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    El planeta Tierra está plagado de cables y tuberías que llevan desde electricidad hasta petróleo o gas por todo el mundo. En el caso de la información, hay que descender al fondo de los océanos. Bajo las aguas se encuentran las vías que sustentan la era digital.

    El hecho de enviar un email con un simple toque en el teclado no es algo fortuito. Es el resultado de años de investigación, potenciados por el deseo del ser humano de conseguir que el mundo sea un lugar cada vez más conectado.

    Como seres sociales, la necesidad de comunicarnos ha sido el germen del nacimiento de los servicios postales o el telégrafo. Inventos y sistemas que dieron un paso al frente en cuanto a velocidad y efectividad con la llegada de los cables submarinos.

    En 1852, Francia y Gran Bretaña tendieron en el fondo del Canal de la Mancha la primera red de telecomunicaciones para unir ambos países mediante el telégrafo. Dos años más tarde, la Atlantic Telegraph Company conectó Irlanda y la isla canadiense de Terranova mediante una instalación submarina. A partir de ahí, los océanos fueron atravesados por centenares de cables, más tarde miles, para fomentar la telegrafía, después la telefonía y, ahora, Internet.

    Una infraestructura que en el siglo XIX estaba formada por cables de cobre recubiertos por un material aislante de origen vegetal llamado gutapercha. En pleno 2020, la fibra óptica es el componente central por el que viaja la información, protegida por capas concéntricas de cobre y polietileno, a su vez, rodeadas por un escudo de acero que se encuentra dentro de una tubería especial para evitar el contacto con el agua. Estructuras que actualmente son capaces de detectar movimientos sísmicos, uno de los mayores riesgos para estos sistemas junto a los accidentes de pesca.

    Sistemas que pertenecen principalmente a las grandes empresas de telecomunicaciones. Corporaciones como Google, Microsoft o Facebook expanden sus redes por todo el mundo a través de las cuales circulan los datos. Por ejemplo, la empresa de Mark Zuckerberg anunció su unión a un grupo de compañías tecnológicas, como Vodafone, Orange o China Mobile, con las que construiría una red alrededor de África para perfeccionar la conectividad en el continente. Y es que los cables submarinos son las principales 'autopistas' de Internet.

    "El 99% de las comunicaciones transoceánicas se realizan por ahí, consiguiendo una velocidad hasta ocho veces superior a la que se espera con la red de satélites", reconocen expertos del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicaciones a Mapfre.

    Cables submarinos en España

    Kilómetros y kilómetros de cables yacen en el fondo marino para que se pueda actualizar una página web o subir una foto a Instagram. Vías que salen desde todas las costas del mundo, incluida la española. País desde el que salen varias de estas conexiones, algunas de dimensiones considerables.

    Es el caso de MAREA, red de 6.605 kilómetros que conecta Bilbao con la ciudad estadounidense de Virginia Beach, en funcionamiento desde mayo de 2018. Línea operada por Facebook, Microsoft y Telxius, filial de Telefónica, a través de la cual se transfieren 160 terabytes por segundo, 16 millones de veces más rápido que una conexión doméstica. También por la ciudad vasca pasa Tata TGN Western Europe, propiedad del gigante indio Tata, que une el Reino Unido con España y Portugal. Un cable con una longitud de 3.578 kilómetros y 18 años de servicio.

    Más allá de las aguas del Mar Cantábrico, España conexiona con otras partes del mundo a través del Mediterráneo. Líneas como ALPAL-2 u ORVAL enlazan Argelia con Baleares y Valencia, respectivamente. Desde el puerto andaluz de Estepona salen los cables submarinos de Global Cloud XChange, pertenecientes al proyecto FLAG Europe-Asia, una gigantesca red de 28.000 kilómetros que une el país con Reino Unido, Italia o Egipto, hasta llegar a India, China y Japón. También en Estepona nace la línea de 113 kilómetros que atraviesa el Estrecho de Gibraltar hasta Tetuán, financiada por Telxius y Maroc Telecom.

    Por su parte, bajo las aguas del Océano Atlántico discurren largos cables entre Europa, América y África. Los 9.833 kilómetros de Columbus III, nacido de un proyecto de varias operadoras europeas y estadounidenses, lleva más de 20 años conectando Estados Unidos con España, Italia y Portugal. Casi la misma edad tiene Atlantis-2, de 8.500 kilómetros entre la Península Ibérica, Senegal, Brasil y Argentina. Del 2002 es SAT-3/WASC, cable que bordea desde España y Portugal la costa atlántica de África hasta llegar a Sudáfrica a través de más de 14.000 kilómetros. Sin embargo, el mayor proyecto en el continente africano en el que España estará conectada será el anteriormente mencionado plan de Facebook. Llamado 2Africa, esta red medirá 37.000 kilómetros con la que se unirá Europa y Oriente Próximo con África y llevará velocidades de 180 terabytes por segundo en 2023, cuando esté operativo.

    No obstante, más allá de las líneas internacionales, también existen conexiones internas como es el caso del PENBAL-5 de Telefónica entre Cataluña y las Islas Baleares. El cable recorre el Mediterráneo hasta llegar a Mallorca, isla desde donde también sale la línea Balalink de la empresa de telecomunicaciones independiente IslaLink hacia Valencia e Ibiza. Mientras, Canarias se enlaza con la Península Ibérica a través de los 1.400 kilómetros Pencan-8, respaldado por Telefónica.

    Un 'mapa de carreteras subacuáticas' que permite mandar o recibir un correo electrónico no sea un proceso de años ni tampoco arte de magia.

    Etiquetas:
    fibra óptica, teléfonos, Internet, cables
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