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    Malí está haciendo frente a un nuevo desafío político: los militares se hicieron con el poder en el país al arrestar al presidente y disolver el Parlamento y el Gobierno. Pero para entender las causas de la revuelta de los militares hay que saber el contexto político e histórico. Sputnik relata los pormenores del motín actual.

    La historia del descontento popular con el presidente Ibrahim Boubacar Keita, quien llegó al poder en 2013, se remonta a junio de 2020 cuando la oposición maliense protagonizó manifestaciones multitudinarias exigiendo la dimisión del líder de la nación. Los manifestantes acusaban al presidente de no ser capaz de tomar medidas adecuadas contra la corrupción en el nivel más alto de la gestión política del país. 

    Otra causa del descontento de la población fue su incapacidad de garantizar la seguridad dentro de la nación. Como consecuencia de las protestas que derivaron en choques violentos, fallecieron al menos 14 personas. La población y un sector de los militares aguantaron varios meses, pero finalmente perdieron la paciencia: el 18 de agosto, los militares empezaron una revuelta contra la gestión política maliense.

    Los amotinados, presuntamente encabezados por el coronel y exdirector de una escuela militar Sadio Camara, en las primeras horas de su revuelta lograron establecer el control del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas malienses y arrestar también a la gestión militar. A esto, le siguieron los arrestos de los funcionarios públicos.

    Los militares trasladaron al presidente Keita y al primer ministro del país, Boubou Cisse, a la base militar Kati que se había convertido en el centro de sus operaciones. Después de un rato, el presidente Ibrahim Boubacar Keita se dirigió a la nación en un discurso televisivo durante el que anunció su dimisión y explicó que preferiría evitar que se derramara sangre.

    El 19 de agosto, los amotinados anunciaron la creación del Comité Nacional de Salvación del Pueblo con el fin de celebrar elecciones "en un plazo razonable" y restaurar la estabilidad. Los militares llamaron a tomar el camino hacia la transformación política. Entretanto, introdujeron el toque de queda en el país y cerraron las fronteras.

    Un largo historial de revueltas

    Malí tiene un largo historial de golpes de Estado y revueltas militares: la situación en esta nación africana nunca ha sido completamente estable. Tras obtener la independencia en 1960 fue elegido el primer presidente maliense, Modibo Keita. El mandatario proclamó que su país desarrollaría lazos más estrechos con la Unión Soviética, pero también mantuvo relaciones con Estados Unidos y el país que los había colonizado, Francia.

    Muchos no estuvieron contentos con el regreso de los franceses a Malí porque las heridas de la época colonial todavía estaban abiertas. Algunos partidarios del presidente dejaron de apoyarlo y, como resultado, la crisis política culminó con un golpe de Estado de 1968 liderado por Moussa Traoré. Modibo Keita fue arrestado y murió en prisión.

    Moussa Traoré se convirtió en el presidente de la República de Malí en noviembre de 1968 y ostentó este cargo durante 23 años, hasta marzo de 1991. Fue entonces cuando Traoré fue derrocado tras un golpe de Estado orquestado por el coronel Amadou Toumani Touré, quien pasó a gobernar el país y ostentó el cargo de presidente entre 1991 y 1992 y, luego, entre 2002 y 2012.

    En las elecciones presidenciales de abril de 1992 salió victorioso el político Alpha Oumar Konaré. El expresidente Moussa Traoré fue condenado a pena de muerte, pero pronto hubo un cambio en la sentencia y lo condenaron a cadena perpetua. Traoré y varios de sus partidarios fueron indultados en 2002 como parte de la política de reconciliación nacional.

    Las nuevas autoridades proclamaron al primer presidente, Modibo Keita, héroe nacional. Amadou Toumani Tour, quien gobernó el país la segunda vez entre 2002 y 2012, también fue derrocado por los militares: anunció su dimisión y se dirigió a Senegal. Hubo también otras revueltas militares.

    Justo en esa época el país se hizo frente a la amenaza terrorista en el norte. Malí tuvo que recurrir en 2012 a la ayuda de los militares franceses para poner fin a la rebelión de los tuaregs y erradicar las agrupaciones yihadistas, pero estos no lo hicieron por completo: ciertos grupos siguen operando con efectividad en el norte de Malí.

    Inestabilidad crónica

    Tras el golpe de Estado de 2012 empezó el período de transición en la República de Malí. En las presidenciales celebradas en julio de 2013 Ibrahim Boubacar Keita ganó con el 77%. Durante su campaña presidencial, prefirió no hacer énfasis en el golpe de Estado de 2012 y no habló del tema de la responsabilidad de los golpistas. Y esta táctica resultó ser victoriosa. 

    Sin embargo, después de su triunfo, Keita empezó a limpiar la gestión política del país de los participantes del golpe de Estado de 2012: en particular, el líder del motín, capitán general Amadou Sanogo —quien ostentó el cargo del jefe de Estado de Malí entre marzo y abril de 2012— fue encarcelado. 

    Durante el primer mandato de Keita, la población estuvo más o menos contenta con la política del presidente. Pero su índice de aprobación empezó a disminuir paulatinamente. En las presidenciales de julio de 2018 Keita salió victorioso con el 67% de los votos. Sin embargo, durante el segundo mandato, su popularidad se desplomó: empezaron las protestas.

    El presidente no logró traer estabilidad económica ni política al país que está siendo asolado por conflictos étnicos y religiosos que han causado centenares de víctimas, incluso civiles. En el norte del país persiste la amenaza por parte de los independentistas tuaregs y los islamistas afiliados con Al Qaeda y ISIS—ambos grupos terroristas están proscritos en Rusia y otros países—.

    Ibrahim Boubacar Keita fue perdiendo sus posiciones políticas a lo largo de los últimos meses y efectivamente ha fracasado en presentar una agenda política viable para el país que complaciera a la mayoría de la población. Entonces, el descontento alcanzó ciertas unidades de las Fuerzas Armadas y quedó claro que no se lograría evitar un nuevo golpe de Estado, el quinto en el medio siglo de la historia maliense.

    Si bien la comunidad internacional no apoyó las acciones de los militares amotinados e incluso exigió que devolvieran el poder a una Administración civil, parece que los militares seguirán su propio camino y van a imponer lo que les plazca. En resumidas cuentas, la historia maliense parece ser un disco rayado: es posible que en esta nueva etapa de la historia, este foco de inestabilidad crónica repita los errores del pasado.
    Etiquetas:
    detención, motín, inestabilidad, golpe de Estado, Malí
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