Autores: Iliá Jarlámov, Grigori Shabánov
9 marzo 2012, 14:24

La doctrina Eisenhower: cincuenta y cinco años después

La doctrina Eisenhower: cincuenta y cinco años después

El 9 de marzo de 1957, el parlamento norteamericano aprobó la doctrina de la política exterior encaminada al robustecimiento de las posiciones de Washington en el Oriente Medio y Próximo.

Los autores del documento fueron, el presidente Dwight Eisenhower y el secretario de Estado, John Foster Dulles. De acuerdo con dicha doctrina, todo Estado de la región podía recabar la ayuda económica o militar de Washington si es objeto de agresión de parte de otro Estado. Pero, en esencia, el presidente quedaba facultado para aplicar, a su arbitrio, la fuerza militar en esa región. 

La aprobación por EEUU de su nueva doctrina fue la reacción al fracaso de la agresión anglo-franco-israelí contra Egipto, en 1956, vinculada a la suerte del Canal de Suez, una arteria fluvial de las claves en el mundo. El conflicto recibió el nombre de crisis de Suez, en la que la Unión Soviética desempeñó un importante papel. El líder soviético Nikita Kruschov amenazó a Gran Bretaña, Francia e Israel con medidas resueltas, hasta incluso ataques de sus cohetes. Tal libreto pudo haber conducido a una guerra nuclear entre la URSS y EEUU, los que inevitablemente habrían salido en defensa de sus aliados. Como resultado, Washington exigió a los agresores que pusieran fin a las acciones bélicas. 

Estos hechos indujeron a la administración de Eisenhower a revisar el papel de EEUU en la región. En esencia, la doctrina planteaba la tarea no sólo de reforzar la influencia de Washington en el Oriente Medio y Próximo, sino también la de crear allí una plaza de armas dirigida contra el campo socialista y, en primer lugar, contra la URSS. En aquel tiempo, las contradicciones entre las dos grandes potencias se agudizaban, literalmente, cada día. Eisenhower expresó, sin ambages, la disposición de las tropas norteamericanas a defender la integridad territorial y, la independencia política de los países que necesiten la ayuda contra la agresión militar de cualquier nación, controlada por el “comunismo internacional”. 

Formalmente, en la doctrina se afirmaba que, el nuevo vector de la política exterior de EEUU no apunta concretamente contra la URSS. Allí se indicaba que, eran mínimos los intereses económicos de la URSS en la región rica en recursos naturales: en su territorio la reservas propias son suficientes, agregaba. Sin embargo, el presidente norteamericano señalaba que, la URSS emplea el Oriente Medio y Próximo “con fines políticos de carácter armado”, a raíz de las intenciones de “sembrar el comunismo en el mundo”. Por consiguiente, a juicio de Eisenhower, Moscú confía en implantar su dominio en la región, que representa para ella una puerta entre Eurasia y África. 

De esa amenaza justamente quería EEUU salvar a los países árabes, estableciendo allí la hegemonía propia, mediante la intromisión en los asuntos internos y, el control de la política exterior. Pues bien, en 1957, la doctrina Eisenhower fue aplicada con el pretexto de la defensa de Jordania ante una agresión de Siria. En 1968, EEUU optó por la intervención militar directa del Líbano y, nueve años después, respaldaba enérgicamente la agresión de Israel contra los países árabes. 

Después de la desintegración de la Unión Soviética, que servía de contrapeso a EEUU en la región, Washington desarrolló los esfuerzos consignados en la doctrina de marras. Sin embargo, las realidades contemporáneas han llevado a EEUU a enmendar su actitud con respecto a la política en el mundo árabe, considera Andrei Volodin, del Centro del Investigaciones Orientales de la Academia Diplomática de la Cancillería: 

–Entonces parecía que, para EEUU no habían obstáculos en la edificación del mundo unipolar y en su papel decisivo en el Oriente Próximo. Pero, mucho ha cambiado, y sobre todo ha cambiado el mundo mismo. No es casual que, el conocido intelectual estadounidense, Farid Zakaria, defina este mundo de postnorteamericano. EEUU sigue siendo en el mundo el país más fuerte. Pero, este mundo no puede ya desarrollarse según las leyes determinadas por EEUU. En este mundo hay ya que medir y comparar los intereses y acciones propias con los de otros Estados. Y este cambio principal va a determinar, en la próxima década, la política de EEUU en el Oriente Medio y Próximo. Aquel será un proceso de adaptación achacosa de la política norteamericana a las realidades que se están formando en la región, al margen de la voluntad de EEUU. 

