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    Gumaro de Dios fue un caníbal mexicano que se convirtió en noticia a principios del siglo XXI por la magnificencia del crimen. Pero, ¿qué sucede en la mente de un criminal para cometer este tipo de actos?

    En diciembre de 2004, Gumaro de Dios tenía 26 años cuando el agente Alejandro Díaz lo encontró abrazado a lo que quedaba de un cadáver, pero que en aquel momento ya había quedado reducido a pedazos de carne descompuesta y sangre escurriendo por el suelo. 

    La historia de Gumaro es singular, es, en sí misma, la antítesis de su nombre. Gumaro es lo más alejado al santo Gumaro y no es benévolo como la imagen de cualquier dios. Es, por el contrario, el hombre que se devoró a otro hombre en un 12 de diciembre.

    Mientras miles de mexicanos realizaban largas caminatas para llegar a celebrar a la Virgen de Guadalupe en la Basílica de la Ciudad de México, Gumaro asesinaba a quien fuera su pareja sentimental en las inmediaciones de Playa del Carmen.

    Luego de matar a Raúl González, alias El Pelón, como identificaba Gumaro a su pareja, decidió comerse partes de su piel. Primero la masticó por pedacitos y después fue por más ingredientes para sazonar el resto de la carne.

    Según relata el periodista Alejandro Almazán en su libro Gumaro de Dios, el caníbal, cuando los agentes llegaron por Gumaro, este solo se levantó sin inmutarse porque lo habían encontrado junto a un cadáver.

    La historia de Gumaro antes de ser un caníbal

    Gumaro de Dios nació un 7 de abril de 1978 en el municipio de Cárdenas, en el estado de Tabasco. Sus primeros recuerdos se componen por la desgracia, pues en la niñez fue violado por uno de sus tíos.

    Desde joven comenzó a consumir drogas, por lo que a los 18 años su padre decidió meterlo al Ejército. Tiempo después dejaría la educación militar para continuar con su desaforado estilo de vida.

    En la investigación que realizó Almazán, hay registro de un expediente médico de Gumaro de Dios en el que se precisa que este padecía de esquizofrenia y paranoia desde la adolescencia. Además, tenía tendencias zoofílicas dado que le gustaba mantener relaciones sexuales con animales. En medio de sus alucinaciones, se enamoró de una yegua e incluso llegó a decir que quería procrear hijos junto a ella.

    Su atípico comportamiento sexual lo llevó a confundir constantemente su identidad. A veces se identificaba como un chico malo y en otras tantas como una mujer mala.

    En el 2000, a sus 22 años, fue ingresado por primera vez en el penal de Cárdenas por el robo de una grabadora y cinco camisas. Pero para ese entonces, Gumaro ya había cometido otro crimen: la violación de su sobrino de un año.

    Sin embargo, durante todo ese tiempo, nadie asoció su comportamiento a algún padecimiento mental sino a simples actos criminales.

    Gumaro en Playa de Carmen

    Gumaro se trasladó de Tabasco a Petén, en el estado de Quintana Roo, donde conoció al joven Raúl González. Primero se convirtieron en amigos, luego en cómplices y finalmente en amantes.

    De esta amistad, surgió un fuerte vínculo para realizar un sinfín de fechorías sin ningún límite, por lo que decidieron irse a vivir cerca de Playa del Carmen, donde comenzaron a delinquir y a prostituirse con los turistas.

    Aún sin saber que padecía paranoia, Gumaro continuó consumiendo drogas junto a Raúl cada que la ocasión se los permitía. Los jóvenes pasaban sus días entre hierba de marihuana y alcohol.

    En la última convivencia que tuvieron, ambos se drogaron y embriagaron, pero esta vez todo terminó en una discusión sin retroceso: Gumaro golpeó a Raúl hasta dejarlo inconsciente y lo ahorcó con un cable.

    Después descuartizó el cuerpo de El Pelón para cocinarlo como si fuera cualquier tipo de carne. Tiempo después, recordaría que la carne de humano tiene un sabor "como a carne de borrego".

    La historia de Gumaro parece ser un desventurado juego de la imaginación como en la novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del doctor Jekyll y el Mr. Hyde, pero en realidad tiene su explicación en un padecimiento mental. Murió en 2012 el hospital general de Chetumal, Quintana Roo, víctima del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida). Tenía 34 años.

    Según el Instituto Nacional de Psiquiatría, alrededor del 30% de la población mexicana padece algún tipo de trastorno mental; sin embargo, la cantidad de personas que acuden a tratarse es baja.

    Etiquetas:
    México, canibalismo
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