ser capaces de detectar pequeños terremotos que antes quedarían enmascarados. Los terremotos grandes los registramos bien, los medianos también, pero cuando hay terremotos pequeños, estoy hablando de cosas no sentidas por la población, sismos pequeños que antes podían quedar enmascarados por las vibraciones genéricas, durante los meses de confinamiento hemos tenido una ventana para poder detectar estos pequeños terremotos, que claro, en un momento determinado pueden servir para entender mejor el funcionamiento de alguna falla", explica Díaz.

    Y aunque para la población el confinamiento fue una de las etapas más difíciles de asumir, para el planeta significó, al menos, un respiro.

    "Que estemos tres meses parados o no para el planeta es bastante indiferente. Lo que sí es cierto es que a nivel de contaminación bajó mucho, bajó el nivel de polución, permitió el movimiento de animales, pero son acciones que durarán tres o seis meses y ya, que se revierten al acabar el confinamiento, con lo cual, a escala planetaria no creo que signifique mucho si no hay un cambio de costumbre, de modos de usos a largo plazo", sostiene Díaz.

    Y mientras algunas partes del mundo se adaptan a la nueva normalidad, las vibraciones del suelo vuelven a incrementarse, aunque, "aún no ha llegado a los valores que teníamos antes".

    "No, no es malo, es lo normal, no hay ningún problema. No habrá más o menos terremotos por haber hecho confinamiento, el único matiz es que como estos meses ha hecho menos ruido hemos sido capaces de detectar cositas más pequeñas que antes hubieran pasado desapercibidas", explica Díaz.
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