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    Joaquín Carmona, con miles de seguidores y preboste del atletismo en Twitter, lleva doce años durmiendo en la calle. Su historia no es nueva, pero ha saltado con toda su crudeza en las postrimerías del estado de alarma, el motivo de que cesara su actividad tuitera en los últimos tres meses. Su silencio virtual muchos lo ligaban a la COVID-19.

    Sorpresa mayúscula en el mundillo del atletismo en España. Joaquín Carmona Jokin, una referencia informativa absoluta sobre este deporte, con casi 26.000 seguidores en la red social Twitter (entre los que se encuentra el mismísimo Eliud Kipchoge, plusmarquista mundial de maratón) y una actividad constante cuya característica podría catalogarse de divulgativa y enciclopédica, ha resultado ser un hombre sin recursos económicos que duerme al raso en las calles de Madrid desde hace años.

    La noticia, avanzada el 15 de junio por La bolsa del corredor, blog especializado del diario deportivo barcelonés Sport, daba cuenta del paradero de un hombre nacido hace 46 años y del que muchos pensaban que había fallecido infectado de COVID-19, habida cuenta del parón en seco de su actividad tuitera al día siguiente de instaurarse en España el estado de alarma con motivo de la pandemia. Durante estos tres meses, muchos de sus seguidores, también entre los puestos de dirigencia de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA) dieron por válida tal conjetura. No cabía otra explicación.

    Y no cabía otra explicación porque hasta ese momento Joaquín Carmona era una gran fuente de datos e información vinculada a todo tipo de eventos y pruebas del deporte rey, que siempre ofrecía de manera contrastada, a la par que amena. Vídeos, clasificaciones, horarios, valoraciones, comentarios… El usuario @Jokin4318 era una institución. No dejaba nada al azar, como ese 4318, seguramente en alusión al mágico tiempo de 43:18 segundos, el récord del mundo que consiguió en Sevilla el estadounidense Michael Johnson en los 400 metros lisos durante la disputa del Mundial de 1999 y que estuvo vigente hasta 2016. No en vano, una de las dos fotos que figura en el perfil de su cuenta, corresponde al sudafricano Wayde van Niekerk, en el momento de batir el récord de Johnson en los JJOO de Río de Janeiro en 2016. Todo pintaba a que Jokin era un ciudadano normal con la vida resuelta y que ocupaba su tiempo libre en su afición favorita.

    El impacto de una noticia que ya se conocía

    Pero la historia de este amante ilustrado del atletismo es otra y es durísima. El gran público se ha llevado una sorpresa, pero parte del mundillo (algunos aficionados al atletismo, algún atleta, algunos periodistas) la conocía perfectamente: Carmona vivía en la calle desde hace muchos años y mantenía su actividad divulgativa valiéndose de las bibliotecas municipales de Madrid, el lugar donde podía conectarse a una señal de WiFi gratuita.

    Proveniente de una familia desestructurada, Joaquín Carmona, natural de un pueblo cercano a Bilbao, se mudó a Madrid a los 19 años, donde desarrolló varios trabajos como cartero comercial antes de gestionar su propio negocio: un puesto de helados en la madrileña calle de Orense. Pero a raíz del cierre del puesto, al parecer por orden municipal, su vida enfiló la cuesta abajo. Era 2008, inicio de la debacle económica en el país, y Jokin devino en lo que suele denominarse un sin techo. Pero Carmona no es una persona sin hogar al uso; su apariencia dista mucho de la de un vagabundo desarraigado, y goza de buena salud.

    Un caso peculiar

    Jokin afirma no haber practicado nunca la mendicidad. Su aspecto es bueno. Permanentemente aseado (se ducha en una casa de baños colindante al parque donde pernocta), su estado físico es a primera vista óptimo, con unas musculadas piernas acorde con los protagonistas de su pasión deportiva. Su labor es valorada incluso por los estadísticos de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA).

