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    Sputnik conversó con Hilda Trujillo, directora del Museo Anahuacalli, sobre el viaje del pintor a la celebración de los 10 años de la Revolución Rusa y el mural que proyectó pero no concretó en el Kremlin de Moscú.

    Hilda Trujillo tuvo acceso al archivo personal de Diego Rivera en 2003, tras 50 años de reserva. Es directora del Museo Anahuacalli, la principal obra arquitectónica de Diego Rivera a la que emparenta con las obras de Gaudí, en Barcelona; también menciona al Palácio da Regaleira en Sintra, Portugal, Las Torres Watts en Los Ángeles, Estados Unidos y Xilitla en San Luis Potosí, México, autoría del escocés Edward James. Todas, dice Trujillo, incluyendo al Anahuacalli, son ejemplos de "arquitectura loca, fantástica".

    "Cuando abrimos los archivos que dejó Rivera en la Casa Azul, que estuvieron cerrados por 50 años, encontramos que el artista tenía una relación de amor a distancia con Rusia. Él fue dos veces a la URSS", contó a Sputnik.

    La primera vez que visitó la Unión Soviética fue en septiembre de 1927, para el décimo aniversario de la Revolución de Octubre y se quedó ocho meses, hasta mayo de 1928. Diego Rivera nació en Guanajuato en 1886. Al trasladarse a Ciudad de México conoció a los muralistas Guadalupe Posada y José María Velasco. Fue becado para ir a España y de allí, se fue a París.

    Visitantes observan la colección prehispanica del pintor Diego Rivera, en el Museo Anahuacalli
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Visitantes observan la colección prehispanica del pintor Diego Rivera, en el Museo Anahuacalli

    "En París empezó su relación con Rusia porque ahí conoce a todo el mundo intelectual, artistas de vanguardia rusos, como (Vasili) Kandinski, muchos espías también. Todo mundo iba a París", explicó la directora del museo.

    Agregó que las dos primeras esposas de Rivera fueron mujeres rusas con las que se casó en París. Con Angelina Bellof tuvo a su primer hijo, Diego Rivera Beloff, que murió a los 14 meses. Luego tuvo una relación con Marevna (Marie Bronislava Vorobyeva-Stebelska) con quien tuvo una hija, Marika Rivera, que fue actriz.

    Rivera las dejó a todas ellas en París cuando decidió regresar a México en 1921 a visitar a su padre que estaba enfermo. Pero los vínculos quedaron tendidos. Siete años más tarde, el artista llegó a Moscú por primera vez.

    "Cuando llega a la URSS, [Anatoli] Lunacharski que era el comisario de Cultura, firma con él un convenio para hacer un mural en el Kremlin. Diego quería hacerlo en el Salón de los Zares, un comedor grandote que tenía toda la belleza de las construcciones donde se instaló el poder soviético. Llega este mexicano grandote y dicharachero que les dice: ‘Ahí quiero poner el mural porque esto es un horror, es decimonónico, es el poder que ya no puede existir'. Los comunistas dijeron no", contó Trujillo.

    Rivera se enfermó durante el invierno ruso y fue internado en alguna parte del Kremlin. Cuando salió de su reclusión, explicó Trujillo, ya no era bien recibido entre los camaradas. "Los artistas que lo habían ensalzado a su llegada luego lo trataron como a un paria. Ya nada más los marginales y vanguardistas se juntan con él. Ya nadie quiso hablarle para hacer el mural. Se volvió un marginal. El 18 de mayo de 1928 agarró sus maletas y se vino" de regreso a México.

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    No le dijo adiós a nadie, contó Trujillo y explicó que para ella, ese fue el episodio que sembró la distancia de Diego Rivera con la Unión Soviética: "Por eso él siempre comulgó más con las ideas de Trotsky que con las ideas de Stalin". Trujillo no pudo precisar si Rivera conoció en 1927 a León Trotsky. Una década más tarde, Rivera sería el principal artífice para que el líder revolucionario obtenga asilo en México.

     Hilda Trujillo, directora del Museo Anahuacalli, del pintor Diego Rivera
    © Sputnik / Eliana
    Hilda Trujillo, directora del Museo Anahuacalli, del pintor Diego Rivera

    La segunda vez que Rivera viajó a la URSS fue en 1955, después su readmisión en el Partido Comunista mexicano, del cual había sido expulsado. Allí se trató del cáncer que le habían diagnosticado. Estaba casado con Emma Hurtado y de esa época dejó una serie de dibujos de la vida cotidiana en la Unión Soviética que incluyen la puesta en órbita del satélite Sputnik. Hoy, señaló Trujillo, esos dibujos son parte de la colección de Dolores Olmedo, su "amiga y mecenas", la principal cultora de la obra del pintor mexicano.

    Un 'Lenin' para Rockefeller

    Es en el festejo de la Revolución Rusa donde a Diego Rivera se le abren las puertas de Estados Unidos. Allí conoce a Alfred Barr, director del MOMA, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, que guarda una parte de la colección del pintor mexicano: murales transportables y dibujos, especificó Trujillo.

    Allí conoce también a la marchante de arte que lo lleva a San Francisco, a Detroit y luego, "con los Rockefeller", en Nueva York. "En 1933 lo invitan a EEUU, empieza a pintar para ellos y le piden que haga un mural. Le quisieron imponer el tema y se quejó. En el momento que se enoja con Rockefeller, pinta a Lenin en el mural", sostuvo la directora.

    En el Anahuacalli está el boceto original del mural que Diego Rivera había diseñado para el magnate estadounidense, que no tiene al líder de la Revolución Rusa. Este boceto cobra importancia ya que su obra de Nueva York fue destruida.

