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    La iniciativa se enmarca dentro del plan de la empresa para llegar a 2050 con cero emisiones de CO2. Con un coste de 188 millones de euros, la planta entrará en funcionamiento en 2023 y producirá 250.000 toneladas al año de biocombustibles para aviones, camiones y automóviles. El proyecto implicará el empleo inicial de unos 1.000 profesionales.

    La energética española continúa su apuesta por el proceso de descarbonización a la par que promueve la potenciación del sector industrial. En un momento en que la pandemia está socavando la actividad económica en el país, el proyecto conllevará además una disminución de los vertidos de CO2 a la atmósfera de 900.000 toneladas anuales.

    La nueva instalación, con una inversión estimada de 188 millones de euros, se construirá en la refinería que Repsol posee en Cartagena. Incluirá también una planta de hidrógeno para alimentar al bloque de hidrotratamiento, que según la compañía contará con tecnología de vanguardia. De acuerdo con sus cálculos, la reducción de emisiones tóxicas a la atmósfera equivaldrá a la absorción de CO2 de un bosque de superficie equivalente a 180.000 campos de fútbol. La planta producirá hidrobiodiesel, biojet, bionafta y biopropano.

    "España debe basar su estrategia de descarbonización en sus capacidades industriales y tecnológicas porque esa será la forma de impulsar un tejido empresarial competitivo e innovador", ha declarado Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol y expresidente del Partido Nacionalista Vasco (PNV).

    Energía reciclada

    La esencia del proyecto es la reutilización de materias primas recicladas e incrementar su valor añadido mediante su conversión en biocombustibles, todo parte de la estrategia adoptada en 2019 en el marco de la concordancia con el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

    Repsol lleva produciendo este tipo de combustibles para vehículos desde hace más de 20 años. En 2020 su cuota alcanza el 8,5% de toda la energía que produce la compañía, mientras las directivas de la UE ya marcan de cara al año 2030 un mínimo de producción del 14% de energías renovables para el transporte. Por su parte, la normativa española plantea un índice el doble de grande: el 28%, según establece el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).

    Una vez puesta en marcha, la planta será operada por 45 empleados y reducirá en un 0,3% las emisiones totales de CO2 del país, que ascienden en la actualidad a 314 millones de toneladas.

    Recogiendo aceites culinarios

    Para producir combustible ecológico proveniente de grasas y aceites de cocina reciclados, primero hay que crear un sistema eficaz que acometa su recogida. En este sentido, Repsol ya está trabajando en la captación de socios.

    Se espera que el Gobierno de España impulse definitivamente el reciclado de estos aceites a través de los ayuntamientos. Imaz sostiene que la empresa ya tiene garantizado su suministro, aunque no desvela quién se encargará de hacer llegar la materia prima proveniente de los domicilios y establecimientos hosteleros de toda España. El aceite de cocina es un componente óptimo para la fabricación de biodiésel, por ejemplo. Y su reciclaje contribuye además a reducir el riesgo de contaminación de aguas y acuíferos.

    Etiquetas:
    Acuerdo de París, CO2, emisiones, Cartagena, Josu Jon Imaz, Repsol, biodiésel, biocombustible
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