    Sus mensajes certeros, su gusto por diseccionar y analizar datos, eran producto de su labor de documentación durante las mañanas en una biblioteca municipal con su viejo ordenador portátil, su pertenencia más preciada junto con algo de ropa. Al llegar la noche y cuando la instalación ya había cerrado sus puertas, es cuando tuiteaba el producto de sus indagaciones. "Sentado en el suelo junto a la biblioteca, para pillar la señal de WiFi", ha declarado a la emisora COPE, confesando que lo que le llenaba de gozo era comprobar que la gente le leía, "las reacciones". Jokin ha rehusado hacer más declaraciones a los medios. 

    El aspecto polémico

    Jokin quedó prendado del atletismo en 1983, tras la victoria de la impresionante checoslovaca Jarmila Kratochvílová en los 800 metros de los Mundiales de Helsinki. Se apuntó al club de atletismo de su pueblo, pero era la única persona de su grupo de edad. Quería saltar, correr con vallas, pero se vio corriendo pruebas de larga distancia con mayores a los que no podía seguir el ritmo. Un ritmo que acabó imprimiendo él en Twitter.

    Muchos se preguntan cómo es posible que una persona con una dedicación tan encomiable y unos conocimientos de atletismo tan vastos pueda estar tantos años en semejante situación. La historia ha llegado hasta el diario francés L'Equipe, la referencia mundial de la prensa deportiva. En Madrid, no es poca la gente que se ha interesado por el caso de Jokin. Unos han querido ayudarle materialmente, otros incluso han contacto con él para ofrecerle trabajo relacionado con el mundo del atletismo.

    Pero antes, en los últimos años, varios periodistas de publicaciones mensuales deportivas especializadas, al tanto de su situación, quisieron entrevistarle. Pero él se negó. Surge la pregunta de por qué su caso ha cuajado ahora, pues, en principio, alguno de sus miles de seguidores en Twitter podría haber atendido una hipotética petición de ayuda si Jokin la hubiera cursado, cosa que nunca se produjo. De ahí cabe inferir que su caso es complejo y que toda ayuda debe entrañar un trabajo psicológico adecuado. "Es algo que no cuadra en toda esta historia, que no se haya dirigido antes a nadie para solicitar trabajo dados sus conocimientos, y tampoco para pedir ayuda", comenta a Sputnik una fuente conocedora del caso, que no daba crédito a las condiciones en que subsiste Carmona, "rodeado de cartones y de gente que alucinas, mendigos de verdad", tras visitar el parque donde pasa las noches.

    La controversia sobre las donaciones

    Hay hasta cuatro campañas de recogida de fondos en Internet para ayudar a Joaquín Carmona. Pero sorprende el hecho de que no estén unificadas en una sola. Una de ellas, la última en abrirse, es una iniciativa del blog La bolsa del corredor, del diario Sport.

    Muchos atletas profesionales también se han decidido a ayudarle con una donación. Pero no todo el mundillo aprueba la forma en que se está procediendo a ayudar al tuitero sin techo, pues ligar una cantidad determinada de dinero proveniente de un nombre y unos apellidos concretos parece algo destinado también a enaltecer la propia figura del donante. En otras palabras, se critica que la acción no sea conjunta y anónima.

    "A mí esto no me gusta, parece que se busca la notoriedad y arrogarse el mérito", afirma la fuente anteriormente aludida. "Si ayudas, ayudas de forma anónima, no para tu promoción personal y que vean todos lo solidario que eres". Por otra parte, y teniendo en cuenta que Joaquín Carmona lleva en la calle 12 años, tal vez la entrega del dinero (el propósito es recolectar 20.000 euros) no sea tan importante como la ayuda psicológica, también para la gestión del nuevo arco de posibilidades que ahora se le abre al mejor tuitero del atletismo en España, empezando por que puede solicitar el ingreso mínimo vital, tras su reciente aprobación en el Congreso de los Diputados.

    Etiquetas:
    crowfunding, sin techo, atletismo, Twitter, computadoras portátiles, Wi-Fi, COVID-19
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