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Matar a los hipopótamos en Colombia: ¿impopular pero acertado?

Un hipopótamo - Sputnik Mundo, 1920, 27.02.2021
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El más reciente estudio estima que, de no controlar este mamífero que se ha expandido en Colombia, habrá un impacto irreversible en el ecosistema. Sectores ambientalistas creen que sacrificarlos no puede ser la salida más rápida. Sputnik consultó a cinco expertos sobre qué hacer con esta especie invasora que llegó por cuenta del narcotráfico.
Una manada de hipopótamos que trajo de África el narcotraficante Pablo Escobar en la década de 1980 y que quedó a la deriva desde entonces se ha convertido en el motivo de enfrentamiento entre dos sectores que usualmente están del mismo lado: ambientalistas y animalistas.
La discusión se trenzó a partir de un reciente estudio, publicado en la revista científica Biological Conservation. El documento estima que de las tres hipopotamas y el macho que trajo el narcotraficante Escobar, en el año 1982, a la Hacienda Nápoles, en el Magdalena Medio colombiano, hoy hay cerca de 93 a 102 individuos deambulando sin control.
La investigación advierte que de no controlar esta especie foránea, la población podría aumentar hasta 1.500 animales para el año 2039, lo cual conllevaría graves consecuencias para las fuentes hídricas y la fauna y flora nativa.
Rafael Moreno, uno de los coautores del estudio, explicó que a partir de una discusión en redes sociales con algunos biólogos se dieron cuenta de la necesidad de hacer una evaluación cuantitativa de esta situación.
Moreno asegura que los estudios que se conocían hasta el momento ya indicaban un incremento poblacional de los hipopótamos, pero sospechaba que las estimaciones subestimaban la dimensión y el impacto.
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¿Qué dice el estudio?

En Colombia los hipopótamos no tienen depredadores, ni controladores poblacionales por su clima tropical. "El clima, por ejemplo, actúa como controlador natural. En tiempos de sequía en África hay una alta mortalidad de estos animales", explica el biólogo.
"Los anteriores estudios hablan de 80 como máximo, nosotros proyectamos 105, con margen de error de cinco ejemplares por encima o cinco por debajo. El modelo utilizado es robusto", sostiene el investigador, quien señala que con los datos obtenidos se abrió la segunda pregunta: ¿cómo vamos a controlar esta problemática?

"El mismo software nos permite implementar siete estrategias: cuatro en castración y tres en sacrificio. La diferencia entre unas y otras es que la castración incluye reubicación de los animales, esto querría decir que aún atacando la reproducción de la especie mantenemos los efectos nocivos sobre los ecosistemas", afirma este docente.

Al final, las estrategias modeladas establecieron que, logísticamente, la castración tiene un máximo de 20 individuos anualmente, pues el método requiere técnicas de ceba, captura y esterilización, lo cual hace riesgoso, dispendioso y costoso cada procedimiento.
"Por eso establecimos que la castración no es suficiente para erradicarlos. El hecho de que no se puedan castrar todos al tiempo hace más inviable este modelo", explica.
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Las otras tres estratégicas estudiaron el sacrificio: "Partimos de la eliminación de cinco individuos de cada sexo hasta 15, y concluimos que solo cuando se logra sacrificar a 30 individuos anualmente se logra la extinción de la población, aproximadamente en el año 2032".
El resultado del análisis geográfico en el que se mueven los hipopótamos arrojó que en el peor escenario, con una expansión de 1.500 hipopótamos en Colombia, su área de colonización sería todo el Magdalena Medio y la Depresión momposina, una cuenca hidrográfica de más de 24.000 kilómetros cuadrados, al norte del país. Áreas con una oferta climática excepcional para la vida de estos mamíferos herbívoros.
"Ni el sacrificio por sí solo ni la castración son suficientes para controlar esta especie. Nuestra propuesta es hacer las dos simultáneamente: castración y sacrificio a razón de 30 individuos al año", puntualiza el investigador Moreno.

¿Cuáles son los impactos ambientales de los hipopótamos?

