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    Luego de varios meses con una paralización casi total, los cruceros buscaron retomar la actividad con estrictos protocolos e innovaciones tecnológicas que incluyen test rápidos, renovados sistemas de ventilación y aparatos que aseguran el distanciamiento.

    La industria de los cruceros turísticos fue una de las más golpeadas apenas el SARS-CoV-2 se convirtió en un virus pandémico ya que, al igual que las aerolíneas, los operadores de cruceros debieron interrumpir súbitamente los cruceros en curso y cancelar las partidas programadas para los primeros meses de 2020.

    A mediados de marzo, cuando Estados Unidos decidió suspender el ingreso de extranjeros, había cerca de 40 cruceros con un total de 90.000 pasajeros que quedaron varados, según datos de la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA, por sus siglas en inglés).  Para abril, ya solo quedaban nueve cruceros en altamar, con 8.000 pasajeros todavía sin poder pisar tierra por las medidas sanitarias.

    Quedaron en el recuerdo los casos de cruceros como el Zandaam, el Rotterdam y el Coral Princess, embarcaciones que habían partido de ciudades sudamericanas —los dos primeros de Buenos Aires y el tercero desde Santiago de Chile— pero quedaron varados al no poder hacer escala en puertos de Estados Unidos. Más al sur, dos cruceros australianos, el Ocean Atlantic y el Greg Mortimer, quedaron varados en el Río de la Plata y tuvieron que ser rescatados por Uruguay, luego de que se le negara el ingreso a Buenos Aires.

    En todos esos casos se presentaron brotes de COVID-19 entre pasajeros y tripulantes. También se registraron tres fallecidos en el Coral Princess y uno en el Greg Mortimer.

    Protocolo a bordo: Test, mascarillas y distanciamiento

    Bajo este panorama, la salida de cruceros se interrumpió totalmente a mediados de año. La actividad se retomó en el mes de julio, cuando partió desde el puerto de Hamburgo, en Alemania, el crucero Mein Schiff 2. La nave llevó a unos 1.200 pasajeros —el 60% de su capacidad habitual— por un viaje de tres días por el Mar del Norte y estuvo caracterizado por estrictas medidas de higiene que incluían el uso de mascarilla a bordo, el distanciamiento de 1,5 metros y la prohibición de servir comida a modo de bufet.

    Un artículo de National Geographic consigna que, para acceder al crucero, todos los pasajeros debían presentar un test negativo de COVID-19. Aun así, la empresa montó un laboratorio para realizar más testeos a bordo del barco. Con ese modelo, la empresa realizó unos 30 viajes por los que pasaron más de 4.000 pasajeros, sin que se reportaran casos positivos de COVID-19.

    En los meses siguientes también partieron cruceros de otras partes del mundo. El World Dream Cruiser, que parte desde noviembre de Singapur y recorre el sudeste asiático, exige a sus pasajeros presentarse con antelación en el puerto para realizarse un test rápido de COVID-19 (cuyo resultado está listo en una hora) y pasar por el chequeo de temperatura y de su equipaje y completar un formulario sanitario.

    El pasajero debe esperar en la terminal hasta recibir el resultado de su test. Solo podrá ascender si el resultado es negativo, ya que si es positivo se le prohibirá el ascenso a la persona y sus acompañantes.

    Los adelantos tecnológicos contra el COVID

    Una de las particularidades de estos cruceros es que, al momento de abordar el crucero, cada pasajero recibe un dispositivo electrónico conocido como MICE Pod. El artefacto, que deberá ser llevado todo el tiempo en el barco, es utilizado para garantizar que se cumpla el distanciamiento con otras personas y facilitar el rastreo de contactos.

    La compañía italiana MSC, una de las más importantes en el mundo de los cruceros, había retomado algunos de sus viajes por el Mar Mediterráneo en agosto con sus cruceros MSC Magnifica y MSC Grandiosa. En ambos casos, todos los pasajeros debieron testearse antes de abordar los barcos —la tripulación pasó por tres test—, tomarse la temperatura, utilizar mascarillas en los espacios públicos y mantener el distanciamiento en todo momento.

    El protocolo también incluyó "burbujas" durante las excursiones y monitoreo constante de la salud de todas las personas a bordo.

    A comienzos de noviembre, la empresa adelantó que su próximo barco más moderno, el MSC Seashore, contará a partir de 2021 con el sistema Safe Air (Aire Seguro), una novedosa tecnología diseñada para asegurar la calidad y pureza del aire para pasajeros y tripulantes.

    Cuando los protocolos no alcanzan

    En plena reactivación de la industria de los cruceros, el caso del crucero SeaDream 1, de la compañía SeaDream Yacht Club, trajo a la realidad a los más optimistas. El crucero partió de Barbados el 7 de noviembre con el objetivo de convertirse en el primer crucero en retomar los viajes por el Caribe, una de las zonas del mundo más prolíficas para este tipo de turismo.

    A pesar de que los pasajeros debían testearse antes de abordar, a menos de una semana de iniciar el recorrido, la tripulación debió notificar a los pasajeros que un pasajero había dado un resultado positivo. Eso motivó que todos los turistas fueran enviados a sus camarotes como forma de prevenir los contagios. Sin embargo, el COVID-19 logró extenderse y algunos días después ya eran siete los contagiados. El brote obligó al barco a suspender su itinerario y regresar a Barbados, donde los infectados fueron hospitalizados. Los que se mantuvieron sanos, en tanto, pudieron regresar a sus países.

    Las compañías  también debieron adaptarse y flexibilizar los sistemas de compras de pasajeros y paquetes turísticos en función de los imprevistos que puede provocar la pandemia. Al igual que las aerolíneas, los grandes operadores de cruceros permiten cancelar sin costo los pasajes adquiridos durante cierto tiempo y ofrecen bonos para quienes compraron pasajes en cruceros que debieron modificar sus fechas o itinerarios debido a las restricciones que colocan los países que visitan.

    En la misma línea, las compañías centran sus esfuerzos publicitarios en comercializar cruceros para 2022 y 2023 con la mayor anticipación posible, de forma asegurar líquidez tras varios meses de inactividad.

    Etiquetas:
    turismo, crucero, COVID-19, pandemia de coronavirus
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