13 octubre 2012, 13:11

La crisis de Siria y la política de Turquía

La crisis de Siria y la política de Turquía

Este mes de octubre comenzó con una nueva espiral de confrontación entre Siria y Turquía.

Tras recuperarse del inesperado ataque de julio protagonizado por los extremistas de la oposición contra las dos ciudades más grandes del país, Damasco y Alepo, las tropas gubernamentales empezaron a neutralizar a sus enemigos a lo largo y ancho del país. En algunas regiones, por ejemplo en la capital, con relativo éxito, mientras que en Alepo y en las provincias del norte el ejército sirio experimenta serias dificultades. 

En el norte se protagonizan combates muy cruentos. Además, Turquía es un poderoso factor que contiene los esfuerzos de las tropas leales a Bashar Asad. En territorio turco encontraron asilo de numerosos refugiados, entre los cuales hay gente pacífica, así como enemigos armados del líder sirio. A través de la frontera entre Turquía y Siria pasa un flujo interminable de armas, que alimentan a las fuerzas opositoras. 

Por último, Ankara, se aprovechó del trágico incidente en la localidad de Akchakale, pasando a la táctica de los ataques de artillería contra las posiciones de las tropas sirias, que se encuentran en las proximidades de la frontera. Por cierto que la muerte de ciudadanos turcos da a Turquía el derecho a reaccionar de tal manera, si bien Damasco reconoció su culpa y presentó excusas. Pero también hay que reconocer que al ofrecer apoyo a la oposición armada, Turquía también aume una parte de la responsabilidad por la escalada de la violencia en Siria y por sus consecuencias, incluyendo los incidentes con los proyectiles. 

Por otra parte, el análisis de la situación muestra que Ankara no planea desatar una guerra frontal contra Siria. Si la dirección política turca hubiese querido entrometerse en el conflicto armado lo hubiese hecho durante el incidente del 22 de junio, cuando las fuerzas sirias de defensa antiaérea derribaron un avión espía turco. Por ahora no se trata siquiera de las operaciones transfronterizas, si bien el Parlamento turco dio luz verde a los militares para llevarlas a cabo. 

Incluso el incidente de la toma de un avión sirio, que cubría la ruta Moscú-Damasco, no puede ser clasificado como bloqueo aéreo de Siria (su implantación sería de hecho una declaración de guerra). Lo más probable es que Turquía esté intensificando la presión sobre Damasco, incluida la psicológica. 

Seguramente algunas circunstancias retienen por ahora a Ankara. En primer lugar, la posición imprecisa de EEUU. Washington, hasta la finalización de las elecciones presidenciales de noviembre, difícilmente se decida involucrarse en otro conflicto armado en Oriente Próximo. Y sin el apoyo norteamericano Turquía no emprenderá operaciones bélicas considerables contra Siria. 

En segundo lugar, a Turquía le resulta ahora muy difícil determinar su línea estratégica, en el caso de que de todos modos se vea involucrada en un conflicto armado directo con Damasco. El precio por la victoria militar será muy grande y los resultados dudosos. Es que a juzgar por las acciones de la oposición armada, en sus filas hay no pocos elementos radicales, que pueden convertir la región por mucho tiempo en el barril de pólvora. Y en este caso los dividendos para Ankara serán muy dudosos. 

Finalmente, Turquía está obligada a tener en cuenta la posición de Irán. Teherán ya declaró que no permanecerá al margen en caso de un ataque contra Siria. El gobierno iraní supone, y no sin fundamento, que el siguiente será precisamente Irán. Por eso se esfuerza al máximo por respaldar a Bashar Asad. 

Como mínimo Siria e Irán ya activaron una palanca de presión sobre Turquía: la kurda. Damasco de hecho concedió a sus provincias kurdas una amplia autonomía. De tal modo, en el mapa de Oriente Próximo, además del Kurdistán autónomo iraquí, es muy probable que aparezca una formación similar siria. 

En la propia Turquía se ha agravado bruscamente el enfrentamiento entre el ejército turco y los grupos armados kurdos. De momento no existe ninguna prueba directa de que detrás de eso estén Siria o Irán. Lo más probable es que los líderes de los kurdos turcos reaccionen a la situación general en la región y supongan que próximamente pueda crearse un ambiente favorable para la consecución de sus objetivos. 

En tales condiciones, es muy dudoso que Turquía quiera entrar en guerra con Siria. En todo caso, en este momento concreto. Pero, desde luego que la situación puede cambiar en un futuro próximo, porque el juego en torno a Damasco, en el que están involucrados muchos actores con grandes ambiciones geopolíticas, dista mucho de haber terminado. 

mj/kg/ap

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