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    Movilización chavista en Caracas

    ¿Por qué el chavismo sale a la calle tras un año de las polémicas elecciones que ganó Maduro?

    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
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    Un lunes también es un buen día para salir a la calle y marchar en Venezuela cuando el chavismo celebra un año desde que ganó, probablemente, las elecciones más difíciles de su historia reciente.

    Nicolás Maduro se presentaba a unos comicios presidenciales adelantados en mitad de una ofensiva convulsa por parte de los partidos mayoritarios de la oposición que, a pesar de haber pedido en reiteradas ocasiones el adelanto electoral, finalmente decidió no presentarse. Así que sin Voluntad Popular ni Primero Justicia (son los partidos de líderes históricos de la oposición venezolana como Leopoldo López, Fredy Guevara, Henrique Capriles, Julio Borges y hoy, Juan Guaidó, —completamente desconocido en el momento de estos comicios—, entre otros) entre las opciones, el chavismo lo tendría relativamente más fácil porque ellos sí salen a votar pase lo que pase en el país por un sentido histórico de identidad cultural, política, ideológica y de clase.

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    La idiosincrasia del chavismo se cohesiona en tiempos de crisis y demuestra que nada es lo que parece en momentos de máxima tensión. Entender cómo funciona esa identidad casi romántica o religiosa que es mucho más que una corriente política en un transcurso puntual de la historia, es la clave para comenzar a entender por qué pasan las cosas que pasan en Venezuela. No entenderlo es caer en los análisis vacuos y poco profundos sobre las cosas que pasan en Venezuela y es el error de muchos medios de comunicación internacionales que analizan el país con sus teorías de patrón universal desde oficinas remotas.

    Pero no solo fueron Voluntad Popular y Primero Justicia los partidos opositores que decidieron no medirse en las urnas. El 21 de febrero de 2018, todas las fuerzas políticas que conformaban la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), coalición de partidos opositores hoy extinguida; salvo uno, Avanzada Progresista, anunció que no concurrirían al nuevo proceso electoral que se celebraría tres meses después. El partido discordante de la coalición estaba encabezado por Henri Falcón, que sí se presentó a los comicios desafiando a sus aliados, y eso le valió la expulsión de la bancada opositora de coalición.

    A pesar de esta situación que copó los titulares de la prensa nacional y extranjera durante semanas, Nicolás Maduro tuvo tres combatientes. Uno de ellos fue el mencionado anteriormente Henri Falcón, que quedó segundo con 1.917.036 votos. Javier Bertucci, pastor evangélico que fundó en tiempo express su Movimiento Esperanza por el Cambio, quedó tercero a base de repartir sopas en los barrios populares de Venezuela. Consiguió casi un millón de votos. Impresionante de verdad. El cuarto contrincante fue Reinaldo Quijada, del partido UPP89, que se definía a sí mismo como "defensor del proceso revolucionario". Chavista de los de antes, no de los de ahora. Obtuvo 34.614 votos.

    Nicolás Maduro ganó las elecciones con la participación más baja de la historia de la Revolución Bolivariana. Obtuvo, eso sí, una victoria abrumadora respecto a sus contrincantes con 6.190.612 votos, llevándose el 68% de los votos totales. Las cifras de estos comicios son utilizados por unos y otros según sus intereses y lo cierto es que dependiendo de sus lecturas las conclusiones pueden ser completamente distintas. Nicolás Maduro arrasó a sus rivales, sí, pero con una abstención que superó el 54%, algo inusual en Venezuela, teniendo en cuenta que los últimos comicios de este tipo, los de 2006, 2012 y 2013, la abstención apenas llegó al 20% según datos oficiales.

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    Los defensores de Maduro dirán, sin embargo, que llevarse casi siete de cada diez votos con una participación del 46% es mucho más de lo que pueden presumir muchos de los países que le critican donde sus presidentes son elegidos por un número menor de votos en proporción a la participación total. Maduro, de hecho, lo recordaba hoy, cuando hablaba a la multitud chavista que se congregó en los alrededores del Palacio de Miraflores para celebrar el aniversario. "Hay presidentes en el mundo que ganan las elecciones con el 18% del padrón", decía.

