18 septiembre 2013, 11:05

La mafia albanesa conquista Europa

Албания Флаг

La trágica situación que vivieron a principios de 1997 las víctimas de la estafa financiera albanesa confirmó las sospechas de que el crimen organizado campaba a sus anchas en el país.

Los delincuentes albaneses, aparte de ser maestros del engaño con sus propios compatriotas y suministrar jóvenes a los burdeles europeos, se dedicaban a cultivar sustancias alucinógenas, para venderlas a través de los países vecinos.

Los servicios secretos británicos en cooperación con los expertos de la Interpol en más de una ocasión se fijaron en que la Cosa Nostra albanesa había extendido sus tentáculos por muchos países de Europa. Los mafiosos procedentes de Albania y Kosovo se beneficiaban con el narcotráfico, la prostitución y el envío de jóvenes albanesas a burdeles en Italia y Alemania. Aprovechaban los esquemas antiguos que funcionaban a la perfección: en una pequeña localidad albanesa solían aparecer varios jóvenes supuestamente en busca de novias. Los padres enseguida se fiaban de aquellos hombres apuestos y adinerados que prometían casarse con sus hijas y llevárselas a países donde vivirían mejor. Después de prometerse con las muchachas, a las desgraciadas les quitaban los pasaportes y las sacaban de forma ilegal a Europa. Empezaban por pegarlas y violarlas, para luego obligarlas a prostituirse a la calle. Así, en Italia hubo miles de mujeres engañadas y humilladas. Estaban asustadas hasta tal punto que cobraban por su trabajo precios irrisorios, dando la mayor parte de sus ingresos a los proxenetas.

Existió otro tipo de negocio criminal, algo muy nacional. En las montañas de Albania se plantaba cannabis, en base al cual se obtenía marihuana de alta calidad, fuente de impresionantes ingresos. La mercancía viajaba por mar a Italia o en coches o camiones a Grecia y Austria, a través del territorio macedonio y húngaro.

Se practicó también otro tipo de contrabando, el saqueo de las iglesias. Por varias monedas se contrataba a unos ladronzuelos que conseguían piezas valiosísimas, por las cuales los coleccionistas estarían dispuestos a pagar cientos de miles de dólares. En 1997 se supo que incluso que la reina de Inglaterra y el ex primer ministro del país John Major habían recibido en calidad de obsequio por parte de las autoridades albanesas antigüedades robadas. Lo hizo el primer ministro de Albania, Sali Berisha, en persona.

Los dirigentes albaneses amasaron una fortuna, comerciando con Yugoslavia mientras estaban en vigor las sanciones económicas contra Belgrado. Vendían petróleo, gasolina y cigarrillos falsificados. Los países vecinos estaban literalmente invadidos por los paquetes de tabaco falso, Marlboro, Winston y Dunhill eran fabricados en Albania, dado que el tabaco albanés es bastante bueno.

Después de lavar el dinero criminal a través de empresas inexistentes y cómplices residentes en Italia, Alemania y Austria, los “nuevos empresarios albaneses” poco a poco iban legalizando sus actividades. Invertían en el sector del turismo, inmuebles, fondos de inversiones, así como en diversos tipos de lotería.

En verano de 1997 se intentó acabar con la mafia albanesa arraigada en la península itálica. En junio, en el juzgado distrital de Milán acabó el proceso judicial contra diecisiete albaneses que se habían dedicado a suministrar niñas de entre ocho y catorce años de edad a proxenetas que las obligaban a prostituirse en la calle. La agrupación delictiva envió a Italia a cuatrocientas jóvenes engañadas, a las que se les había prometido que nadarían en la abundancia. La realidad fue muy distinta, tuvieron que trabajar día y noche. Además de prostituirse, muchas se dedicaron a robar y mendigar. Los mafiosos albaneses colaboraron en este comercio con jóvenes con los representantes de la Cosa Nostra. El juzgado de Milán sentenció a los miembros de la agrupación delictiva a entre cuatro y dieciséis años de privación de libertad.

De los diez mil refugiados de la última oleada (primavera de 1997) más de la mitad se perdieron por el territorio italiano. No en vano algunos partidos de la oposición proponían aprobar una nueva ley sobre refugiados que introdujera unas severas medidas prohibitivas.

ach/sk/sm

Nota: Las opiniones expresadas por el autor no necesariamente coinciden con los puntos de vista de la redacción de La Voz de Rusia.

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