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    El libertador argentino José de San Martín pasó sus últimos días casi en solitario en Francia, alejado de la región que lo tuvo como protagonista de la independencia argentina, chilena y peruana. La muerte de su esposa y las disputas políticas en Buenos Aires marcaron la desazón con la que debió partir hacia Europa.

    José Francisco de San Martín y Matorras cerró sus ojos por última vez el 17 de agosto de 1850. El héroe nacido en Yapeyú murió a los 72 años en la casa que había alquilado en la ciudad costera de Boulogne sur Mer, en el norte de Francia.

    Si bien San Martín murió rodeado de su hija, Mercedes, su yerno, Mariano Severo Balcarce, y su médico personal, lo hizo lejos de las tierras por las que había combatido en su juventud y a las que había intentado regresar, sin éxito, en 1828.

    De hecho, que San Martín no pudiera concretar ese último regreso a Buenos Aires —en realidad, su intención era afincarse en Mendoza— es uno de los capítulos más tristes de la vida del prócer argentino, dado que si bien comenzó su viaje junto a su hija Mercedes, los últimos tiempos los pasó solo y apenas rodeado de algunos amigos europeos que lo visitaban.

    La famosa Entrevista de Guayaquil, como se conoce al encuentro que San Martín mantuvo entre el 26 y el 27 de julio de 1822 con el libertador venezolano Simón Bolívar, marcó el inicio de la etapa de retiro del argentino. Luego de aquel encuentro, San Martín cedió a Bolívar la continuidad de la guerra contra España y comunicó su deseo de renunciar como protector de Perú y regresar a Mendoza.

    Ya en territorio argentino, San Martín quiso visitar a su esposa María de los Remedios de Escalada, quien había permanecido en Buenos Aires luego de su partida hacia los Andes, afectada por una cruel tuberculosis. La mujer falleció con 25 años, días antes de que San Martín alcanzara a visitarla por última vez.

    Pero al regresar a Buenos Aires se encontró un panorama poco alentador: las élites argentinas estaban enfrascadas en el enfrentamiento entre unitarios y federales, contexto en el que San Martín no era visto con buenos ojos y hasta acusado de conspirador. Decepcionado, el libertador decidió partir hacia Europa el 10 de febrero de 1824, acompañado únicamente de su hija Mercedes, por entonces de 8 años.

    Tardó dos meses en llegar a su primer destino, Londres. Allí se encontró con amigos europeos y americanos que lo habían acompañado durante sus incursiones en Chile y Perú. Uno de ellos fue José Antonio Álvarez de Concardo, a quien San Martín le había confiado dinero con el que contaba para mantenerse en Europa.

    Según un compendio histórico hecho por el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, San Martín se sorprendió al saber que su colaborador había perdido ese dinero en malas inversiones en la bolsa de valores.

    Sin demasiados recursos, San Martín se mudó a Bruselas a finales de 1824. Mientras su hija fue destinada a un pensionado para "señoritas", él se afincó en las afueras de la ciudad belga. Durante esa época mantuvo un frecuente contacto epistolar con varios referentes de las luchas independentistas, entre ellos el caudillo chileno Bernardo O'Higgins. En una de sus cartas, fechada el 3 de febrero de 1825, San Martín le confiesa al chileno su intención de regresar a suelo americano para "concluir mis días en mi chacra, separado de todo lo que sea cargo público y si es posible de la sociedad de los hombres".

    La pérdida de entusiasmo de San Martín por los movimientos políticos que se disputaban el nuevo mapa sudamericano se evidenciaba en sus cartas, pero tendría su punto más alto en el frustrado intento de regreso a Buenos Aires en 1828.

    El historiador argentino Felipe Pigna consigna, en su sitio El Historiador, que San Martín intentó pasar inadvertido en su viaje, utilizando el nombre ficticio de José Matorras. El periplo del excombatiente comenzó en noviembre de 1828 en Bruselas e incluyó escalas en Londres, el puerto inglés de Falmouth y Río de Janeiro, donde el 15 de enero de 1829 se enteró de que las cosas en su tierra no andaban bien.

    Antes del último tramo de su viaje hacia Buenos Aires, San Martín leyó en la prensa que su antiguo oficial Juan Lavalle, en el bando de los unitarios, había derrocado y asesinado al gobernador de Buenos Aires Manuel Dorrego, federal. Sabedor de que se iniciaba un nuevo enfrentamiento entre unitarios y federales, San Martín decidió no asentarse nuevamente en tierras argentinas.

    Además —recoge Piña— el nombre ficticio no había sido suficiente para despistar a diplomáticos europeos y estadounidenses que ya se habían notificado del eventual regreso de San Martín y temían por los posibles intereses políticos que pudiera tener en la región. Para el caudillo, sin embargo, el principal anhelo consistía en descansar en su tierra.

    "Mi sable no se deseinvainará jamás en guerra civiles", le dijo San Martín a amigos que llegaron a visitarlo mientras permanecía en un barco fondeado en Buenos Aires, esperando para pasar algunos meses en Montevideo.

    Los últimos días en Francia

    El rumbo de San Martín estaba puesto nuevamente en Europa. Esta vez se radicó en París, en una casa alquilada. Vivió junto a su hija hasta que ella, en 1832, viajó a Buenos Aires para casarse con Mariano Balcarce. Desde ese momento San Martín permaneció solo, ya con menos preocupaciones económicas gracias a la venta de algunas propiedades que aún conservaba en Argentina. Así pudo comprar una casa en Grand Bourg, en las afueras de París.

    La historia cuenta que dedicó aquellos años a cuidar de su jardín personal de rosas, montar caballos, leer y despuntar su gusto por la costura. Comía asados y tomaba mate como todos los rioplatenses pero desde su casa parisina, en la que frecuentemente recibía amigos europeos y americanos que lo visitaban y lo mantenían al tanto del panorama en el sur.

    Dejó París para mudarse a Boulogne sur Mer cuando en 1848 estallaron las revueltas que llevaron a la Segunda República Francesa. Allí pasó sus días hasta el 17 de agosto de 1850 cuando dejó de existir.

    Había sufrido cólera años atrás y durante su época revolucionaria fue atacado incesantemente por la úlsera, la gota y el asma, según consignó en 1982 el médico Mario Dreyer en un libro titulado Las enfermedades del general don José de San Martín. Los últimos años del prócer además estuvieron caracterizados por fuertes cólicos que lo tuvo siempre a maltraer.

    Si bien la causa de la muerte no está clara, en su libro Dreyer especula con que haya fallecido producto de un "shock hemorrágico" provocado por la úlcera.

    Los restos de San Martín fueron repatriados hacia Argentina recién en 1880, luego de la muerte de su hija Mercedes, quien reclamaba que se mantuvieran en Francia, donde ella residía por entonces. Tras varios años en Buenos Aires, actualmente los restos del prócer descansan en Mendoza. Después de todo, donde él anhelaba radicarse tras la revolución.

    Etiquetas:
    historia, París, América Latina, José de San Martín, Argentina
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