Los hipopótamos son una especie introducida en Colombia por cuenta de la excentricidad del más violento narcotraficante que ha conocido la historia del país. Lo hizo al parecer con dos objetivos: enriquecer su zoológico privado y utilizar el excremento de los hipopótamos para cubrir cargamentos de cocaína y así extraviar el olfato de los perros de rastreo de droga en los aeropuertos.
Cuando Escobar murió abaleado por la Policía en Medellín en 1993, los hipopótamos quedaron a la deriva en el Magdalena Medio. La primera noticia de que estos animales deambulaban por el río que atraviesa a todo Colombia y las ciénagas aledañas a los municipios de Puerto Triunfo y Doradal, en el departamento de Antioquia, fue la fotografía de un grupo de soldados posando al lado del cuerpo sin vida de Pepe, el macho traído por el narco y cazado en 2009 por miembros del Ejército, a solicitud de la autoridad ambiental regional.
Desde entonces la presencia de estos poderosos mamíferos se ha vuelto materia de reiterados debates que van fácilmente de lo ambiental a lo emocional. Sin embargo, sobre las consecuencias que trae esta especie para los ecosistemas nativos existe una cierta unanimidad: la especie genera efectos nocivos en los cuerpos de agua, en las plantas y en la interrelación con otras especies, incluyendo el ser humano.
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Estos animales son de los mamíferos más agresivos e invasores, y se definen como "ingenieros del ambiente" porque, por su tamaño, modifican los entornos en los que habitan.
"Lo más conocido de los hipopótamos es que generan cambios en los ecosistemas acuáticos por su gran masa. Son animales que transportan energía entre ecosistemas. Permanecen en el agua en el día y por la noche salen a alimentarse en la tierra. Ese alimento que consumen se convierte, cuando ellos defecan, en energía. Las estimaciones hablan de seis kilogramos de popó al día", explica Moreno, para indicar que al introducir energía en los ecosistemas acuáticos las especies que lo habitan crecen más rápido y consumen más oxígeno y esto produce una enorme mortandad de peces.
Frente a las consecuencias para la interacción con otras especies, Moreno asegura que los hipopótamos son animales muy eficientes y que en Colombia las dos especies de herbívoros acuáticos existentes son los chigüiros y el manatí antillano. "Estos animales nunca han tenido una competencia de tal magnitud, así que resultarían fuertemente afectados", sostiene.
La apreciación es compartida por el biólogo Juan Ricardo Gómez, doctor en Estudios Rurales y Ambientales de la Universidad Javeriana, quien hizo una maestría con especies exóticas invasoras.
"Desde el punto de vista técnico hay claridad sobre lo que hay que hacer, pero la perspectiva de los animalistas se convierte en un obstáculo para tomar decisiones acertadas en materia de conservación, pues está afectando a chigüiros, nutrias, peces que se verán desplazados de sus territorios", explica Gómez.
Este biólogo reitera que los hipopótamos son los animales más agresivos de África y que también representan riesgos para la gente que habita áreas que vienen colonizando. "Por ahora son relativamente pocos los encuentros entre hombres e hipopótamos, pero en la medida en que aumente su población habrá más contacto con estos animales, que son muy agresivos. El costo futuro cada vez será mayor y las capacidades de actuar cada vez menos. Estamos en el punto en que actuar es posible, pero más adelante serán incontrolables y los costos pueden ser de vidas humanas, grandes pérdidas económicas y ecológicas".
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En palabras de Goméz la conclusión sobre qué hacer con los animales es clara. "La castración es una medida que no es factible. No hay zoológicos suficientes que reciban estos hipopótamos. Nadie va a asumir el costo del traslado y captura de estos animales. Castrarlos es riesgoso para el personal técnico y es una medida que no asegura efectividad, pues continuaremos viendo los efectos porque son una especie que vive 80 años", analiza.
"Hace 11 años dije que se necesitaba matar a estos animales. En ese momento no nos creyeron, trajeron expertos internacionales y la conclusión fue: maten a los hipopótamos. La solución se conoce, pero hay temor político de lo que implica. Es impopular pero acertado", expresa por último.

¿Qué dicen los animalistas?

