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    Avances en la investigación del caso Ayotzinapa (20)
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    Luego de que la Fiscalía General de la República (FGR) anunciara que se ha logrado identificar la identidad de Christian Rodríguez Telumbre, uno de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, en Sputnik recuperamos su historia.

    La palabra 'desaparecido' es una sola, pero

    encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas

     y ciudadanos inermes,

    su tortura, su asesinato y la desaparición de

    sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto.

    Juan Gelman

    En Tixtla, en el estado de Guerrero, se vive en silencio. "Shhh", se dicen unos a otros con la mirada para no alborotar las fosas llenas de cuerpos. Ahí también se espera y se desespera. En ese lugar, la familia Rodríguez Telumbre, como tantas otras, aprendió a sobrellevar la ausencia.

    Christian Alfonso Rodríguez Telumbre es el hijo mayor de Clemente Rodríguez y Luz María Telumbre. Él tiene los ojos negros como la tierra que tanto le gusta. Es alto y moreno. Sueña con estudiar para tener un buen trabajo y poder ayudar a su familia, pero lo que más le gusta son los animales y la danza folclórica. El 26 de septiembre de 2014, cuando desapareció, tenía 19 años.

    En 2017, don Clemente aún no sabía que su hijo aparecería, que sus restos serían identificados en la Universidad de Innsbruck, en Australia. En ese momento, acostumbraba a quedarse en silencio, a mirar la ausencia y a habitar el pasado. Seis años después, la historia no debe haber cambiado del todo.

    Los recuerdos de don Clemente en primera persona

    "En 2013 cuando estaba mi hijo conmigo, yo siempre le decía que se enfocara más en sus estudios, pues la única herencia que podía darle a él y a mis hijas. Entonces llega la situación donde ya no alcanza el dinero para mandarlo a otra cosa. Y pues la única opción fue la normal [la escuela rural Raúl Isidro Burgos]. Él quería estudiar agronomía y ahí en Chilpancingo cuando lo mandaron a llamar de que había quedado, pues a lo mejor es mi culpa de que mi hijo no lo tenga en casa porque yo le dije que aguantara tantito; incluso, fue mero el 23 de septiembre cuando él me dijo: 'Pasé el examen ahí en Chilpancingo, en la Centenaria'. Y yo le digo a mi esposa: ¿Cómo ves, lo sacamos? Y me dijo: 'No, que aguante tantito, pues ya pasó el examen'.

    Entonces cuando nosotros platicábamos con él, siempre le decíamos: 'Pues échale ganas, nomás este año estate en la normal y ya el otro año te sacamos y te vas a Chilpancingo para que entres a la escuela que tú quieras. Hoy en día, pues que no lo tenemos, pero siempre le decíamos… Sabes qué, mira ven, aguanta tantito, pues ya pasaste el examen'. Pero cuando estábamos en la normal y él estaba con nosotros, siempre era una persona alegre, era bien amistoso con toda la gente, pues no le hacía ningún mal a nadie. Incluso, siempre me apoyaba… Yo no lo metí al trabajo. Pero él tenía sus animalitos, teníamos un terreno. Y tenía un hámster, gallinas, marranos. Él en las tardes, cuando no tenía tarea, iba a cuidar la tierra.

    Siempre lo encontraba allá y hoy en día que no está conmigo, que no lo puedo encontrar. Cuando voy al terreno, veo que me hace falta, veo las plantas que ya están marchitas, les falta agua, les falta atención. Me pongo triste y todo eso se lo cuento a mi esposa. Tengo unas canciones de la normal, de Lucio Cabañas; pero cuando las pongo, mi esposa se pone triste, me dice: '¡Quítame esa canción!'… Pero yo las pongo porque me hacen sentir bien, pues lo recuerdo y debo seguir adelante hasta encontrarlo, pues ya son más de dos años que no sabemos de él ni de sus compañeros".

    La vida de Christian en Ayotzinapa

    La normal rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, tiene un sinfín de historias, las cuales están tejidas por un solo hilo: resistencia y represión. Por sus aulas pasaron dos personajes emblemáticos de la guerrilla mexicana, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. De ahí que desde hace tiempo se haya convertido en un punto de tensión, de incertidumbre.

    La pancarata con el retrato de Christian Rodríguez Telumbre, uno de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa
    © REUTERS / Henry Romero
    La pancarata con el retrato de Christian Rodríguez Telumbre, uno de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa

    Don Clemente, por ejemplo, relata que él tomaba precauciones con Christian y cada vez que salía a actividades, le daba dinero y le decía: "Cuando haya alguna agresión, donde quiera que estés, agarra un taxi y ve para la casa. Allá le pagamos". No sucedió eso y aún lo esperan en la casa.

