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    Creada hace 114 años con la intención de poblar la región de Ushuaia, albergó a los criminales más peligrosos de Argentina.

    Algunas ciudades florecen a orillas de ríos. Otras se asientan en llanuras para aprovechar los suelos. Los climas cálidos han sido también el motivo de origen de otras. Sin embargo, la ciudad argentina de Ushuaia creció alrededor de una terrible cárcel.

    "El penal funcionó de 1902 a 1947. La cárcel fue construida para habitar un espacio geoestratégico que estaba vacío, la ciudad más austral del país. Además de los presos, llevaron guardia cárceles, sus esposas y familias. La ciudad de Ushuaia surge un poco a la fuerza entre algunos comerciantes y la institución penal. La mayor parte de sus habitantes eran reclusos y guardias. El penal era lo más importante de la ciudad", explicó a Sputnik Carlos Vairo, director del museo Marítimo y del Presidio de Ushuaia.

    El sitio era reservado para reclusos con sentencias a cadena perpetua. Tenía cinco pabellones con celdas de un metro y medio por dos. Había 380 calabozos con muros de roca de 60 centímetros de espesor.

    Detrás de esas paredes, cumplieron penas algunos de los más populares y temibles asesinos. "Mateo Banks era hijo de una enriquecida familia de terratenientes. Asesinó a toda su familia para heredar los campos. El juego lo había llevado a perder prácticamente todo. Mató a sus hermanos, cuñadas y sobrinos, ocho víctimas en total", dijo Vairo.

    El más famoso de todos fue Cayetano Santos Godino, alias 'El petiso orejudo'. Capturado a la edad de 16, en 1912, las víctimas de este asesino eran todos niños a los que engañaba y luego prendía fuego, golpeaba con piedras en la cabeza o martillaba clavos en sus cráneos. Murió en su celda a los 44 años. La versión oficial es que lo mataron a golpes otros reclusos. 

    También había prisioneros políticos como Simón Radowitzky, un anarquista ucraniano. Condenado a prisión por un atentado contra el jefe de la policía de Buenos Aires. Tras una estadía de 21 años fue indultado y abandonó el país. "Luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil Española. Murió en México a los 65 años de edad. En el penal padeció muchas torturas. 

    Al igual que un tal Eduardo Sturla, un famoso boxeador de los años 30. [Los carceleros] le tenían bronca. Él se defendía. Cuando un guardia venía a golpearlo le daba una trompada y le rompía la mandíbula. Le daban grandes palizas. Esto era común. Más que torturas eran represalias. Los ponían desnudos en la celda con bajas temperaturas [la media en la ciudad es de 5 °C]. Le hacían sentir el rigor y padecer el lugar", afirmó Vairo.

    Tras 45 años de existencia el penal dejó de funcionar. "Era un sitio inhumano. Ninguna celda tenía facilidades para ir al baño. La calefacción era deficiente. En cada pabellón, de 75 metros de largo, había tres tachos metálicos en donde se tiraba leña. La gente se enfermaba mucho. Al estar lejos de Buenos Aires los jefes hacían lo que querían y nadie se enteraba", sostuvo Vairo.

    Hoy, el presidio se ha convertido en un polo turístico y cultural que mantiene vigente el recuerdo de lo sucedido. "Es muy importante conservar la memoria de este lugar porque ahí pasó de todo. Guarda una memoria triste de cómo fundar un lugar", concluyó el director del museo.

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    Etiquetas:
    criminales, ciudades, cárcel, Argentina
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