La veterinaria Isabel Naudín es directora médica para Latinoamérica de la organización Animal Balance y se declara en contra del sacrificio de los hipopótamos como respuesta al problema. Para ella se necesita tiempo y creatividad para tomar la decisión más acertada. "Este es un problema que necesita ser tratado de una manera integral, teniendo en cuenta diversos factores, incluyendo los sociales y económicos", dice.
Según Naudín no existe prueba científica de las afectaciones a la fauna y flora silvestre por parte de estos seres, por lo que sugiere que se deben realizar estudios en estas materias antes de tomar decisiones drásticas como el sacrificio.
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Uno de sus argumentos es que los efectos de los hipopótamos en los ecosistemas son comparables a los que produce la ganadería, por lo que cuestiona que contra esta actividad no se declare una guerra frontal. Su propuesta apunta a la esterilización quirúrgica y a que se tome una decisión con calma y luego de realizar estudios soportados en datos más concretos sobre los efectos nocivos de esta especie en los ecosistemas.
"El hombre ha intervenido los cuerpos de agua durante décadas para la actividad ganadera, incluso los lagos de Nápoles [la hacienda de Pablo Escobar donde habita una manada] fueron construidos artificialmente", expresa.
Naudín también considera que en este debate no se tiene en cuenta la mirada de los habitantes de las zonas "afectadas" por los hipopótamos y asegura que desde esa orilla son considerados como el principal atractivo turístico y una salida económica al abandono y la guerra.

¿Castración o sacrificio?

Desde otro lugar habla Elizabeth Anderson, ecóloga y profesora de estudios ambientales en Florida International University: "Es una situación compleja. Es cierto que la población de hipopótamos puede crecer bastante en los próximos años y que debe tenerse en cuenta que el hipopótamo es una especie introducida en Colombia, y la biodiversidad nativa merece mucha mayor protección", advierte.
Para la profesora Anderson los costos que puede conllevar el manejo de una población grande de hipopótamos le quitaría recursos a las especies nativas y endémicas.
"Hicimos una encuesta grande, con 1.100 personas y vimos que la cuarta parte de la población local se encuentra con hipopótamos diariamente y una tercera parte lo hace una vez cada semana. Esta es una frecuencia de contacto alta. Lo preocupante es que cuando la población de hipopótamos aumente las posibilidades de interacciones riesgosas aumentarán también. Es un buen momento para definir qué se va a hacer con los hipopótamos en Colombia", señala la norteamericana.
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En esta misma línea del medio está David Echeverry, coordinador de Bosques y Biodiversidad en Cornare, la autoridad ambiental regional que por años ha investigado y asumido los programas de tratamiento de esta especie. "Hemos venido buscando alternativas de manejo a lo que consideramos es una problemática que puede llegar a ser muy grave. La situación hoy es manejable, mañana no se sabe", ilustra.
Echeverry cuenta que desde hace años la corporación para la que trabaja viene implementado una propuesta de manejo que involucra la esterilización y la reubicación de algunos hipopótamos.
La primera experiencia de esterilización fue compleja, tuvo costos de entre 90 y 100 millones e pesos (30.000 dólares) y se tardó tres meses en la búsqueda y control de los animales. Posteriormente, se utilizó otra metodología, a partir de la ceba y el encerramiento.
"Ese proceso vale 20 millones de pesos [5.500 dólares] sin incluir el costo del corral", explica, y cuenta que hace unos años están investigando la posibilidad de utilizar el sistema de inmunocastración:

"Nuestra posición es trabajarle a los efectos científicos de los hipopótamos en los ecosistemas y las poblaciones ribereñas. La gente cree que es una especie tranquila por su aspecto bonachón, pero no hay nada más ajeno a la realidad. Hemos hecho un llamado para que las comunidades sepan que son peligrosos y pueden causar la muerte a una persona", dice Echeverry y concluye que por todo lo anterior se deben abordar las dos técnicas: esterilización y sacrificio.

Por ahora, el debate sobre qué hacer con estos animales que nos legó las excentricidades del narcotráfico de los años 80 sigue vigente. Hay claridad en que esta especie genera altos costos ambientales en ecosistemas no nativos, pero no sobre qué hacer para controlar su expansión, pues siguen siendo uno de los mamíferos sobre la tierra que despiertan más empatía humana.
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