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    España activa el estado de alarma por el coronavirus (207)
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    Para los más pobres que viven al día, el confinamiento es una doble condena. En Sevilla las autoridades llegan a pedir el despliegue del Ejército para controlar a la población que podría descontrolar la pandemia, pero para muchos de ellos quedarse en casa no es una opción.

    Sevilla cuenta con seis de los 15 barrios más empobrecidos de España, según la renta media anual por habitante en los datos más recientes. Las desigualdades de los números son apabullantes. A la cabeza de los más pudientes, encontramos zonas como El Viso o Recoletos en Madrid, con rentas medias anuales por habitante superiores a los 40.000 euros. En el vagón de cola, la cifra es de 4.897 euros. 

    Un nombre sobresale en este ranking de la vergüenza: Polígono Sur y allí, como en otras zonas de Sevilla —Pajaritos o Torreblanca—, el COVID-19 está causando estragos. En cuanto no hay datos oficiales de víctimas, las consecuencias son referidas a los efectos del confinamiento. "Aquí hay mucha hambre y poca ayuda", lamenta Javier García Ríos, uno de los vecinos de las Tres Mil Viviendas, la zona más conocida y estigmatizada de Polígono Sur.

    "Yo soy chatarrero, pero vivo de lo que vaya saliendo y ahora no puedo hacer nada, tengo la nevera vacía, no tengo ni para pañales para mi hijo, muchas veces me desespero y pienso que sería mejor quitarse de en medio, ¡suicidarme!", dice.

    Otro testimonio es el del nigeriano Samuel, habitualmente aparca coches en un barrio próximo de clase media, ahora lleva más de una semana sin ingresos, "pudimos llenar la nevera antes de empezar el encierro, pero llevo días sin ganar dinero. Si no puedo salir a la calle, no sé que haré cuando se me acabe la comida".

    Polígono Sur está integrado fundamentalmente por población de etnia gitana, e inmigrantes, y cuenta con una enorme estructura administrativa de servicios sociales y solidarios para dar respuesta a sus necesidades. No obstante, hay claros síntomas de que no son suficientes, la visita al barrio del relator de la ONU Philip Alston, le permitió esbozar su retrato de las "dos Españas muy distintas" con una población abandonada "al borde de sus posibilidades tratando de sobrevivir".

    Con la crisis del coronavirus, la situación se agrava más. Algunos servicios sociales esenciales están ausentes. Los colegios por ejemplo, que atendían y alimentaban a 690 niños y jóvenes han cerrado, "¡mi hijo antes comía en el colegio, ahora lo tengo en casa y tengo la nevera vacía!", lamenta Javier.

    Juan Carlos León, de la Asociación Abrecaminos, conoce la realidad del barrio. Desde hace 12 años va puerta a puerta repartiendo un catering social, "la situación es límite, aquí la gente vive buscándose la vida, del chatarreo, algún que otro trapicheo incluso, pero en cualquier caso no es una economía regular, si no salen a la calle no tienen manera de ganar dinero", nos describe Juan Carlos mientras ultima los servicios para poder dar servicio de garantía alimentaria a cientos de niños.

    Hasta la llegada del COVID–19, cientos de familias subsistían con los cheques alimenticios, ahora, con los centros escolares cerrados y las familias recluidas, "hacer llegar los alimentos a los que más lo necesitan es nuestro principal reto, no podemos congregar a las personas, este barrio es único por extensión y por población", nos explica Jaime Bretón, Comisionado del Polígono Sur, máximo responsable de coordinar la gestión.

    Otro testimonio que alarma de la situación es el de Séfora Vargas, abogada que representa a muchos de los vecinos de etnia gitana de la barriada, "a situación es dramática, es que si no reaccionan rápido las autoridades, los niños no comen, se mueren de hambre".

    Y si esta crisis no fuera suficiente compleja, la polémica por los agravios comparativos y acusaciones de racismo enturbia la gestión y aumenta el distanciamiento del barrio con el resto de la sociedad.

    Un hombre con mascarilla
    © REUTERS / Stephanie McGehee
    Tras la aparición en redes de vídeos en los que fieles evangelistas se congregaban para cantar saltándose el confinamiento, el máximo responsable de la zona, Jaime Bretón, declaraba que era necesaria la intervención del Ejército a través de la UME (Unidad Militar de Emergencias en la barriada), para mantener el control. "Lo ideal sería que los militares de la UME estuvieran desplegados en los puntos más conflictivos, pero por lo pronto eso no sucederá ya que los coordinan desde Madrid. Tienen otros objetivos que por cierto podrían acometer otros actores, como fumigar las estaciones".

    Bretón es una figura excepcional que integra a las autoridades municipales, andaluzas y nacionales, sus declaraciones sobre la intervención del Ejército han tenido una enorme repercusión y le han valido graves acusaciones. En conversación con Sputnik, el comisionado aclara que "hay que tener en cuenta que estamos ante una cuestión de primera magnitud, hay que asegurar que todo el mundo se queda en sus casas y se toma esto en serio, pero nos topamos con una minoría —muy numerosa— alborotadora que no está acostumbrada al orden y a la convivencia". Su visión choca frontalmente con la de la abogada y activista Séfora Vargas, que en redes pedía la dimisión inmediata del comisionado. 

    ​"El Comisionado tiene una visión déspota. No hay peor virus que el racismo. Cuando hablan del barrio destroza su imagen por unas pocas personas, él habla de clanes gitanos, de droga, de evangelistas que actúan por su cuenta, pero no habla de las 60.000 personas que lo componen y son en su mayoría trabajadores que no tienen nada que llevarse a la boca". Séfora denuncia el racismo y los prejuicios que este tema ha despertado contra los pobres y la etnia gitana, que integran gran parte de la barriada. Como activista, abogada y gitana, defiende los intereses de los vendedores ambulantes desde hace años, "es fácil tomar medidas contra los más débiles, con el coronavirus lo vemos, se cerraron antes los mercados ambulantes que son al aire libre que los grandes centros comerciales".

    Por lo pronto, para las miles de personas que viven en el sur de España de la venta ambulante, no hay muchas más opciones que acogerse al plan de cese de actividad por causa mayor contemplado en el Real Decreto, en ese caso, las ayudas aún tardarán semanas en llegar. Ellos, son el caso menos dramático, otros hogares como los de Javier el chatarrero, están obligados por ahora a escoger entre confinamiento o hambre.

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    pobreza, COVID-19, pandemia de coronavirus, coronavirus en España, coronavirus, Sevilla, España
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