En directo
    América Latina
    URL corto
    Por
    0 60
    Síguenos en

    MONTEVIDEO (Sputnik) — A mediados del siglo XX, y gracias a sus elevados niveles de bienestar social, a la par de algunas leyes pioneras, como el divorcio y el sufragio femenino, que lo destacaba por encima de sus vecinos latinoamericanos, Uruguay fue conocido como "la Suiza de América".

    Casi un siglo después, es aquel país europeo el que busca algo que crece por estas tierras: flores de cannabis.

    La firma CPlant, nacida hace exactamente un año, acaba de firmar la exportación a Suiza de 14 toneladas de influorescencia de cannabis no psicoactivo, también llamado "flores de cáñamo", por un valor de 250.000 dólares la tonelada.

    Eso no es todo, ya que para fines de 2020 y mediados de 2021 planean exportar otras 50 toneladas más a Suiza, pero también a otros países.

    "CPlant abarca muchos mercados en el mundo con países de Europa, Australia, Israel y EEUU. Es tanta la demanda que hay en el mundo que nos estamos enfocando en Europa en este momento", cuenta a Sputnik uno de sus fundadores, el argentino Lucas Crivilone.

    La operación realizada por esta firma, creada por Crivilone, de 26 años, y otro argentino, Guido Husni, de 29, es tan sólo la punta del ovillo de una estrategia oficial que apunta que el cannabis pueda ser una nueva materia prima en Uruguay; pero, mejor aún, que se transforme en una industria que le genere valor agregado al producto que primero se adaptó a la nueva normalidad.

    Voluntad política

    La semana pasada el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, pasó de lo discursivo a lo real con respecto a la industria cannábica con la firma de dos decretos más que auspiciosos, que eliminan trabas burocráticas para su exportación.

    Por su parte, el prosecretario de la Presidencia y titular de la Junta Nacional de Drogas, Rodrigo Ferrés, explicó que la finalidad de esas normas es impulsar el desarrollo de estas industrias en Uruguay.

    Sin embargo, para el Presidente de la Cámara de Empresas de Cannabis Medicinal, Marco Algorta, falta todavía más.

    "Lo vemos con excelentes ojos, es un gran primer paso, pero son decretos retroactivos, que abarcan lo ya cosechado entre 2018 y 2020. Nos permite comercializar lo ya producido pero queda pendiente de acá a futuro, porque las reglas siguen siendo las mismas de antes. No tengo la seguridad jurídica para seguir invirtiendo en la industria; lo que tenemos es una liquidación de stock", afirmó Algorta a esta agencia.

    Consultado por Sputnik, el integrante de la junta directiva del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca) de Uruguay, Sergio Vázquez, confirma que las autoridades trabajan en una normativa que amplíe el derecho a futuro.

    "La idea es discutir a la interna y con el sector privado cuáles son los artículos a modificar para que este cambio sea permanente y no tengamos de vuelta otro cuello de botella", explica el funcionario, quien además informa que, en la actualidad, hay 42 licencias otorgadas, cinco pedidos de exportación, y en total se evalúan 30 toneladas de flor seca para sacar del país.

    También hay 13 pedidos de licencia en espera.

    "Van a permitir que la mayoría de la materia prima se puedan procesar en el país, aunque lo que pregonamos es que el productor tenga la libertad de elegir dónde volcar su producción, porque en esa libertad es donde radica la ganancia", dice Vázquez.

    "La idea es evitar los oligopolios y que el productor no quede rehén de un oligopsonio, o sea, que existan pocas empresas que compren", agregó.

    Cambio de paradigma

    Pero, ¿qué cambió en Uruguay para que, en menos de una década, se pasara de cuestionar la legalización de la marihuana a verla como un negocio redituable?

    "Hay una voluntad política expresa y que se manifiesta en todo su accionar en la administración", responde Vázquez.

    Para el funcionario, "la junta directiva del Ircca está conformada por técnicos y los suplentes son jerarcas, dirigentes políticos. Esa es una señal muy fuerte, claramente distinta a la administración anterior".

    Vázquez reconoce que aún nadie sabe cuál es el techo del cannabis uruguayo en un mercado que vio explotar su demanda durante la pandemia de coronavirus; sin embargo afirma que el país está en "un valor bruto de producción" que está cerca de los 100 millones de dólares, aun cuando hubo "cosechas magras" debido a fenómenos climáticos "muy adversos, excesos de lluvias el otro año y una sequía muy grande este año".

    Con reparos, en eso coincide Algorta.

    "En una industria incipiente como esta, nosotros (por Uruguay) ya recorrimos la curva de conocimiento. Es una ventaja que no la podemos seguir lapidando, porque se puede ir a otro país rápidamente", explica el empresario.

    También acuerda Crivilone, quien opina que "el mercado es grande pero a su vez es chico; Uruguay a lo que se tiene que dedicar es a producir productos de calidad que se logran con invernaderos, "know how" e inversiones".

    "Yo creo que no va a haber mercado para cultivo exterior sino para extrema calidad de producto; pero sí, como en cualquier otra industria aparecen otros productores y uno tiene que generar valor", añade uno de los fundadores de CPlant.

    Colombia, Perú, Ecuador, Paraguay y algunas provincias de Argentina quieren entrar en la danza de la fortuna cannábica, una industria cuyos productos son ideales para los tiempos que corren. Uruguay, aunque arrancó con ventaja, deberá ser ágil para no dormirse sobre los cogollos.

    Etiquetas:
    cannabis, historia, Uruguay
    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía SputnikComentar vía Facebook