20 marzo 2014, 14:12

¡Así se tiempla el acero, señores!

¡Así se tiempla el acero, señores!
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Entre el 7 de febrero y 17 de marzo del año en curso, el mundo entero fue testigo y partícipe directo de una verdadera Maravilla Deportiva Mundial, que Rusia ofreció al mundo. Estoy completamente convencido de que el hito marcado por la Olimpiada de Sochi será recordado por las generaciones venideras como uno de los acontecimientos de mayor trascendencia en la historia del deporte mundial.

Rusia aceptó el reto, trabajó responsable y concienzudamente y cumplió con creces el compromiso adquirido. Los organizadores de las ceremonias de apertura y cierre de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, bajo la dirección de Konstantín Ernst presentaron programas ingeniosos, creativos, sublimes y diversos; los deportistas rusos compitieron honestamente - poniendo alma vida y corazón - por lo que lograron brillantemente una dupleta triunfal, batiendo todos los récords habidos y por haber; los talismanes olímpicos pusieron ternura y gracia animando el ambiente festivo; los medios de información masiva cumplieron su trabajo como nunca antes, llegando a lo más alejados confines de nuestro planeta; mientras los aficionados vibraban en las graderías agitando la bandera nacional, haciendo barra vivamente y a su vez, el personal de voluntarios cumplió a cabalidad los trabajos asignados para facilitar y dar más comodidad tanto a los turistas, como a los deportistas. 

Pero, antes de todo, creo yo que el principal gestor del fantástico sueño olímpico de Sochi es el actual presidente de Rusia - Vladímir Vladímirovich Putin. Su apoyo incondicional al proyecto olímpico, su inquebrantable entusiasmo, sus discursos precisos y sobrios, su presencia física y alentadora en los momentos más importantes de las competiciones olímpicas le dieron a la fiesta deportiva mundial más importante de la segunda década del siglo XXI un nuevo calibre, una nueva dimensión. No en vano hay un dicho popular que dice claramente "adonde va la cabeza van los pies"

Ahora, haciendo uso del espacio fìsico que se me permite, continuaré rindiendo honores a la gallardía y audacia de los héroes paralímpicos rusos de Sochi 2014. 

Cuando la esquiadora y biatleta Svetlana Konoválova nació, sus padres se negaron de ella porque tenía un grave problema en la espina dorsal. Por eso ella se crió en orfelinatos. Más tarde, cuando Sveta ya era adolescente y comenzaba a practicar esquí y biatlón, sus padres se volvieron a negar de ella. Sus penas cambiaron cuando ella fue incluida en el equipo paralímpico nacional ruso que tomaría parte en Sochi. Poco antes del inicio de las competiciones en Sochi Svetlana supo que tenía una hermana carnal, se conoció con ella y juntas viajaron a Sochi – su hermana como voluntaria olímpica y Svetlana como deportista paralímpica ganó cinco medallas: dos de oro, dos de plata y una de bronce en las carreras de esquí y biatlón. 

En su temprana niñez, los médicos diagnosticaron a Anna Milénina la enfermedad de plexopatía braquial, debido a lo cual no le podía funcionar bien la mano izquierda. Según los médicos, Anna no podría practicar deportes. Pero sus padres, que eran esquiadores no hicieron caso y la encaminaron a practicar primero la natación y después el esquí. Gracias a su talento y férrea disciplina, ella participó en los Juegos Paralímpcos de Turín en 2006 - ganando tres medallas en esquí y una en biatlón; en los de Vancouver de 2010 ganó tres medallas de oro y en su tercera Paralimpiada en Sochi ganó dos medallas de oro y una de plata. 

El joven esquiador Alexéi Bugáev con tan sólo 16 años de edad ganó en Sochi la sorprendente cantidad de cinco medallas, dos de las cuales son de oro. Pero su camino a Sochi fue largo y lleno de dificultades. En su temprana edad le detectaron dysmelia en la mano derecha. Sus padres hacían esfuerzos para que él no se sintiera inútil, lo llevaban a practicar deportes y lo incentibaban a llevar una vida activa. Cierta vez, fue con sus padres a descansar a un campamento de esquí de montaña. Viendo como otros chicos esquiaban se quedó encantado, y desde entonces aprendió y se dedicó a esquiar. 

Aliona Kaufman es una deportista multifacética. Entre otras cosas, también participa en los Juegos Paralímpicos de verano, en la modalidad de paratriatlón. Ya de niña le diagnosticaron el defecto del débil reflejo de agarrar las cosas con las manos. A pesar de eso, sus padres la inscribieron en varias secciones deportivas. Aprendió lentamente a esquiar. Sin embargo, Aliona llegó a dominar ese deporte a tal nivel que en Sochi ganó cinco medallas, de las cuales tres son de oro. 

Alexandra Frántseva es una esquiadora con problemas de la visión. En Sochi también fue una de las más tituladas, ganó cinco medallas y llegó a ser bicampeona paralímpica. 

El destino del esquiador y biatleta Grigori Muríguin cambió el fatídico día en que fue atropellado por un tren y perdió ambos pies. Su recuperación física y moral fue larga, pero su valor lo llevó a superarse practicando deportes. En Sochi ganó cinco medallas, entre ellas una de oro y dos de plata. 

Repasando semejantes historias y recordando las vibrantes competenciones de los Juegos Paralímpicos de Sochi 2014, vienen a la memoria algunos pasajes de la obra cumbre del mundialmente famoso escritor soviético Nikolái OstrovskiCómo se templaba el acero, en la cual él narra de la vida sacrificada de Pável Korchaguin, quien privado del movimiento físico y completamente ciego, luchaba constante y abnegadádamente por sobreponerse a las adversidades y, de hecho nos sirve como gran ejemplo de que lo que parece imposible se hace posible con abnegación, fe, sacrificio e intenso y disciplinado trabajo. 

lch/kg 

Nota: Las opiniones expresadas por el autor no necesariamente coinciden con los puntos de vista de la redacción de La Voz de Rusia.

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