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"El fanatismo es una enfermedad peor que el COVID": las vidas pasadas del 'camarada' Sergio Cabrera

© Foto : Cortesía de Alfaguara / Archivo familiar de Sergio CabreraSergio Cabrera, en una imagen durante sus años en China
Sergio Cabrera, en una imagen durante sus años en China - Sputnik Mundo, 1920, 04.06.2021
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El director de cine colombiano, residente en Madrid, rememora su infancia en China bajo el régimen maoísta o su paso por la guerrilla en ‘Volver la vista atrás’, un libro de su amigo Juan Gabriel Vázquez.
Está el Sergio Cabrera director de cine. O el Sergio Cabrera congresista. Incluso el Sergio Cabrera descendiente de exiliados españoles. Pero ninguno de ellos protagoniza Volver la vista atrás: en este libro, escrito por Juan Gabriel Vásquez y publicado recientemente por Alfaguara, el Sergio Cabrera que aparece es otro. El de una vida pasada que es, a la vez, un abanico de muchas vidas.
Son las de aquel que nació con el odio a Franco instalado desde el viaje de su familia a lomos de un buque transoceánico. Aquel cuya infancia se desarrolló en el mundillo cultural de Medellín y cuya adolescencia se forjó bajo la deidad de Mao Zedong, en China. Aquel que, después, regresó a Colombia para alistarse a la guerrilla. Aquel que, en definitiva, comulgaba con los mandamientos comunistas y al que llamaban camarada.
© Foto : Cortesía de Alfaguara / Archivo familiar de Sergio CabreraSergio Cabrera y su familia, en una imagen durante sus años en China
Sergio Cabrera y su familia, en una imagen durante sus años en China - Sputnik Mundo, 1920, 04.06.2021
Sergio Cabrera y su familia, en una imagen durante sus años en China
Y solo duran hasta los 24 años. Menos de un cuarto de siglo en el que, como se dice en el libro sobre otro de los personajes, la vida es más grande que la historia: "No es que te cuenten una historia, es que la historia las arrastra". Porque todo lo que se relata en 470 páginas es una aventura. Real. Desde aquellos abuelos republicanos que abandonan un país en guerra con un billete a República Dominicana (cuando la capital era Ciudad Trujillo y no Santo Domingo) hasta que la revolución, como concepto amplio y concreto al mismo tiempo, abandona su espíritu.
"Tuve una epifanía", comenta ahora Cabrera, nacido en Medellín en 1950, para definir ese desenlace que deriva en un periodo "menos interesante" como cineasta. Lo hace en el salón de su casa, situada en el barrio madrileño de Chamberí, entre pausas que prologan cada respuesta. Lleva unos meses en esta ciudad, aunque no es su primera estancia en España: el colombiano también ha pasado temporadas en Barcelona, donde vivieron sus abuelos. La ha intercalado con su país natal, Londres, Cuba o, por supuesto, China. Allí vuelve a menudo y es testigo de cómo ha cambiado: "No tiene nada que ver", zanja.
© Sputnik / Alberto García PalomoEl director de cine Sergio Cabrera en su casa de Madrid
El director de cine Sergio Cabrera en su casa de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 04.06.2021
El director de cine Sergio Cabrera en su casa de Madrid
Porque cuando él estuvo corría la década de los sesenta. Y el comunismo maoísta era como una religión que añadiría salmos nuevos con la Revolución Cultural. Cabrera se fue con sus padres, Fausto y Luz Elena, y su hermana, Marianella. Tenía 13 años y pasó seis. Al principio, vivían juntos, toda la familia, en un hotel. Compartían el inmueble con otros extranjeros contratados por el régimen, rendidos a la causa desde una morada que tenía más que ver con un plató de ficción que con el paisaje exterior. Luego se quedaron ellos dos solos. Pequeños púberes convertidos en soldados de la Guardia Roja que decidieron someterse a la humilde quimera de cambiar el mundo.
"La revolución empezó en el 49. Llevaba muy pocos años. Y luego llegó la Revolución Cultural de Mao, que cambió la catequesis del comunismo", explica Cabrera. Su ingreso en un colegio de Pekín le metió de lleno en esta doctrina. "Todo te llevaba a ese único camino", arguye. Tanto las clases como los libros se impregnan de ideología. Y la traducción en terreno es una sociedad que, como se menciona en el libro, reza a "un Dios vivo".
En China, rememora el director, no había ni ricos ni pobres: "Había una intención de igualdad muy grande. No podía evitar compararla con Colombia, donde te encuentras con la desigualdad nada más pisar la calle". Eso le atrajo: los diarios que se exhiben en el libro exhuman unos pensamientos en sintonía con Marx, Mao y otros líderes. La semilla venía de sus padres, fieles a ese alma internacionalista, y se propagó a su hermana. Ambos asisten a asambleas, forman parte troncal del movimiento y hasta se alistan en la lucha armada cuando retornan a su tierra.
