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Garbiñe Muguruza brilla bajo el sol de México

© REUTERS / Henry RomeroGarbiñe Muguruza tras el partido de semifinales del Torneo de Maestras ante Paula Badosa (Guadalajara, México)
Garbiñe Muguruza tras el partido de semifinales del Torneo de Maestras ante Paula Badosa (Guadalajara, México) - Sputnik Mundo, 1920, 17.11.2021
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Garbiñe Muguruza derrotó a Paula Badosa en el duelo de semifinales del Torneo de Maestras. Partido fratricida entre las tenistas por convertirse en la segunda española en llegar a la final de la competición que reúne a las ocho mejores raquetas del año.
El sol caía con fuerza sobre la pista del Akron Tennis Stadium. El astro rey reinaba sobre Guadalajara, sede del Torneo de Maestras. Los asistentes lucían gorras y pamelas. Los mismos agarraban cervezas o refrigerios para calmar la sed. Algunos acompañaban sus bebidas con la bandera rojigualda. Sobre el conglomerado, Garbiñe Muguruza y Paula Badosa. Ambas conformaban la primera semifinal de la competición completamente española. Era un día de luz para el deporte femenino del país. No obstante, solo una podía ser la protagonista de la fiesta y esa fue Muguruza.
La hispanovenezolana gobernó en la capital de Jalisco de principio a final. Seria y concentrada, Muguruza castigó a su rival con un tenis de precisión y agresividad. La pelota volaba en la raqueta de la nacida de Caracas, estimulada por los más de 1.500 metros de altitud de Guadalajara. La historia del encuentro pasaba por ella. Badosa era una espectadora más.
© REUTERS / Henry RomeroGarbiñe Muguruza durante el partido de semifinales del Torneo de Maestras ante Paula Badosa (Guadalajara, México)
Garbiñe Muguruza durante el partido de semifinales del Torneo de Maestras ante Paula Badosa (Guadalajara, México) - Sputnik Mundo, 1920, 17.11.2021
Garbiñe Muguruza durante el partido de semifinales del Torneo de Maestras ante Paula Badosa (Guadalajara, México)
En pocos minutos, Muguruza tenía un 4-1 a su favor. Su contrincante se tapaba la cara con la toalla. Su lenguaje corporal era el de los nervios. Estrés que combatía con saques que rozaban los 200 kilómetros hora. Badosa mostraba destellos de brillantez, síntoma del gran nivel tenístico que le ha permitido ingresar entre las 10 primeras de la clasificación. Sin embargo, al otro lado de la red, la caraqueña no bajaba el ritmo. En poco más de media hora llegó el 6-3 para Muguruza en el primer set.
El segundo parcial fue similar. La hispanovenezolana mantuvo sus golpes y el ataque al segundo servicio de Badosa. La catalana, frustrada y nerviosa, no era capaz de enlazar los puntos de calidad que destilaba su raqueta. Muguruza no se lo permitía desde el fondo de la pista. Otro 6-3 puso punto y final al duelo.

"Es el mejor partido, de lejos, que he jugado aquí en Guadalajara. Ya me siento finalista porque lo acabo de conseguir, pero ha sido muy complicado. Nunca nos habíamos enfrentado y eso añade un nerviosismo extra", comentó Muguruza.

La experiencia de una se impuso a la juventud de la otra. Al final del partido, ambas acabaron fundidas en un abrazo bajo el calor guadalajarense. Cerraban la celebración del tenis español. Muguruza se convirtió en la segunda tenista del país en alcanzar la final del Torneo de Maestras. La primera fue Arancha Sánchez Vicario en 1993.

Una vida de tenis

Muguruza siempre tuvo claro que quería dedicarse al tenis. De pequeña pasaba largas horas en el club de tenis de Guatire (Venezuela) viendo jugar a sus hermanos mayores. Con dos años empuñó una raqueta por primera vez. No la volvería a soltar.
Con seis años dejó su Venezuela natal para ingresar en la academia de Sergi Bruguera en Barcelona. Allí completaría su formación e iniciaría su andadura por el mundo profesional. En 2012 asombró al vencer a la número dos del mundo, la rusa Vera Zvonariova, en su primera aparición en un torneo WTA. Desde ahí su ascenso fue progresivo. Se hizo con su primer torneo en 2014 en Hobart (Australia). En 2015 alcanzó su primera final de Grand Slam en Wimbledon y ganó su primer título de Masters 1000 en Pekín. Al año siguiente derrotaba en la final de Roland Garros a su ídolo de la infancia, Serena Williams. En 2017, hizo lo mismo en Wimbledon ante su hermana, Venus Williams. El número uno del mundo llegó ese mismo año.
La tenista cumplió 28 años el 3 de octubre. En su palmarés, nueve trofeos, dos de ellos de Grand Slam. Una carrera consistente, de grandes títulos, aunque escasa en números. Las lesiones han lastrado su avance, al igual que una mala racha de juego que acabó con el despido de su entrenador Sam Sumyk. Ahora, la hispanovenezolana está bajo las órdenes de la también campeona de Grand Slam Conchita Martínez. Con ella, superó el bache de resultados. A su lado buscará graduarse como maestra.

"Este torneo lo pongo al mismo nivel que un Grand Slam porque son ocho jugadoras y cada partido es como una final. Es un trabajo que he realizado durante mucho tiempo y no sabes cuándo puedes conseguir un torneo como éste. Ahora estoy en una buena posición para dar el golpe final e irme a casa con una súper temporada", añadió Muguruza.

El último escollo para levantar el trofeo es la estonia Anett Kontaveit. La jugadora de la república báltica viene con un gran nivel de tenis. Precisamente, Muguruza la venció en la fase de grupos de la competición por un doble 6-4. Semanas atrás, la tenista de Tallin la arrasó en Moscú. Duelo equiparado por conquistar el olimpo de las maestras, en el que residen Martina Navratilova, Steffi Graf, Chris Evert, Martina Hingis, Monica Seles, Serena Williams, Venus Williams, Justine Henin, María Sharapova o Caroline Wozniacki. También la australiana Ashleigh Barty, la última campeona. Muguruza quiere el testigo.
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