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    NUEVA YORK (Sputnik) — Las escuelas chárter, también conocidas como programas de libre elección escolar, son el caballito de batalla con el que llegó al Departamento de Educación de EEUU la postulada por el presidente Donald Trump, Betsy DeVos, pero, ¿qué son y por qué se las critica?

    Las escuelas chárter hacen parte del movimiento nacional de reforma escolar que ha financiado con muchos millones la flamante secretaria DeVos y que está esencialmente dirigido a limitar la educación pública.

    El poder de elegir

    En España se las llama escuelas concertadas y en Chile escuelas subvencionadas; en EEUU son instituciones de enseñanza que operan bajo un contrato entre la escuela y el Departamento de Educación de cada estado, por lo que deben cumplir con las reglas escolares generales de ese distrito, aunque funcionen de manera independiente, y a cambio reciben fondos públicos.

    Estos colegios están diseñados para ser flexibles en la manera de medir el desempeño de los estudiantes, y están exentos de una gran cantidad de las regulaciones que rigen la educación pública, por ejemplo el convenio colectivo de los sindicatos de maestros con el sistema escolar del distrito.

    La mayoría de las escuelas chárter no hacen parte del distrito escolar de las ciudades y por eso pueden aceptar alumnos aunque no tengan domicilio en él.

    Están dirigidas por un variopinto conjunto de instituciones: consejos de padres de familia, maestros, grupos comunitarios, compañías grandes y pequeñas y organizaciones con y sin fines de lucro.

    Según la National Alliance for Public Charter Schools, el 67% de estas escuelas están dirigidas por organizaciones sin fines de lucro, el 20% por organizaciones sin fines de lucro que manejan más de una escuela, y menos del 13% por empresas privadas que deben cumplir con las regulaciones de supervisión financiera de cualquier compañía que el Gobierno contrate para proporcionar un servicio.

    Puesto que viven de los dineros públicos, las escuelas chárter deben tener políticas de inscripción abiertas y aceptar a estudiantes con un sistema a modo de lotería, no pueden cobrar matrícula y deben participar de los exámenes estatales y de los programas de responsabilidad federal.

    En los últimos cinco años, la matriculación en este tipo de escuelas creció 62% en todo el país, y hay 2,9 millones de estudiantes asistiendo a estos colegios, más de 6% de los alumnos que concurren a escuelas públicas, según la National Alliance.

    "Cuando no teníamos escuelas chárter, las familias adineradas decidían enviar a los niños a escuelas privadas o trasladarse a otro distrito donde creían que las escuelas eran mejores, y los padres que no eran ricos estaban confinados a la escuela que el distrito decidiera para su hijo", dijo a Sputnik Nóvosti el director ejecutivo de New York City Charter Schools, James Merriman, una entidad que promueve este tipo de educación en el estado de Nueva York.

    Según Merriman, las escuelas chárter proporcionan una opción a los padres con menos recursos económicos.

    "Las familias ricas pueden elegir cuando se trata de la educación, y las escuelas chárter defienden esa opción para los padres con recursos económicos limitados", indicó.

    En cambio para Joe Dobkin, profesor de enseñanza preescolar en una escuela privada de Nueva York, estas escuelas discriminan a los estudiantes.

    "La crítica de las escuelas chárter es que algunas no aceptan a estudiantes con necesidades especiales porque requieren más recursos y es más trabajo para la escuela, ese tipo de discriminación no se permite en las escuelas públicas porque se supone que deben servir a todos", dijo Dobkin a esta agencia.

    Estado subvenciona la educación privada

    La secretaria DeVos también encabeza la Federación Estadounidense de Niños, un grupo que promueve también los programas de cupones escolares, subsidios del Estado para pagar la educación privada de estudiantes.

    Estos cupones han sido muy criticados porque permiten que dinero público sea usado para financiar colegios que imponen cierta discriminación para la admisión de estudiantes.

    Según Dobkin, uno de los problemas de los cupones es que ese dinero va a alumnos que ya están en las escuelas privadas y como resulta insuficiente para cubrir su costo los padres tienen que poner más dinero de su bolsillo.

    Por lo tanto, los cupones "no son realmente para gente pobre", sentenció.

    Esto "no quiere decir que no deba haber escuelas privadas, pero financiarlas con dinero público hace un mal servicio a toda la comunidad (…) de hecho hace lo contrario de lo que dicen que hace, porque está arrebatando el dinero del sistema escolar público, por lo que este solo puede empeorar", aseveró el profesor.

    Por otra parte, los cupones escolares muchas veces no se anuncian, de modo que las personas que técnicamente tienen acceso a ellos ni siquiera lo saben, según Dobkin.

    "Cuando tú tienes cosas que todo el mundo necesita, como la educación o la atención sanitaria, operando con un modelo de lucro, no termina bien para nadie, solo es bueno para los ricos", aseveró el maestro.

    En Nueva York funcionan 216 escuelas chárter con cerca de 100.000 estudiantes matriculados, lo que representa alrededor del 10% de la matrícula de la ciudad de Nueva York, según datos de la organización New York Charter Schools.

    Estas escuelas se concentran en barrios poco atendidos por el distrito escolar local, particularmente en el centro de Brooklyn, en el sur del Bronx y el Alto Manhattan.

    Más segregación

    Varios estudios indican que el crecimiento de las escuelas chárter ha ido de la mano de la expansión de la segregación, es decir la separación de la población según líneas étnicas o raciales.

    Un análisis del Proyecto Derechos Civiles de la Universidad de California, que investigó en 2010 datos de 40 estados, el Distrito de Columbia y varias áreas metropolitanas, reveló que 70% de los estudiantes afroamericanos de la matrícula de las escuelas chárter asistían a escuelas consideradas "intensamente segregadas".

    Una segregación intensa se presenta cuando al menos 90% del estudiantado de una escuela corresponde a una minoría étnica. Tal grado de segregación en las escuelas chárter era dos veces mayor que el de las escuelas públicas tradicionales.

    Otro estudio, publicado en noviembre de 2016 por el Economic Policy Institute, señala que la expansión de las escuelas chárter está exacerbando las desigualdades entre escuelas y entre niños porque éstos están cada vez más segregados por su condición económica, su raza, su idioma y sus discapacidades.

    Además, añade el estudio, estas escuelas gastan dinero sin tener en cuenta las diferencias en las necesidades de sus estudiantes.

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    escuela, critíca, Betsy DeVos, EEUU
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