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    Planta nuclear (imágen referencial)

    México, EEUU y Armenia: la energía nuclear 'salvadora' ante catástrofes naturales

    CC0 / Pixabay
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    Cuanto más se desarrolla la economía, mayor es su necesidad de disponer de potentes fuentes de energía. Los países más avanzados requerirán de más potencia eléctrica para hacer frente a los nuevos retos industriales. Al mismo tiempo, los países en desarrollo demandarán de mayores capacidades de producción para compensar su posición de desventaja.

    Este inminente crecimiento de la demanda energética sitúa a la sociedad frente a dos requisitos esenciales: las fuentes de energía deben ser respetuosas con el medio ambiente y contribuir a la lucha contra el cambio climático, pero, a la vez, deben ser estables y fiables. Ante esta dicotomía, la energía de fisión nuclear parece seguir siendo el único recurso que cumple con ambos requisitos. Al menos en un futuro próximo, según un análisis de Rosatom.

    En un lapso de entre 20 y 30 años, gran parte del parque nuclear mundial será desmantelado al llegar al máximo de su vida útil. Este momento abrirá paso a un paulatino pero gigantesco proceso de renovación de las centrales con nuevos reactores de la llamada Generación III. Posteriormente, se prevé que un nuevo grupo de reactores —Generación IV, ahora en desarrollo— contribuya a la creación de energía casi ilimitada, con unos niveles de seguridad insuperables.

    Las lecciones de la historia

    La energía de fisión tiene una muy mala reputación en la sociedad moderna. Los accidentes de Three Mile Island en EEUU (1979), Chernóbil en la URSS (1986) y Fukushima en Japón (2011) aún siguen grabados en la memoria colectiva, alimentando los sentimientos antinucleares en la sociedad. No obstante, es necesario subrayar que esos casos deben ser atribuidos a la primera fase del desarrollo de este tipo de energía.

    Desde mediados del siglo XX, la energía nuclear ha dado un enorme paso cualitativo en lo que respecta a los niveles de seguridad, haciendo casi imposible que se produzca un accidente, según el informe.

    El primer ejemplo notable de este avance pudo verse en 1988, cuando un catastrófico terremoto golpeó la entonces República Soviética de Armenia y arrasó el área donde se encontraba su única planta atómica. El siniestro golpeó al 40% del territorio de Armenia y destruyó casi la totalidad de las infraestructuras de la zona afectada. La Central Nuclear de Metsamor, por su parte, se mantuvo intacta y siguió alimentando el sistema energético en una situación de emergencia.

    La Central Nuclear de Metsamor fue la primera planta de energía de fisión de la URSS que se construyó en una región con alta actividad sísmica. La planta se diseñó para resistir un terremoto de magnitud 9 y se la dotó de un aumento significativo de la estabilidad de sus estructuras arquitectónicas. También se realizaron cambios sustanciales en el proyecto básico V-230 (VVER-440) para asegurar la integridad de los equipos del reactor y los sistemas de seguridad.

    Como resultado, la estación no solo no sufrió daños, sino que además pudo continuar funcionando, proporcionando a los supervivientes y rescatistas electricidad y calefacción en aquel frío mes de diciembre. Hoy en día, la Central Nuclear de Metsamor sigue desempeñando un papel esencial en la estrategia energética de Armenia y cubre aproximadamente el 40% de sus necesidades.

    La planta japonesa de Fukushima I había sido construida en la década de 1960. Para el día de la catástrofe era una de las más antiguas que aún permanecían en activo y no contaba con los sistemas de seguridad activa y pasiva de las plantas modernas.
    La planta japonesa de Fukushima I había sido construida en la década de 1960. Para el día de la catástrofe era una de las más antiguas que aún permanecían en activo y no contaba con los sistemas de seguridad activa y pasiva de las plantas modernas.

