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    LA PAZ (Sputnik) — La altura sobre el nivel del mar y el carácter familiar y tradicional de los viñedos y las bodegas son los factores en los que se asienta una prometedora industria vitivinícola de Bolivia que mira a mercados internacionales exclusivos, dijo a Sputnik la experta en vinos Laura Decurnex.

    "Aunque es relativamente nueva, la industria de vinos en Bolivia se asienta en una larga historia que comenzó con la llegada de los colonizadores españoles y la explotación de la plata en Potosí", declaró a Sputnik la sommelier de origen argentino radicada ya más de una década en La Paz.

    Decurnex habló sobre las proyecciones y características de la vitivinicultura boliviana, apenas conocida en el extranjero, al comentar la exitosa muestra Wine Fest 2019, realizada el pasado fin de semana en la capital política del país y en la que ella fue la experta principal.

    Vino de Georgia
    © Sputnik / Livan Avlabreli
    La oferta boliviana de vinos de alta gama, entre los que se destacan los de las variedades Tannat, Sirah, Malbec y otros, recoge una tradición que se remonta al siglo XVI, cuando los valles andinos del sur se convirtieron en proveedores de los vinos que demandaban los europeos que llegaron a la explotación de plata en Potosí.

    Llegado el ocaso de la minería en el famoso Cerro Rico potosino, la producción vitivinícola se concentró en los valles de Cinti y Tarija, especialmente en esta última región que desde hace tres décadas se ha convertido en el epicentro del "boom" de la actividad en el país.

    ¿Qué diferencia pueden ofrecer los vinos bolivianos en un mercado mundial extremadamente competitivo?, consultó Sputnik a la experta.

    Decurnex señaló que solo Bolivia produce vinos con 100% de uvas de altura, cultivadas a más de 1.600 metros sobre el nivel del mar.

    "El factor altura, que pone a los viñedos más cerca de los rayos solares, causa que las uvas tengan piel más gruesa que en otras partes, con una ganancia extra de sabores y taninos. El resultado es el de unos vinos generalmente más intensos, de sabores profundos y larga vida", explicó la sommelier.

    Otra característica es el carácter familiar de la mayoría de los viñedos, muchos de los cuales son de entre dos y cinco hectáreas, vinculados a bodegas que son poco más que artesanales, catalogables como bodegas boutique.

    "Sobre estas bases, y principalmente por una gran identificación cultural con el vino en regiones como Tarija y Cinti, los productores bolivianos confirman la verdad de que la producción de vinos de calidad es una cuestión de pasión por la excelencia, y los resultados comienzan a ser reconocidos", aseguró.

    Pero no es solo vino, advirtió, pues se destaca el singani, un licor destilado a partir de vino de uva Moscatel de Alejandría, "pariente del pisco peruano y chileno pero con una reconocida mayor calidad".

    Mientras los vinos bolivianos ya tienen reconocimiento internacional como "vinos de altura", el singani también está en pos de consolidar su identidad, tras su ingreso al mercado estadounidense, dijo.

    "Tanto los vinos como los singanis bolivianos tienen el valor agregado de un terruño en el sentido amplio: tierra, ambiente, clima, cultura, historia", resumió Decurnex.

    Roger Quiroga, asesor del gobierno municipal de La Paz que patrocinó el Wine Fest junto con la Asociación Nacional de la Industria Vitivinícola, dijo que este festival, cuyo lema fue "Bolivia, el secreto mejor guardado", fue parte de una campaña de promoción de la ciudad como un destino gastronómico.

    La Paz ganó en julio el premio de Mejor Destino Emergente de Sudamérica en la gala anual de los World Travel Awards - Región Latinoamérica, de los que fue sede.

    Etiquetas:
    Bolivia, vino
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