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    El Gobierno de México limitó las medidas de seguridad para el cuidado de los asilos a filtros de entrada y uso de gel antibacterial; sin embargo, en algunos decidieron extremar precauciones de otros modos.

    La pandemia de COVID-19 ha ocasionado que los asilos se conviertan en una especie de búnker en medio de las grandes ciudades. Sin visitas o con trajes especiales, los adultos mayores que habitan en estos lugares han cambiado las visitas familiares por videollamadas.

    En el Albergue San Sebastián A.C., en la alcaldía Benito Juárez, en la Ciudad de México, desde la segunda semana de marzo se restringieron todo tipo de visitas de familiares y trabajadores externos.

    A partir de ese momento, los 30 ancianos que habitan el lugar han reconfigurado su esquema de vida a uno en el que ya no hay actividades de ejercicio físico, de entretenimiento o acompañamiento espiritual.

    Sin embargo, para Ivonne Martínez, encargada de la administración del albergue, el cambio no ha sido tan significativo como pudiera parecer. "La gente está acostumbrada en gran parte a este tipo de vida, en donde la convivencia fundamental es con sus compañeros y con los cuidadores", relató a Sputnik.

    "Cuando es mucha la necesidad de ver a algún hijo o algo, lo hacemos a larga distancia: el hijo desde la puerta y el residente adentro de la casa (…) para que se vean, para que se saluden de lejos", agregó.

    El confinamiento en el Albergue San Sebastián transcurre en la soledad de las habitaciones, en las inmediaciones del comedor o en la sala de estar. Nunca más allá, pero acaso es esa soledad, la que los mantiene a salvo del contagio del SARS-CoV-2.

    "Nada entra sin ser desinfectado en la entrada del albergue; entonces, todo se desinfecta, todo lo que se recibe, todo lo que llega de compras de entrega a domicilio, de todos los insumos. Todo se desinfecta antes de entrar", explicó Martínez.

    Las estadísticas de vejez en México

    Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID), en el país residen 15,4 millones de personas de 60 años o más y, de esta cifra, 1,7 millones viven en soledad.

    La ENADID también señala que más del 80% de los ancianos habita con sus familiares: 47,9% vive en hogares nucleares —conformado por un solo núcleo familiar— y 39,8% residen en hogares ampliados —con más de una familia—.

    A pesar de que más del 10% de la población mexicana es adulta mayor, menos del 10% de los 15,4 millones de ancianos que hay en el país vive en centros de atención especializada para el cuidado de adultos mayores.

    De acuerdo con el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México solo existen 819 asilos u otro tipo de residencias para el cuidado del anciano, de las cuales 85% corresponden al sector privado y 15% al sector público.

    Los brotes de COVID-19 en Nuevo León

    Las condiciones de vejez en México podrían representar una ventaja ante el SARS-CoV-2; sin embargo, no es así. Aquí, al igual que en España o Italia, el virus ha hecho estragos en los centros de cuidado para los ancianos.

    En Nuevo León, por ejemplo, hasta el día 21 de mayo se reportaban siete muertes de personas que vivían en asilos; esto, debido a los brotes de COVID-19 en este tipo de establecimientos en la entidad.

    A través de una conferencia de prensa del 23 de mayo, el titular de la Secretaría de Salud de este estado, Manuel de la O Cavazos, instó a la población a llevarse a sus familiares a sus respectivos hogares para no exponerlos al contagio.

    En este sentido, recordó que las personas ancianas son más vulnerables al SARS-CoV-2 y que los asilos pueden representar un riesgo de contagio por el nivel de concentración de personas.

    No obstante, no todos los asilos del estado están en riesgo de contagios, pues algunos han tomado medidas más extremas para hacer frente a la pandemia por COVID-19.

    El asilo de Nuevo León sin casos de COVID-19

    En la Casa de Reposo María Esperanza Nuestra, en Monterrey, Nuevo León, decidieron extremar precauciones desde la segunda semana de marzo, antes de que iniciara la Jornada Nacional de Sana Distancia, suspendiendo todo tipo de visita que no fuera estrictamente necesaria.

    A partir de ese momento, el gel antibacterial, las mascarillas y la toma de temperatura al entrar a esta residencia para ancianos, se convirtieron en prácticas obligatorias para el personal de enfermería que atiende a quienes allí habitan.

    Pero luego de que a principios de mayo se reportaran los primeros casos de COVID-19 en asilos del estado de Nuevo León, la administración de la Casa de Reposo María Esperanza Nuestra decidió intensificar aún más las medidas de seguridad.

    Según cuenta a Sputnik Rebeca Martínez, quien trabaja en el área de administración, hace un mes se comenzaron a aplicar nuevos protocolos de ingreso para el personal de salud del asilo, los cuales van desde cambio de ropa hasta sanitización de objetos personales. 

    "Aquí para manejar a los pacientes, pues utilizamos el equipo de protección personal, como son los guantes, la careta, las gafas y también utilizamos el cubrebocas quirúrgico", dice.

    De esta forma, la Casa de Reposo María Esperanza Nuestra ha logrado salvarse de los contagios de COVID-19 que asechan a Nuevo León.

    El asilo de la Ciudad de México que no se salvó del COVID-19

    Desde el inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia —el 23 de marzo—, el Gobierno de la Ciudad de México emitió una serie de recomendaciones para los asilos y albergues, los cuales consistían en: uso de gel antibacterial, filtros de entrada y monitoreo médico.

    Sin embargo, en la Fundación Concepción Beistegui, en el Centro Histórico de la ciudad, las medidas de seguridad llegaron con retraso; por ejemplo, Pedro García, trabajador del área de intendencia, continuó sus labores hasta el 11 de abril, a pesar de ser parte de la población vulnerable por tener complicaciones en las vías respiratorias.

    Por su parte, las autoridades de la Fundación Concepción Beistegui han explicado en diversos comunicados que desde el inicio de la contingencia tomaron las medidas de seguridad necesarias como: comunicación con familiares, capacitación del personal y sanitización del espacio.

    A pesar de ello, el centro de atención para ancianos es el único de su tipo con un brote de COVID-19 en la Ciudad de México. El lunes 25 de mayo, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, dio a conocer en una videoconferencia que se detectó un brote de COVID-19 en un asilo de la alcaldía Cuauhtémoc.

    Se trata de la Fundación Concepción Beistegui, en donde hasta el día 26 de mayo se reportaba el fallecimiento de dos residentes por COVID-19. Una semana después, el 1 de junio, la administración informó que en el último mes la cifra de decesos llegó a 11, aunque no todos fueron por COVID-19.

    Etiquetas:
    pandemia de coronavirus, pandemia, COVID-19, ancianos, México
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