Con el tiempo se ha ido transformando la política de EEUU en el Oriente Medio y Próximo, consignada en la doctrina Eisenhower. Washington ha asegurado su influencia en la región mediante la introducción de la democracia con métodos violentos. Pero, ello ha comenzado a dar resultados opuestos, que comprenden incluso la llegada al poder de extremistas religiosos. Además que, las consignas de EEUU y de otros países de Occidente sobre la necesidad de reformas democráticas han servido, con frecuencia, de biombo para el derrocamiento de regímenes indeseables, como ha venido ocurriendo en África del Norte. Y ni hablar ya del respeto a las normas elementales de las relaciones internacionales. Seguidamente la opinión de Andrei Volodin: 

–La intromisión en los asuntos internos de otros Estados no sólo contraviene la Carta de la ONU, sino que además el sentido común. EEUU y sus aliados, Francia y Gran Bretaña se afanan en imponer, en algunos países del Oriente Medio y Próximo, un sistema político que les acomode a ellos. Pero, esa práctica está condenada, a todas luces, al fracaso. Porque, al propiciar la democracia del tipo estadounidense en Siria y en Libia, todos hemos visto cuál fue la democracia que llegó a Libia. Confío en que en Siria no resulte tal democracia. 

Sin embargo, Washington no ha renunciado, de momento, a la política de dominio en distintas regiones del mundo, afirma Humer Isaiev, del Centro de Estudios del Oriente Próximo: 

–De ello escriben muchos estrategas y politólogos norteamericanos, que participan en la gestación de la política exterior del país. Para EEUU es de suma importancia conservar su imagen en el Oriente Próximo, reforzándola con estrechos lazos económicos y con la cooperación tecnomilitar. Por una parte están las transfusiones financieras, el trabajo de los servicios secretos y el desplome de los regímenes indeseables. Y por la otra, la política de la presión militar. Para ello existen las flotas norteamericanas en el Mediterráneo y en el Golfo Pérsico. Ellas desempeñaron ya un papel ponderable en los conflictos en el Oriente Próximo, durante las dos guerras de agresión en Irak, y en los hechos en Libia. Y continúan siendo un medio eficaz, a la enésima potencia, de la diplomacia norteamericana en la región. 

EEUU está en el año de los comicios presidenciales. Y ya en el próximo verá el mundo si experimentará cambios su política exterior con la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca. Los expertos no esperan cambios cualitativos en materia del Oriente Próximo. El dominio de la orientación de los dirigentes del país, al margen de su afiliación partidaria, ha sido invariable en la región en los últimos cincuenta y cinco años. Difícilmente se proponga EEUU perder esa región, opulenta en recursos naturales y que representa un enorme mercado de venta. Otro cantar son los mecanismos que va a emplear para el sostén de su influencia en la región. 

Los hechos de la “primavera árabe” revelaron que, se está perfeccionando el arsenal de medios. Para el derrocamiento de los regímenes indeseables y el respaldo a la oposición se vale de Internet y de las organizaciones no gubernamentales, financiadas desde el exterior. El primer ministro de Rusia Vladímir Putin, ganador en las elecciones presidenciales, no excluyó que, el objetivo de las protestas contra los regímenes autoritarios en los países árabes sea, no la preocupación por los derechos humanos, sino el reparto de mercados. Ello se confirma por el desplazamiento desde allá de los socios tradicionales, incluidas las compañías rusas, y la llegada de nuevos operadores. 

Es evidente que en el Oriente Medio y Próximo van a entrelazarse los intereses geopolíticos y económicos de los mayores sujetos mundiales. Rusia formuló claramente los principios por los que deben guiarse los miembros responsables de la comunidad internacional en esa complicada región: la no intromisión en los asuntos internos de los Estados, su unidad e integridad territorial. Mientras que las acciones de EEUU y de sus aliados en Irak y en Libia llevaron al caos y al colapso fáctico de esos países.

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