    Desde entonces, los requisitos de seguridad para este tipo de plantas se han hecho aún más estrictos. Los reactores modernos están equipados con una combinación única de sistemas de seguridad activa y pasiva, que proporciona la máxima resistencia a las influencias externas e internas.

    El generador VVER-1200, de la productora estatal rusa Rosatom, incluye los requisitos del llamado 'legado del accidente de Fukushima', que hacen que este tipo de accidentes no puedan volver a producirse. Estos avances lo han convertido en el operador comercial más avanzado del mercado, por lo que comúnmente es considerado como un reactor de Generación III+.

    Su carcasa protectora interna garantiza la estanqueidad del espacio donde se encuentra el reactor y es capaz de resistir todo tipo de impactos tecnogénicos y antropogénicos, incluida la caída de un avión comercial. Por otra parte, el dispositivo de recuperación del núcleo hace imposible vertidos al medio ambiente de combustible radioactivo. Este sistema permite que un posible vertido se derive a una cápsula de seguridad ubicada bajo tierra.

    La energía nuclear como último recurso

    A día de hoy, si bien es difícil discutir la necesidad de desarrollar fuentes de energía sostenibles y renovables, es cierto también que estas son las más inestables y susceptibles ante situaciones de emergencia. El año 2017, lamentablemente, nos dio numerosas pruebas.

    Justo antes de que las fuertes lluvias del huracán Katia azotaran la costa este de México, un terremoto de magnitud 8,2 —el más fuerte registrado en un siglo— sacudió la costa sur del país el 7 de septiembre. Tan solo 12 días después, otro sismo de magnitud 7,1 golpeó el centro de México causando fuertes temblores en la capital.

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    Según informó entonces la compañía eléctrica estatal CFE, 3,8 millones de personas se quedaron sin electricidad en la ciudad de México y los estados de Morelos, Puebla y Oaxaca. Más tarde se conoció que cerca del 60% de las fuentes de energía eólica del país quedaron fuera de servicio debido al terremoto.

    Naturalmente, uno podría preguntarse sobre el impacto que una catástrofe tan terrible podría tener en las instalaciones clave del país, como la única central atómica mexicana: Laguna Verde, ubicada en el estado de Veracruz. Luego de reunirse con el Comité Estatal de Emergencias, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares afirmó que la Central Nuclear de Laguna Verde se mantuvo intacta y seguía funcionando normalmente.

    Resulta que, contrariamente a lo que uno podría creer, en tales circunstancias la planta se mostró como uno de los recursos energéticos más seguros del país.

    Otro caso que puso a prueba la viabilidad de la energía atómica ante catástrofes naturales fue el huracán Harvey, considerado como el más fuerte y destructivo que haya pasado por el estado de Texas. Las estimaciones de pérdidas alcanzan los 190.000 millones de dólares y se puede decir con certeza que el sector energético de EEUU tuvo que lidiar con un golpe histórico.

    A medida que el huracán avanzaba por el golfo de México, más de una quinta parte de la producción de petróleo del país tuvo que ser detenida, lo que provocó interrupciones en el suministro de las centrales termoeléctricas. Las plantas solares y eólicas también tuvieron que interrumpir su funcionamiento y no pudieron recobrar sus niveles de producción hasta días después de la tormenta. En medio de las desalentadoras previsiones, las únicas fuentes de energía que siguieron cubriendo las necesidades de 30 millones de personas en esos tiempos difíciles fueron las plantas nucleares.

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    Todo esto refuerza las posiciones de aquellas economías desarrolladas —como las de Francia, EEUU, Corea del Sur, China, Rusia o Reino Unido— que hoy día apuestan por una simbiosis de la energía de fisión y las fuentes renovables en su estrategia energética. Esto les ayuda a incrementar la competitividad de sus economías, les permite contribuir a la lucha contra el cambio climático y les proporciona un nivel de seguridad de suministros inalcanzable mediante otros recursos.    

    Etiquetas:
    desarollo sostenible, energía nuclear, Rosatom, Armenia, EEUU, México, Rusia
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