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    Ocean Cleanup: cómo limpiar el océano de plástico de una vez por todas (fotos, vídeo)

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    El 8 de septiembre de 2018, un enorme tubo de 600 metros de longitud saldrá flotando del puerto de San Francisco, en California (EEUU), y se abrirá paso hacia el océano Pacífico recorriendo unos 2.000 kilómetros. Lo hará después de pasar por debajo del Golden Gate y tras años de desarrollo tecnológico. Su objetivo: limpiar el océano de basura.

    Llegará entonces hasta la conocida como gran mancha de basura del Pacífico; un enorme continente formado por deshechos de plástico —restos de bolsas, de botellas y de todo lo que se lanza al mar— situado entre Hawái y California. Se trata de deshechos marinos que ocupan una superficie de entre 700.000 y 15.000.000 de kilómetros cuadrados —según distintos criterios de medición— y que, en todo caso, son consecuencia de la irresponsable acción del hombre.

    Es un reto de dimensiones colosales. Literalmente. Porque es la primera vez que se pretende limpiar un área tan grande del océano utilizando la tecnología y el ingenio, convertida en un tubo y en una red que, gracias al poder de las olas y del viento, arrastrará los deshechos que encuentre a su paso para luego sacarlos del mar.

    El proyecto está en su fase experimental. Si bien la idea comenzó a cobrar forma en 2013, será en 2018 cuando se ponga a prueba, cuando se sepa si la idea de Boyan Slat, un adolescente holandés de 24 años, funciona de verdad. En 2013, Slat fundó The Ocean Cleanup Company, la empresa que está detrás del tubo de 600 metros, bautizado como System 001.

    Han sido cinco años de investigación y seis prototipos. La Ocean Cleanup Company ha tardado casi medio año en ensamblarlo en el puerto de Alameda, frente a San Francisco.

    El 8 de septiembre saldrá el System 001 de California, pero se espera que sea en 2020 cuando empiecen las labores de limpieza en una de las zonas más contaminadas del planeta. Durante 2019, los operarios concluirán el desarrollo del equipo. Lonneke Holierhoek, jefe de operaciones de la empresa, ha recordado a Fast Company que los plásticos que flotan por el océano son "un problema con una difícil solución" y que si no se toman cartas en el asunto, "el problema no hará más que empeorar".

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    Si bien el plástico está esparcido en todo el océano, las corrientes de agua 'atrapan' el plástico y lo concentran en un área en concreto. Los últimos estudios sobre el tema sugieren que hay 16 veces más plástico de lo que se pensaba en la zona entre Hawái y California. En algunas partes, el plástico se descompone y se convierte en micropartículas demasiado pequeñas para recogerlas con redes, de ahí que el proyecto de Slat sea una oportunidad para que eso cambie.

    La idea de este joven holandés de origen croata se presentó al público durante una charla TEDx. La expectación y las impresiones positivas posteriores a ella fueron muy buenas y Slat decidió dejar la universidad en 2013. Obtuvo 2,2 millones de dólares a raíz de una campaña de micromecenazgo y otros tantos millones más procedentes de inversores.

    Después de infinidad de cambios en el diseño, la última versión utiliza un tubo flotante gigante hecho de plástico PEAD (polietileno de alta densidad), el mismo tipo de tubo que se utiliza en la piscicultura en aguas abiertas y que no desprende toxinas. Las piezas están soldadas las unas con las otras. A lo largo del tubo que forman, Slat y su equipo han colocado una pantalla de nylon de tres metros de altura que permanecerá bajo el mar. Será esta red la que permitirá recoger el plástico. Es lo suficientemente profunda para conseguirlo y para que la vida marina pueda escalar de ella sin problemas.

    La prueba definitiva comenzará el 8 de septiembre y se alargará hasta 2020 y más allá. Es un desafío que pondrá a prueba la resistencia del tubo ante las brutales tormentas en mitad del océano. El equipo de ingenieros eligió un material que, en principio, será lo suficientemente duradero y flexible como para moverse con las olas y para sobrevivir a la fuerza del mar. Pero solo ahora que el sistema zarpa finalmente hacia su destino se confirmará —o no— que Boyan Slat tuvo una buena idea.

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    plástico, ecología, contaminación, océano Pacífico