Con 19 años, Cabrera entra en el Ejército Popular de Liberación (EPL), una de las guerrillas de la nación. Hoy sigue existiendo junto a otras más grandes, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) o las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). "Ahora son auténticos ejércitos, como el regular", comenta el director, "pero entonces no teníamos ni ropa". El narcotráfico ha inflado los ingresos y ese ambiente insurrecto se diluye con las nuevas corrientes. "Termina contaminando", arenga quien lidió con antiguos compañeros como congresista de la Cámara de Representantes en Bogotá y quien la ha retratado en sus filmes.
© Cortesía de Alfaguara / Archivo familiar de Sergio CabreraSergio Cabrera, en una imagen durante sus años en China
Sergio Cabrera, en una imagen durante sus años en China - Sputnik Mundo, 1920, 04.06.2021
Sergio Cabrera, en una imagen durante sus años en China
Integrarse en un grupo guerrillero con el objetivo de modificar la sociedad era algo que sucedía en más sitios. Acaba de morir el Che Guevara y la época de los sátrapas en el continente sudamericano se tambaleaba. Sin embargo, acabó pronto: a los 24, después de intensos periodos de selva, Cabrera y su familia se marcharon de nuevo a China. Con una identidad nueva y ganas de paz. Hasta que tuvo esa epifanía. Esa especie de revelación que extrajo su afán revolucionario y lo mandó a Londres.
Allí estudió cine, en contra de su padre, el dramaturgo Fausto Cabrera. "No lo entendía, porque yo actuaba, iba a sus montajes desde niño. Lo que no quería es que me fuera de China", aclara. Esa decisión es, de hecho, el final del libro y el punto de inflexión con su progenitor. Después de la discusión en la que decide marcharse, la relación entre ambos se enfrío. No era mala (es más, Fausto aparece en todas sus películas), pero tampoco buena. Y sobre ese tira y afloja paterno-filial está articulado también el libro: los pasajes transitan entre el año 2016, año de defunción de su padre, y aquellos instantes de juventud.
"El argumento para escribir el libro es que me di cuenta de que el ideal comunista ha sido maltratado", matiza, no obstante, Cabrera. "Se mete en el mismo saco que el nazismo, y los jóvenes de entonces teníamos unos ideales de cambiar el mundo, de grandeza y de nobleza para la humanidad. No salió, pero lo intentamos. Y en ese propósito no nos dimos cuenta de que habíamos caído en el fanatismo, que es una enfermedad peor que el COVID. Se contagia muy fácil y tiene difícil cura", reflexiona, puntualizando con respecto a la situación actual de su país, que eso no quita que haya que sublevarse: "El precio es alto, pero nunca los derechos se han conquistado por las buenas".
Cabrera cree que la falta de amplitud de miras ha sido el gran lastre del comunismo. "Los comunistas en general son, éramos, muy moralistas", añade, acusando a la izquierda en general de indulgente. "Uno de sus grandes defectos es la falta de autocrítica. Por mi experiencia, creo que la voluntad del espíritu humano es desviarse a explorar y comprobar si un pensamiento es correcto. Y lo que ha hecho que fracasen todos los comunismos es que no ha habido ninguno más tolerante, abierto, que no castigue al que se sale", expresa, lamentando que "este mundo capitalista" haya "acogido" los "peores puntos del comunismo".
© Sputnik / Alberto García PalomoEl director de cine Sergio Cabrera en su casa de Madrid
El director de cine Sergio Cabrera en su casa de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 04.06.2021
El director de cine Sergio Cabrera en su casa de Madrid
"Hemos perdido la capacidad de decir lo que se piensa por la corrección política. Han adaptado el estar pendiente de lo que se puede decir. Y yo abogo por la libertad de pensamiento", reflexiona el autor de Todos se van o Golpe de estadio, películas que se criticaron desde distintos espectros ideológicos por su forma de exponer el éxodo cubano o el conflicto colombiano de guerrilla y paramilitares.
Si no eres radical, alega, "te dan palos desde los dos lados". "Es difícil estar en un punto ecléctico", zanja quien estrenó en 1993 una obra capital del cine colombiano como es La estrategia del caracol, que muestra la cooperación de unos vecinos, y quien aún carga con las lentes rojas que dictaminan lo que es "pequeñoburgués".
Ordenar su vida, o parte de ella, en Volver la vista atrás fue "un proceso gradual". Amigo de Juan Gabriel Vásquez desde hace 20 años, Cabrera le contaba anécdotas del pasado en cenas y momentos compartidos. El escritor, nacido en Bogotá en 1973 y autor de obras como El ruido de las cosas al caer, le dijo que quería hacer algo, pero no sabía si biografía o novela. "Llevaba siete años con la idea, y ya en la pandemia se puso en serio. El compromiso era que yo diera el visto bueno y todo me pareció bien. Lo trata muy bien. Todo lo que cuenta es verdad, lo interesante es la forma en que lo hace", confiesa.
Una forma que, indica Vásquez en el epílogo, va "más allá del recuento biográfico". "La interpretación es también parte del arte de la ficción; que el personaje en cuestión sea real o inventado es, en la práctica, una distinción inconducente y superflua", considera. En este caso, la novela tiene nombre y apellidos de un tipo al que se le apela como director o como expolítico, pero que durante un vibrante lapso pretérito era sencillamente el camarada Sergio Cabrera.
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