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    Un molinillo de viento inmóvil. Unas macetas llenas de hojas caducas y un toldo golpeado por la lluvia. ¿Qué les habrá pasado a sus dueños que tienen tan descuidado su balcón? Un vecino narra a Sputnik la trágica historia a la vez que remueve conciencias con el recuerdo de las cicatrices que ha dejado abiertas la pandemia.

    El 7 de junio un usuario de Twitter llamado José Antonio Bautista publicaba una imagen acompañada del siguiente texto: "Hace nada ese balcón era un vergel. Ahora está así de triste porque la pareja que le daba vida murió por covid. Los balcones muertos son cicatrices visibles de la pandemia. Recuerdo de tantas personas queridas que se fueron. A veces cuesta creerlo".

    ​La trágica fotografía alentó miles de respuestas de condolencias y melancolía. "Yo pasaba debajo de ese balcón todos los días para ir al gimnasio. No he podido evitar derramar una lagrimilla", dijo otro usuario.

    Bautista invitó a su casa el viernes 5 a su vecina Petra, de 90 años, a tomar café. En una distendida conversación, fue Petra quién le contó que los vecinos del balcón seco habían muerto por coronavirus. "En ese momento me impactó pero no le dí más vueltas", confiesa a Sputnik el autor del tuit. "Al día siguiente me fui al campo, desconecté un poco. Hacía tiempo que no dejaba de trabajar así sin parar y cuando volví el domingo a casa, con la cabeza más despejada, me asomé al balcón y lo asimilé. Ahí es cuando fui consciente de la situación".

    "Decidí hacerlo público en Twitter porque en ese momento me di cuenta de lo grave que ha sido esto y de lo fácil que es olvidarse de lo que ha pasado", explica a este medio el autor de la publicación.
    José Antonio Bautista junto a Petra, la vecina que le contó lo sucedido
    © Foto : Cortesía de: José Antonio Bautista
    José Antonio Bautista junto a Petra, la vecina que le contó lo sucedido

    Cuando José Antonio escuchó las confesiones de su vecina, rápidamente se acordó de aquel día que llegó hasta su portal un dispositivo sanitario con profesionales vestidos con EPIs (Equipo de Protección Individual). Hasta entonces no había conectado ambos acontecimientos. Los inquilinos de ese hogar era una pareja de ancianos que acostumbraba a tener "lleno de vida" su balcón en pleno barrio de Embajadores en Madrid, uno de los más concurridos de la capital. "Yo llevo viendo ese balcón con las macetas varias semanas, pero no había caído en que sus dueños podían haber fallecido", argumenta. 

    Como Bautista, ningún vecino se percató de que los inquilinos de esa casa podían haber fallecido: "El que vive en el cuarto, que es el que da justo en frente del balcón, tampoco lo sabía. Creo que casi todos los vecinos vimos las macetas secas y nos imaginamos que se habían ido con los hijos o a otra casa por un tiempo, pero no habíamos pensado que podían haber muerto como después comprobamos".

    José Luis, como se llamaba el marido, falleció por coronavirus tres semanas después de notar los síntomas. Cuatro días más tarde, su mujer Pilar, también empezó a presentar síntomas y falleció el 1 de abril en el hospital, tal y como relata al diario Verne uno de los hijos del matrimonio fallecido, Guillermo Fouce. Comenta que como presidente de Psicólogos Sin Fronteras se ha dedicado durante esta crisis sanitaria a ayudar con el duelo a las personas que han perdido a sus seres queridos. "Todos los consejos que les doy a mis pacientes ahora me ha tocado aplicarlos a mi vida ahora que he perdido a mis dos padres al mismo tiempo", explica el hijo del matrimonio fallecido.

    En Madrid, durante el confinamiento, han sido muchos los ancianos que han sufrido de manera silenciosa la soledad y finalmente han muerto en sus hogares. Concretamente, desde el 11 de marzo al 11 de mayo, las muertes aumentaron un 163% respecto al año anterior, aunque el Ayuntamiento de la capital ha señalado que no implica que todos ellos muriesen en soledad.

    De momento, el barrio de Embajadores, sigue aplaudiendo a las ocho "muy concienciados" de las consecuencias de la pandemia y ese balcón les recuerda las cicatrices que han quedado abiertas y que tardarán tiempo en sanarse. Los vecinos de este barrio "tienen mucha más conciencia de la gravedad de lo que está pasando que muchos de nosotros", confiesa Bautista. Al final, ese balcón, se ha convertido en un símbolo de las pérdidas que ha dejado la pandemia, del sufrimiento de los más allegados y de la valentía que han demostrado durante más de dos meses los sanitarios. Un símbolo que no debemos olvidar.

    Etiquetas:
    soledad, muerte, ancianos, España, COVID-19, coronavirus
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