13:13 GMT27 Septiembre 2020
En directo
    Sociedad
    URL corto
    0 291
    Síguenos en

    Cuando la Reina Isabel I de Inglaterra tuvo ante sus ojos la primera calza hecha a máquina, supo que algo malo podría suceder. Increíblemente, esta prenda que se usa hasta nuestros días guarda en su historia lo mejor y lo peor de una época que cambió para siempre a la humanidad.

    El desarrollo de la industria textil británica fue el motor de la Revolución Industrial que, desde la segunda mitad del siglo XVIII, modificó para siempre la forma de producir objetos de consumo. Sin embargo, pocos conocen el valor que en este cambio histórico tuvo una prenda en particular: las calzas o medias largas.

    Es que si bien los cambios que se introdujeron principalmente en la industria textil permitieron multiplicar de forma inédita hasta entonces la capacidad de producción de diferentes prendas, es en la historia de estas calzas en que puede verse la magnitud de la discusión que derivó de dejar atrás un modo de fabricación artesanal para incorporar máquinas.

    Nada mejor para ilustrar el comienzo de ese debate que una anécdota que involucra a la Reina Isabel I de Inglaterra, cuyo reinado se extendió entre 1558 y 1603, recogida por el portal Atlas Obscura. Cuenta la historia que sobre fines del siglo XVI, un funcionario presentó a la reina unas novedosas calzas hechas ya no por un sastre sino por una máquina.

    Isabel I recibió el regalo pero había algo que no la convencía: sabía que un invento así podía dejar sin sustento a los sastres que vivían de su trabajo manual. "Tengo mucho amor por mi pobre pueblo, que obtiene el pan de su trabajo de tejido como para dar mi dinero para un invento que va a tender hacia su ruina al privarlos del empleo y convertirlos en mendigos", sostuvo.

    Las calzas rechazadas por Isabel I habían sido fabricadas en la que se considera la primera máquina de tejer, ideada por el clérigo británico William Lee en 1589. Más allá de la razón de su idea —la leyenda tanto dice que lo hizo para facilitarle el trabajo a su esposa como que buscaba que su amante pasara más tiempo con él y menos tejiendo—, Lee diseñó la nueva máquina colocando agujas en piezas de madera que se movían mecánicamente, enganchaba el hilo y lo pasaba a través de la línea previa.

    La rústica máquina inventada por Lee fue mejorada varias veces, tanto por él mismo (que luego ofrecería su invento a Enrique IV de Francia) como por sus seguidores, que regresaron a Inglaterra para continuar trabajando en formas mecánicas de fabricar este tipo de calzas o medias largas. La actividad textil se centró en la ciudad de Nottingham.

    A comienzos del siglo XIX, la producción mecánica de calzas ya estaba establecida pero la crisis económica que caracterizaba a esos años llevó a los trabajadores a enfrentarse a las máquinas, a las que señalaban como responsables de la precarización laboral que vivían. Nacieron así los luditas (en inglés luddities), en honor al trabajador Ned Ludd, quien según la leyenda había sido el primero en romper telares en 1779.

    Las protestas llegaron a tal punto que el Parlamento británico sancionó una ley para sentenciar a muerte a quienes rompieran telares. Finalmente, decenas de luditas fueron colgados por manifestarse. Así, el temor de la Reina Isabel I, dos siglos antes, se hacía realidad.

    Mucho antes de los procesos que lograron mejorar las condiciones de los obreros de las incipientes industrias, la historia de la fabricación de calzas y medias largas fue la expresión de los nuevos problemas que la Revolución Industrial traería consigo. Después de todo, la reticencia de la reina ante la primera calza hecha a máquina, no estaba lejos de la realidad.

    Etiquetas:
    Reino Unido, revolución industrial, industria textil, pantimedias
    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía SputnikComentar vía Facebook