    Para el analista internacional y politólogo Jose Omar Molina, que el chavismo haya salido a la calle hoy, en mitad de una crisis de legitimidad tras cuatro meses de una nueva arremetida opositora que comenzó, precisamente, con el desconocimiento por parte de la derecha de la nueva legislatura de Nicolás Maduro que arrancó oficialmente el pasado 10 de enero, es muy simbólico. "El proceso electoral de hace un año (20/05/2018) fue producto de las mesas de negociación y diálogo político de República Dominicana", asegura en una conversación con Sputnik, en referencia a los meses de diálogo, finalmente infructuoso, que ambas partes sostuvieron en la isla tras los episodios violentos de enfrentamientos en las calles venezolanas en el año 2017 conocidos como guarimbas, y que terminaron con más de 150 muertos. "A un año de esos comicios", continúa Molina, "es meritorio conmemorar la victoria. El chavismo celebra hoy la línea política de Nicolás Maduro que siempre ha tratado de llevar como bandera la convivencia nacional y el diálogo".

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    Sobre la legitimidad o no del adelanto electoral de hace un año, el politólogo insiste en las negociaciones de Santo Domingo. "Fue público el debate en el que la oposición pedía un adelanto electoral para unos comicios que debían celebrarse en el último trimestre de ese año (2018). El acuerdo al que llegaron las partes fue hacerlo en el mes de mayo, pero la llamada del Departamento de Estado de EEUU a Julio Borges lo frustró. Fue una operación política de sabotaje que intentaba boicotear los comicios", concluye.

    Adelantar o no los comicios tanto legislativos como presidenciales sigue siendo uno de los puntos clave del panorama político venezolano actual y según muchos analistas, uno de los principales asuntos de los nuevos diálogos que han comenzado en Noruega. De hecho, hoy, Nicolás Maduro ha vuelto a pedir en su discurso público, que se adelanten las elecciones para elegir al nuevo Parlamento, actualmente considerado en desacato por el Tribunal Supremo de Justicia y de mayoría opositora. "Vamos a elecciones de la Asamblea Nacional para ver quién tiene al pueblo, quién tiene los votos. Asumimos el reto, vamos para buscar una solución pacífica, democrática y electoral", dijo. Estos comicios, siguiendo el calendario normal, deberían celebrarse en diciembre de 2020. Pero el reto está echado.
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    Sobre ese reto que no sorprendió porque no es la primera vez que Maduro lo insinúa o lo dice directamente, Inés, de 56 años, muleta en la mano derecha, mochila en la espalda, dice que lo que ellos quieren, los venezolanos que han salido a la calle para conmemorar este aniversario, "es la paz". "Estamos aquí para apoyar a Nicolás Maduro porque le consideramos nuestro presidente legítimo y no queremos una guerra en Venezuela". Son palabras sencillas de una mujer sencilla pero que lo explican casi todo.

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    A su lado está Ildemar, camisa y gorra rojas, color de las marchas chavistas por excelencia. Es imposible no verla en mitad de la multitud porque está acompañada de lo que llama "Gallinero Vertical contra la Guerra Económica". Varias jaulas apiladas en filas indias con más de una docena de gallinas en su interior y huevos a la vista. "¿Qué es esto?". La pregunta es inevitable e Ildemar se explica. Viene de una zona que se llama Playa Verde, en el estado Vargas, relativamente cerca de Caracas; y dice que ha venido con un grupo de productores locales que cuenta con 233 gallinas ponedoras. "Lo que hacemos es demostrar que podemos producir en tiempos de crisis y guerra económica. Vendemos huevos directamente al pueblo a precios solidarios y evitamos los intermediarios y la distribución. De esta manera, podemos mantener los precios no especulativos. Tenemos estas gallinas en casa, ocupan poco espacio y suministramos proteína básica a nuestro entorno para garantizar una buena alimentación". Las gallinas de Ildemar no parecen tan fuera de contexto cuando marchar en Venezuela, cuando se cumple un año de la elección de Nicolás Maduro como presidente, también es marchar contra el bloqueo económico que EEUU mantiene contra el país caribeño desde hace más de un año y medio y que está impidiendo al Gobierno importar productos básicos como alimentos o medicinas. Todo forma parte del mismo círculo geopolítico continental.

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    Ildemar y su grupo de productores locales también tienen un reto, como el de Maduro y las elecciones Legislativas. El de los de Playa Verde, "a solo 50 metros del mar", es llegar a 9.000 gallinas ponedoras para vender más huevos sin intermediarios a precios solidarios que todos puedan comprar, básicamente para enfrentar la alta hiperinflación que sufre el país. "Gallineros verticales contra la Guerra Económica" es la Venezuela que nunca tendrá titulares pomposos en los grandes medios de comunicación, pero es la base popular de su resistencia y la explicación a tantas preguntas no retóricas. Los que se quedan se reinventan así contra todo pronóstico predecible de extramuros.

    Etiquetas:
    chavismo, reelección, Nicolás Maduro, Venezuela
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