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    Alejandro Solalinde, sacerdote católico

    Solalinde insiste que algunos estudiantes de Ayotzinapa fueron quemados vivos

    © AFP 2019 / Yuri Cortez
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    Desaparición forzada de 43 estudiantes en Iguala (75)
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    El sacerdote Alejandro Solalinde, quien ofreció a esta agencia la primicia del primer testigo que le confesó la masacre de estudiantes de Ayotzinapa, hace un año en el estado de Guerrero, sur de México, ha reafirmado a Sputnik Nóvosti que “algunos alumnos fueron quemados, incluso vivos”.

    “Después vienen otras personas para hablarme del tema; y el sexto testigo vuelve a decirme que algunos habían sido quemados, pero menciona cada vez más al Ejército, menciona además la participación de la Policía Federal; a mí me queda la duda, la inquietud de que en el destino final tiene que ver el Ejército”, enfatiza el religioso poco antes de abordar un vuelo hacia Nueva York, acompañado de familiares de los 43 alumnos desaparecidos con la intención de saludar al Papa Francisco en EEUU.

    Solalinde, 70 años, Premio Nacional de Derechos Humanos 2014, recuerda que el primer testimonio lo recibió en la feria Internacional del Libro de la Ciudad de México, donde presentaba un libro sobre migrantes: “fue en octubre del año pasado, se me acercó una persona para saludar y tomarse una foto”, días después de los ataques contra los alumnos perpetrados la noche del 26 de septiembre y la madrugada siguiente en Iguala, Guerrero (220 km al sur).

    “Entonces, de repente, aprovechando de que no había mucha gente allí me empezó a contar que a algunos de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa los habían quemado, y algunos incluso todavía vivos”, dice el religioso desde su teléfono móvil para recordar su primer testimonio a la luz de los nuevas investigaciones.

    “El primer testigo me dijo que a los estudiantes los habían quemado, también me dijo que algunos estudiantes fueron obligados a subir a un alto, y que allí fueron golpeados, disparados e incinerados”, vuelve a recordar el religioso.

    Ese testigo “me dijo que un grupo, no sé cuantos, fueron quemados, y no sé el lugar exacto, nunca me lo dijeron, pero fue lo que me dijeron, según este testimonio, habrían sido quemados”.

    El cura católico sigue manteniendo en reserva el secreto de confesión: “no voy a decir ni el género ni la edad, hay mucha gente que sabe mucho más; pero no quieren decir más, hay mucho miedo, hay otras personas que saben cosas y no las dicen; y hay cosas que algunas autoridades saben y tampoco lo quieren decir”.

    Para Solalinde el papel de la Policía Federal y el Ejército es la pieza que falta en el del rompecabezas.

    “El segundo confidente, también de esa zona de la tragedia, me relata algo parecido; después vino un tercer confidente, con quien se hizo un video que se va a empezar a publicar, es un estudiante de primer año de magisterio”, prosigue el religioso galardonado por su trabajo con migrantes ilegales en el albergue Hermanos en el Camino, en Oaxaca.

    “Con él nos vemos junto con otras personas en la Ciudad de México, y me cuenta sobre el primer ataque”, perpetrado por policías municipales de Iguala, Guerrero, (220 km al sur), contra los estudiantes que habían ocupado cinco autobuses para viajar a la capital mexicana, al aniversario de la masacre de universitarios del 2 de octubre de 1968.

    “Él comienza a mencionar la presencia del Policía Federal y del Ejército mexicano; eso me alarmó, pero después no le di más importancia”, recuerda el religioso.

    Solalinde afirma que sus nuevos cuestionamientos parten de cuatro informes: el primero del Centro de DDHH de la Montaña de Guerrero Tlalchinollán, el segundo del jesuita Centro de DDHH Agustín Pro; el tercero de la Comisión Nacional de DDHH (CNDH, Ombudsman federal); y el ultimo del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independiente de la Comisión Interamericana de DDHH.

    “La principal conclusión de esos informes es que apuntan cada vez más al Ejercito, y los expertos piden que se investigue al menos a 10 elementos del ejército”, apunta.

    “La pregunta que le tenemos que hacer al Gobierno es que si los forenses de Innsbruck (Austria), aseguran que los restos incinerados son de dos estudiantes, pero las investigaciones científicas niegan la posibilidad de hayan sido quemados en el basurero de Cocula (pueblo vecino de Iguala), entonces ¿de dónde los sacó, de un horno crematorio?”, interroga.

    Por aquella entrevista con Sputnik Nóvosti, Solalinde fue llamado a testificar ante el entonces Procurador General, Jesús Murillo: el 23 de octubre acudió acompañado de la escritora Elena Poniatowska, Premio Cervantes de Literatura: “el exprocurador nos habló de 12 cuerpos que estaban siendo traídos a la Ciudad de México desde Iguala, de esos restos él nunca volvió a hablar. ¿Quiénes eran? Nunca se supo de eso, y somos testigos que nos lo dijo”.

    El religioso preguntó al Procurador: “díganos Procurador qué pasó con los alumnos de Ayotzinapa; el movió la cabeza y trono los dientes: es muy sencillo es cuestión de narcotráfico”, les dijo Murillo.

    “Fue un enfrentamiento entre dos mafias del estado de Guerrero: entre los Guerreros Unidos y Los Rojos”, insinuando que entre los estudiantes habría algún miembro de Los Rojos. Días después, ante la presión de los padres de familia, el Procurador retiró toda la posibilidad de esa hipótesis.

    “La persona que me dijo que los quemaron, mencionó que se uso diesel, gasolina y algún combustible en algún lugar, entendí en ese momento que era un grupo pequeño, nunca que era un grupo grande, solo algunos” de los 43 desaparecidos.

    Y resume la secuencia del rompecabezas: “para mí, de acuerdo a todos los dictámenes y testimonios de algunas víctimas, creo que los policías municipales los habrían entregado a policías federales y al Ejército, ellos deben dar la explicación sobre el destino final de los estudiantes”.

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    masacre, quema, secuestro, Alejandro Solalinde, Ayotzinapa, México, Iguala