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    La conmemoración del golpe militar de 1964 reabre la discusión acerca de las torturas en Brasil

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    El 31 de marzo de 1964, los militares brasileños protagonizaron un golpe de Estado contra el presidente João Goulart que dio paso a una dictadura. Ahora, 55 años después, el país todavía sigue luchando con los fantasmas del régimen militar.

    El actual presidente Jair Bolsonaro ordenó que el Ministerio de Defensa haga las "celebraciones debidas" por el aniversario del 31 de marzo. Esta orden reabrió la discusión acerca de las heridas que la Revolución de 1964, como se refieren a este hecho los militares, había dejado en la sociedad brasileña.

    Las dictaduras militares plagaron América del Sur durante el siglo XX. Cada dictadura en la región tuvo sus propias características y procesos de transición hacia la democracia. Brasil es un caso aparte porque, a diferencia de otras naciones como Argentina y Chile, tardó décadas en investigar a fondo los crímenes cometidos por el régimen militar.

    La expresidenta Dilma Rousseff, instauró en el 2012 la Comisión Nacional de la Verdad (CNV). La política, que estuvo detenida 3 años durante la dictadura, también estipuló que los cuarteles no debían celebrar el aniversario de aquellos eventos.

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    La abogada y profesora Rosa María Cardoso da Cunha, quien fue una de las coordinadoras de la CNV, considera que los propios Actos Institucionales del régimen son pruebas documentales de que el período de gobierno militar fue un período de excepción.

     "Eso no tiene otro nombre sino dictadura", declaró  Cardoso da Cunha en una entrevista con Sputnik Brasil. 

    Durante la firma del Ato Institucional Nº 5 o AI-5 el propio ministro de Relaciones Exteriores, José de Magalhães Pinto admitió: "Yo también confieso, como vicepresidente de la República, que realmente con este acto estamos instituyendo una dictadura".

    Antes de un almuerzo celebrado el 28 de marzo de 2019 el general Eduardo José Barbosa afirmó que la dictadura militar debe ser entendida en el contexto de la Guerra Fría.

    Barbosa, quien fue de la clase del presidente Bolsonaro en la Academia Militar de las Agujas Negras, también afirma que los casos de tortura fueron episodios aislados.

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    "A veces usted hace un interrogatorio un poco más severo, para obtener una información y evitar un mal mayor, todo eso hoy en día se interpreta como tortura. No era un proceso generalizado, podía haber ocurrido, sí, en eventos esporádicos, nadie está diciendo que está a favor de eso, pero en aquel momento tal vez fuera necesario".

    Además, Barbosa defendió al notorio coronel y torturador Carlos Brilhante Ustra.

    "Si en un determinado momento y lugar él recibió la misión de resolver un problema, nosotros los militares no solemos discutir órdenes", enfatizó.

    A su vez el vicealmirante Rui da Fonseca Elia calificó a la CNV de "una mentira". Según él, en Brasil se realizó un intento de "implantar una ideología contraria a toda la cultura occidental".

    La Comisión Nacional de la Verdad concluyó que 434 personas murieron a manos de la dictadura militar en aquella época. Los cuerpos de 210 de esas víctimas nunca fueron encontrados. La CNV también concluyó que el Estado brasileño fue responsable, por acción u omisión, de la muerte de 8.350 indígenas y estima que este número "debe ser exponencialmente mayor".

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    Una de las bases sobre las cuales la CNV hizo tales conclusiones es el Informe Figueiredo. Este documento elaborado durante la propia dictadura militar, reconoce la "introducción deliberada de viruela, gripe, tuberculosis y sarampión entre los indios".

    El antropólogo Orlando Calheiros fue coordinador de un grupo de trabajo sobre la guerrilla del Araguaia en la Comisión Nacional de la Verdad y recogió relatos de que los indios Aikewara fueron torturados y utilizados por los militares en la lucha contra los guerrilleros.

    "El Ejército reclutó a fuerza a los hombres y los jóvenes y comenzó a utilizarlos como exploradores mientras que la aldea Aikewara se convirtió en un campo de concentración", contó.

    Calheiros afirmó haber recibido amenazas anónimas y las de los militares en las redes sociales por su trabajo en la CNV. Según el antropólogo, la "redemocratización brasileña fue completamente controlada por aquellos que tenían interés en no ser investigados".

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