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    En noviembre de 1982, en plena Guerra Fría, una adolescente estadounidense llamada Samantha Smith escribió una carta al entonces secretario general del Partido Comunista de la URSS, Yuri Andrópov, en la que le preguntó por qué eran tan tensas las relaciones entre Washington y Moscú y le pidió que evitara un conflicto nuclear.

    La carta

    "He estado preocupada pensando en la posibilidad de que Rusia y EEUU se involucren en una guerra nuclear. ¿Está usted a favor de la guerra o no? Si no es así, por favor cuénteme cómo ayudará a evitar una guerra", escribió la niña.

    "Esta pregunta no la tiene que responder, pero me gustaría saber por qué quieren conquistar el mundo o al menos nuestro país. Dios creó el mundo para que viviéramos juntos en paz y no para pelear", agregó.

    Andrópov, a su vez, no dejó sin respuesta la carta de la pequeña estadounidense. Dijo que era "una niña valiente y honesta", y la comparó con Becky, la amiga de Tom Sawyer del libro del mismo nombre de Mark Twain. 

    "Tu pregunta es la más importante de las que se puede hacer cualquier persona inteligente. Te responderé seria y honestamente. Sí, Samantha, nosotros en la Unión Soviética tratamos de hacer todo lo posible para que no haya guerras en la Tierra. Esto es lo que quieren todos los soviéticos", afirmó el político.

    En cuanto a las armas nucleares, señaló que tanto la URSS como EEUU las tienen, pero que Moscú "no quiere que sean usadas jamás".

    "La Unión Soviética declaró en forma solemne por todo el mundo que nunca —nunca— será la primera en usar armas nucleares contra ningún país. En general, nos proponemos detener su producción futura y proceder a la destrucción de todos los arsenales existentes", agregó Andrópov. 

    El político añadió que nadie en la URSS quiere una guerra.

    "Queremos la paz. Hay cosas que nos mantienen ocupados: sembrar trigo, construir e inventar, escribir libros y volar al espacio. Queremos la paz para nosotros y para todos los pueblos del planeta. Para nuestros hijos y para ti, Samantha", concluyó.

    La visita a la URSS

    Andrópov también invitó a Smith a visitar la URSS. En particular, el Centro internacional de niños Artek, ubicado en la costa de Crimea, para que pudiera comprobar por sí misma que en la Unión Soviética "todos quieren la paz y la amistad de los pueblos".

    En verano de 1983, Smith voló a la URSS acompañada de sus padres. Durante su viaje de dos semanas, visitó Moscú y Leningrado. En el campamento Artek, conoció a niños de todos los rincones de la Unión Soviética. 

    Samantha Smith en Artek
    © Sputnik / Yuri Abramochkin
    Samantha Smith en Artek
    La visita de Samantha fue cubierta por decenas de medios estadounidenses y soviéticos. La niña pronto se convirtió en un símbolo de la lucha por la paz entre los dos países.

    Desafortunadamente, Smith no logró reunirse con Andrópov, ya que en ese entonces estaba gravemente enfermo. No obstante, mantuvieron una conversación telefónica.

    Samantha Smith en Moscú
    © Sputnik / Yuri Abramochkin
    Samantha Smith en Moscú

    Al regresar a EEUU, la escolar admitió que "los rusos, al igual que los estadounidenses, no quieren la guerra".

    La histórica carta la convirtió en la activista pacifista más joven de EEUU. Más tarde, visitó Japón, donde se reunió con el primer ministro Yasuhiro Nakasone. En el Simposio Internacional de la Juventud celebrado en la ciudad de Kobe, propuso que los líderes de EEUU y la URSS y de otros países en conflicto "intercambiaran a sus nietas por dos semanas cada año", algo que podría ayudar a evitar las guerras.

    El accidente aéreo

    El 25 de agosto de 1985, Samantha regresaba de Inglaterra —donde participó en el rodaje de la serie Lime Street— junto a su padre, Arthur. La avioneta en la que viajaba se estrelló a las afueras del aeropuerto de Auburn, en Maine. Smith tenía tan solo 13 años.

    La trágica muerte de la pequeña activista conmocionó al mundo. Al funeral de Samantha asistieron alrededor de 1.000 personas, entre ellas el diplomático soviético Vladímir Kulágin, quien leyó un mensaje personal de condolencias escrito por Mijaíl Gorbachov.

    La madre de Samantha, Jane, creó en octubre de 1985 la Fundación Samantha Smith, que tenía por objetivo fomentar el intercambio de estudiantes de EEUU y la URSS, entre otras actividades interculturales. 

    La memoria de la niña se ha perpetuado: así, en su estado natal, Maine, el primer lunes de junio nombrado el Día de Samantha Smith.

    Samantha Smith en julio de 1983
    © Sputnik / Yuri Abramochkin
    Samantha Smith en julio de 1983

    También hay una estatua de ella en la localidad de Augusta y una escuela de Washington que lleva su nombre. En septiembre de 1985, se nombró Samantha Smith a un diamante encontrado en Siberia. También hay un asteroide, un cultivo de tulipanes y de dalias y un buque transoceánico llamado Samantha, en honor a la joven pacifista que pasó para siempre a la historia de ambos países.

    Etiquetas:
    Samantha Smith, Guerra Fría, EEUU
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