    "Cuando quisieron destruir el mural, se manifestó gente en Estados Unidos para que no lo hicieran. Cuando lo destruyen, Diego lo pinta en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, pero ya no tiene la misma potencia. Es mucho más bonito este boceto que tenemos que el que está en Bellas Artes", dijo a Sputnik.

    Rivera, Frida y Trotsky

    Cuando Diego Rivera se casó con Frida Kahló en 1929, él tenía 42 años y ella, 22. Se instalaron juntos en la Casa Azul, "la casa de la bohemia, donde llegaban artistas", describió Trujillo. Entre los rusos que la frecuentaron estuvo el director de cine Serguéi Eisenstein, quien en 1932 hizo una película llamada ¡Qué viva México!

    En la Casa Azul se hospedó León Trotsky al llegar a su exilio mexicano, el 9 de enero de 1937. "Frida va por él a Tampico y lo traen a la Casa Azul, porque no pudo ir Diego. Fue a través de [Charles] Chaplin y los amigos que había hecho en EUA, que tenían cierta simpatía por el comunismo. Por medio de Bertram Wolfe, un periodista importante y biógrafo de Diego Rivera, le piden que traiga a Trotsky a México. Diego lo trae. Hace la intermediación con el presidente mexicano. Entonces llega Trotsky y se hace amante de Frida", señaló la directora.

    En 1938, André Bretón (padre del surrealismo), León Trotsky y Diego Rivera crean allí juntos el "Manifiesto por un arte revolucionario independiente". "Hasta ahí todo bien. Después empezaron los conflictos intelectuales, pues tenían un carácter muy fuerte los dos. No sé si también influyó la relación con Frida. Hay cartas muy fuertes donde Trotsky le dice a Frida: ‘Ayúdame con Diego, pues está colérico', y Frida no le contestaba porque ella tenía muchos amantes pero su gran amor era Diego", añadió.

    Visitantes en la entrada del Museo Anahuacalli, del pintor Diego Rivera
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Visitantes en la entrada del Museo Anahuacalli, del pintor Diego Rivera

    En la Casa Azul está el Museo de Frida Kalho que, al igual que el Anahuacallí, es gestionado por el Fideicomiso Diego Rivera, creado por el autor para guardar su obra, que al morir le fue heredada al Banco de México.

    Restauración

    Hilda Trujillo asumió la gestión del Anahuacalli en 2003 y desde entonces, señaló, las visitas anuales crecieron de 14.200 personas en 2002 a 98.000 en 2017, según las cifras del Instituto de Estadística.

    "Ambos son museos no gubernamentales. Diego Rivera desconfiaba de los gobiernos, en general siempre lo hizo. También de los empresarios, aunque se codeó con ellos. También se codeó con el poder, pero para su herencia decidió dejarla al pueblo de México", explicó la directora.

    Cuando Rivera murió en 1957 sólo estaba construida la planta baja del Anahuacalli. Es Dolores Olmedo, "su mecenas y amiga" quien termina la obra proyectada por Rivera, junto al pintor y arquitecto mexicano, Juan O'Gorman.

    Montserrat, guía del Museo de Anahuacalli, del pintor Diego Rivera
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Montserrat, guía del Museo de Anahuacalli, del pintor Diego Rivera

    La construcción se extendió entre 1940 y 1963. Su estructura refleja la cosmovisión prehispánica que representa tres planos por los que se va ascendiendo hacia la luz. Abajo, el inframundo o el Mictlan, que es la tierra de los muertos; luego, el terreno de los vivos y un tercer estrato, el supramundo donde habitan los señores a los que se rinde culto.

    Las esquinas del edificio representan cada uno de los cuatro elementos principales (agua, tierra, viento y fuego) con dibujos en plafones en el techo, hechos de mosaico calado, una técnica de picto escultura que Rivera aprendió en sus años en Europa.

    El lugar fue diseñado para albergar las más de 54.900 piezas prehispánicas que Diego Rivera coleccionó, de al menos ocho culturas distintas. En el primer piso está el estudio en el que se retiraría; y en la planta alta hay un mirador de toda la zona sur de la Ciudad de México.

    El material principal del edificio es la piedra volcánica que es característica de la zona del Pedregal, dónde está ubicado el Anahuacalli, que está rodeado de 40.000 metros cuadrados de espacio agro-ecológico, un gran jardín de plantas y piedra.

    Allí, Rivera proyectaba una "Ciudad de las Artes" que sirviera de cobijo y escuela a artistas jóvenes y que además estuviera conectado con Ciudad Universitaria, el campus de la Universidad Nacional, que está en la misma área.

    Laura Merida, trabajadora del Museo Anahuacalli del pintor Diego Rivera, en la zona ecológica del lugar
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Laura Merida, trabajadora del Museo Anahuacalli del pintor Diego Rivera, en la zona ecológica del lugar

    "Cuando él murió, Dolores Olmedo mantuvo el lugar, pero luego ya no pudo venir. La gente empezó a echar basura en los alrededor, se metió a vivir. Estaba todo roto y abandonado". Cuando Trujillo asumió, designada por el Fideicomiso en 2003, "la idea fue descubrir qué era este lugar, ¿qué quería Diego? Entramos a sus archivos, analizamos y nos dimos cuenta que era un tesoro y que teníamos que empezar por cumplir su idea y sus sueños. Esa ha sido nuestra meta, pero quien fue pionero y visionario fue Diego Rivera".

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    Etiquetas:
    cultura, historia, artista, Diego Rivera, Frida Kahlo, León Trotsky, México
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