    En la normal, Christian practicaba danza folclórica y desde que desapareció sus compañeros lo esperan para bailar. Su maestro aún conserva 200 pesos (9 dólares) que le dejó para un sombrero de tres piezas. Dice que cuando regrese, se los dará.

    En una ocasión, le enseñaron el billete a don Clemente y le dijeron: "Mira… pero no se lo voy a entregar, él los tiene que venir a traer". Cuando tocó el billete, se le destrozó el corazón porque sabía que su hijo había tocado el mismo billete días antes desaparecer.

    "Yo le dije que ahí se queden sus botines [de baile], incluso un 26 de septiembre compré mi ropa, unos botines y un sombrero. Sus compañeros me criticaban porque iba de blanco, pero es que no saben lo que yo siento", relata el papá de uno de los 43 normalistas desaparecidos.

    Sin embargo, lo que don Clemente buscaba era representar el gusto de su hijo por la danza folclórica. Con esa mirada que da al pasado una y otra vez, recuerda que hay un vídeo en el que sale Christian en uno de los eventos de Domingo fandanguero —una convivencia que se realiza en Tixtla cada domingo—.

    A Christian no le daba pena, cuando salía en las danzas regionales siempre participaba. Era muy alegre, además no tomaba ni fumaba. Cuando festejaban a alguna virgen o santo, en alguno de los barrios de Guerrero, él siempre iba. Se llevaba sus botines y su bolsa, quedaba con sus compañeros.

    "Nunca lo vi bailar, no porque no quisiera sino porque mi trabajo no me lo permitía. Siempre andaba en chinga trabajando. Mi trabajo era vender agua de garrafón en las calles. Empezaba desde temprano hasta las seis o siete de la noche. Nunca le paraba para llevar un sustento a la casa, para que a mis hijos no les faltara nada", dice Clemente semblante caído.

    A lo largo de estos años, don Clemente cambió los garrafones por las marchas. A pesar de que algunos critican a los padres por haber abandonado sus labores, ellos solo tienen un objetivo: encontrar a sus hijos. Todavía tienen esperanza. "Mientras no me comprueben, voy a seguir adelante, lo seguiré buscando. No sé cuánto tiempo pase, así pasen más años, yo voy a seguir luchando", decía antes de que le llegara la noticia sobre el hallazgo de los restos de su hijo.

    A Christian le gustaba la danza. Le gustaba caminar, ir al campo. Pero para la comida era especial, pues no le gustaban las comidas grasosas. Todo lo que él aprendía se lo enseñaba a sus hermanas: cuidar las plantas y hacer composta. "Nunca ponía peros porque él sabía que la comida no se desprecia", explica su papá.

    Christian y su familia

    Clemente dice que él no era muy afectuoso, incluso, recuerda una de las últimas ocasiones en las que le regañó a una de sus hijas. Pero Christian lo detuvo y le dijo que no le gritara. Fue entonces cuando Luz María —su esposa— le aconsejó que platicara con sus hijos para que no hubiera tantas peleas.

    "Fue en septiembre cuando me senté a hablar con él y le pedí perdón por gritarle. Nos abrazamos tan fuerte, pero no pensé que iba a ser el último día que nos veríamos. El 24 de septiembre lo fui a dejar a la normal, pero no me bajé. Ahora estoy bien arrepentido porque no me bajé", recuerda.

    A lo largo del tiempo, don Clemente ha tenido una serie de altibajos en su vida cotidiana e incluso en algún momento pensó en dejar todo en paz. No quería saber nada del mundo hasta que no volviera a saber de Christian, pero la compañía de la gente que se acercó a ofrecerles ayuda lo hizo continuar en la búsqueda de los normalistas desaparecidos.

    Desde que desapareció su hijo, cada 9 de agosto —la fecha de cumpleaños de Christian—, la familia Rodríguez Telumbre compra un pastel para reunirse espiritualmente con él. Lo recuerdan a través del tiempo.

    "Cada vez que se viene su cumpleaños, compramos un pastel y platicamos entre la familia. Siempre le decimos que donde quiera que esté, le enviamos un abrazo. Pero el festejo ya no es igual, pues la ausencia cambió el transcurso de la vida. A veces salgo a la calle y voy como ido. A veces me encuentro a las personas y es como si no los conociera. A veces uno va pensando, la mente se bloquea. No hay un día en que no vaya pensando cómo le voy a hacer para encontrarlo", decía don Clemente antes de saber que su hijo iba a aparecer.

    Altar que hizo la familia de Christian Rodríguez Telumbre, uno de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa
    © AFP 2020 / Hector Guerrero
    Altar que hizo la familia de Christian Rodríguez Telumbre, uno de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa

     

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