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    "Gobierno boliviano cede respecto a soja transgénica pero aún hay resistencia"

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    LA PAZ (Sputnik) — La autorización de una nueva soja transgénica en Bolivia para la producción de biodiesel y no para consumo humano muestra que en el Gobierno de Evo Morales la corriente ambientalista contra la biotecnología todavía es fuerte, dijo a Sputnik la especialista en agro-biotecnología del IBCE, Cecilia González.

    "Los productores lo consideran positivo, consideran que han logrado un avance importante con el Gobierno pero todavía hay mucho camino por recorrer (…), porque entre algunas autoridades persiste una fuerte influencia ambientalista", afirmó la experta.

    González comentó así la alianza entre el Gobierno y los productores agrícolas del departamento de Santa Cruz (este) para iniciar un ambicioso plan de fabricación de biodiesel a partir del aceite de soja, que requerirá un importante incremento de la producción de esa oleaginosa.

    El acuerdo significa la primera autorización de un cultivo transgénico en los más de 13 años de Gobierno de Morales, pues la licencia de uso de la única semilla genéticamente modificada en el país, la soya RR1 resistente al insecticida glifosato, data de 2005 y fue emitida por un Gobierno anterior.

    Los productores trataron de aprovechar el interés gubernamental en el biodiesel para lograr una autorización de uso irrestricto de la nueva soja transgénica HB4, resistente a la sequía, y ampliar la biotecnología a otros cultivos como los de maíz, algodón y sorgo, pero lograron una respuesta restringida al biocombustible.

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    Significativamente, el anuncio del acuerdo sobre el uso de la soja HB4 no fue hecho por una autoridad agrícola o sanitaria sino por el ministro de Hidrocarburos, Luis Sánchez, quien destacó que la autorización es exclusiva para la industria energética, que ya produce etanol de caña de azúcar, y no para la de alimentos.

    Aun así, los productores están satisfechos y consideran el acuerdo "una apertura inicial que mejorará la capacidad productiva" que podría extender la biotecnología a toda la soja y a otros cultivos en el futuro, dijo Marcelo Pantoja, líder de la Asociación de Productores de Oleaginosas, al diario La Razón.

    La especialista González advirtió que los alcances del acuerdo solo estarán claros cuando el Gobierno emita un decreto acordado con los empresarios para la introducción de la nueva soja en los campos de Santa Cruz.

    "Si en ese decreto no aparece una decisión clara de extender la biotecnología más allá de la soja para biodiesel será señal de que al Gobierno no le interesa la problemática agrícola, que no ve la perspectiva ni el beneficio de la biotecnología para aumentar la productividad y garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria", dijo.

    El acuerdo apunta a la habilitación inicial de 250.000 hectáreas de cultivos con la nueva soja, destinados a la producción de unos 100 millones de litros de biodiesel, cantidades que se multiplicarían en los próximos años.

    Los más de 1,1 millones de hectáreas de cultivos actuales de soja, que atienden la demanda de las industrias de aceites comestibles y derivados de alimentos para humanos y animales, seguirán utilizando la semilla RR1, cuya productividad ha caído hasta en 40% en los tres últimos años a causa de la sequía.

    "Para los otros productos, como el maíz, el sorgo y el algodón, el Gobierno sigue mostrándose fuertemente cerrado al uso de la biotecnología, y esto plantea el riesgo de problemas de abastecimiento a un plazo no muy largo", dijo González.

    Ese riesgo fue señalado por pequeños productores de soja de Santa Cruz que dijeron la semana pasada que de persistir la situación de pérdidas provocada por la sequía considerarían convertirse en productores de frutas.

    El dirigente campesino Eliodoro Barrios, de la comunidad Limoncillo en el norte cruceño, dijo a esta agencia que "en algunos casos tenemos pérdidas de 100%, estamos convencidos que solo el cambio a la nueva biotecnología nos puede salvar de un colapso total".

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    El sojero, quien como casi todos sus compañeros de actividad es un migrante del altiplano occidental, agregó que no descartaba la posibilidad de cambiar de actividad, "tal vez intentando ser transportista o finalmente regresando a Oruro (oeste)".

    La experta afirmó que "esa advertencia no es exagerada, pero parece que el Gobierno no lo ve así, no cree en el riesgo de una especie de catástrofe agrícola, porque los grandes productores tienen formas de evitar o compensar pérdidas, pero los pequeños, que son la mayoría de los sojeros, no pueden soportar grandes períodos de déficit".

    En el frente ambientalista, la organización no gubernamental Probioma, una de las más activas en rechazo a la biotecnología, cuestionó la autorización de la soja HB4.

    El director de Probioma, Miguel Ángel Crespo, dijo en una declaración a medios de Santa Cruz que "es una decisión errada y apresurada porque se aprueba el uso de un evento (HB4) que en su país de origen (Argentina) todavía no logró la autorización para su comercialización".

    La industria sojera de Bolivia, que produce unos tres millones de toneladas al año, tiene gran peso en la economía local aunque es relativamente pequeña en Sudamérica, donde países vecinos como Argentina producen anualmente más de 30 millones de toneladas.

    Según los planes delineados por el ministro Sánchez, la producción de biodiesel comenzaría efectivamente en el plazo de un año. 

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