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    Inmerso en la peor crisis económica de su historia reciente y luego de meses de dificultosas negociaciones con los acreedores internacionales, Argentina pasa la página para comenzar a delinear un nuevo rumbo con menos incertidumbre pero con inmensos desafíos.

    El presidente argentino, Alberto Fernández, recibió la posta en diciembre de 2019 de un país sumido en la peor debacle financiera desde el crac de 2001 por la crisis económica que dejó el Gobierno de Mauricio Macri (2015-2019). A la recesión de -2% del PBI, la inflación anual de 50% y la la deuda pública de 300.000 millones de dólares se sumó la pandemia de COVID-19.

    Fernández dejó en claro que la prioridad del Ministerio de Economía, encabezado por un profesional de perfil técnico como Martín Guzmán, sería la resolución de las negociaciones de la deuda pública en sus diversos frentes: local y externa, con bonistas privados y organismos de crédito.

    Luego de la reestructuración de la deuda local, el acuerdo alcanzado este 3 de agosto con los bonistas privados por deuda bajo ley extranjera por 67.000 millones de dólares es el primer gran paso para salir del default virtual en que se encuentra el país desde 2019 y poder empezar a diseñar un plan de futuro.

    "El acuerdo es muy importante no tanto por lo que generará en adelante sino por lo que evita que hubiera ocurrido si no se lograba. Argentina estaba en cesación de pagos porque había varios vencimientos que no había cumplido pero la situación de default real no había derivado en una crisis porque se mantenía el diálogo", dijo a Sputnik Marcelo Elizondo, consultor en economía y negocios internacionales argentino.

    Elizondo explicó que estar en default bloquea el crédito internacional no solo para el Estado sino también para el sector privado, por lo que el arreglo regulariza la situación de Argentina con el mundo, demuestra vocación de estar en armonía con los mercados financieros y le permite ser elegible para financiamiento, lo que no quiere decir que vaya a recibirlo.

    "Si no hubiera habido acuerdo eso hubiera generado mucha inestabilidad financiera, seguramente un encarecimiento del dólar y un incremento de la volatilidad de los precios por la desconfianza. Esto consolida la situación en el estado actual y genera una reducción de la presión cambiaria", continuó.

    El analista internacional comentó que en el corto plazo, el arreglo permite al Estado no tener que desembolsar y descomprime necesidades fiscales. Argentina deberá generar políticas públicas fiscales y financieras que le permitan ser más confiable a los ojos de los actores económicos mundiales, algo que todavía no ocurre, advirtió.

    Un claro en la tormenta

    "Salir del default saca los palos que había en la rueda para que el coche vuelva a funcionar. Argentina tiene más proyección en cuanto a la recuperación económica que pueda llegar a tener al no tener ahora trabas institucionales y burocráticas que podrían, por ejemplo, congelar activos en el exterior o impedimentos a los préstamos internacionales a las empresas locales", dijo a Sputnik el economista argentino Nicolás Litvinoff.

    El director del sitio de educación financiera Estudinero.net explicó que lo que cambia en el panorama internacional para Argentina son las tasas de interés que cobran en el mercado, mucho más elevadas para países en situaciones de crisis, lo que vuelve los préstamos imposibles de devolver. El acuerdo abriría la puerta a eventualmente volver a acceder a tasas de 4 o 5% anual en dólares, en lugar de cifras de dos dígitos.

    El anuncio del acuerdo provocó la respuesta positiva de los mercados, que se manifestó en que las acciones argentinas que cotizan en la bolsa de Nueva York subieron 6,5% y los bonos soberanos en dólares, hasta 10%. El riesgo país bajó 0,6% hasta los 2.107 puntos.

    "En la bolsa hay un dicho muy viejo pero efectivo que dice 'comprar con el rumor y vender con la noticia', o sea que el mercado ya venía descontando esto hace tiempo. Los ADR argentinos [acciones locales colocadas en Wall Street] rebotaron desde sus mínimos pero están todavía muy bajos con respecto al nivel previo a las elecciones primarias de agosto de 2019", advirtió Litvinoff.

    El acuerdo es sobre todo fundamental para allanar el camino para las negociaciones de deuda que siguen, entre las que destaca principalmente la más grande: los 44.000 millones de dólares otorgados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) al Gobierno de Macri.

    Las negociaciones que se cerraron contaban con el respaldo del FMI, de 135 académicos y economistas de renombre mundial y de los bonistas locales. Argentina está ahora a un paso de canjear con fondos de inversión privados extranjeros una deuda por la cual alrededor de 500 millones tenían vencimiento el 22 de abril pasado, cuando se presentó la primer oferta.

    La oferta aceptada por los acreedores mejora los plazos de pago, que tendrían un año de gracia, y una recuperación del capital invertido de 54 dólares por cada 100. Para las arcas públicas, representan un ahorro de 1,9% en el stock de capital y una quita en los intereses de 52%, lo que representa una reducción de 36.000 millones de dólares.

    ​Los analistas aseguran que se trató del canje más complejo para acordar debido a la enorme presión de los fondos de inversión extranjeros, que no responden más que a intereses privados. Los desafíos a futuro serán estar a la altura de las circunstancias para cumplir los próximos vencimientos y, en el caso del FMI, implicará una negociación que tendrá exigencias fiscales y monetarias que difícilmente Argentina esté posibilitada de cumplir.

    "La negociación con el FMI va a ser larga porque exige un plan económico atrás. Va a preguntar qué va a hacer el Gobierno con las reformas tributaria, laboral, impositiva y previsional. Va a haber muchas más discusiones con el área técnica. No es el FMI que le decía a todo que sí a Macri," dijo a Sputnik el economista argentino Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de la consultora OJF.

    Spotorno anticipó que las dificultades para encontrar un acuerdo con el FMI serán importantes, y dio el ejemplo muy concreto y obvio de posturas incompatibles como las restricciones a la compra de moneda extranjera que impuso el Gobierno de Alberto Fernández: "Vamos a probar los límites del FMI con el cepo; no creo que lo acepte por mucho tiempo", alertó.

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    economía, crisis económica, acuerdo, bonos, negociaciones, Martín Guzmán, Alberto Fernández, Fondo Monetario Internacional (FMI), deuda externa, Argentina
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