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    El 24 de abril de 2015 en la ciudad turca de Estambul tuvieron lugar actos masivos dedicados al centenario del genocidio armenio. Los residentes de una de las mayores ciudades turcas vieron en las calles a cientos de armenios que no ocultaban su identidad nacional.

    Los descendientes de las víctimas del genocidio se reunieron en el distrito de Shishli. Entre ellos estaba Rean Saleri Sarebái, la nieta de la hermana de Rubén Sevak, poeta y médico que murió durante el genocidio. Se dirigió a la audiencia con una voz temblorosa:

    "Rubén Sevak ha sido mi héroe desde la infancia. Lo adoraba, me encantaba escuchar historias sobre él. Pero junto con un sentimiento de orgullo sentía también rabia. ¿Por qué rechazó el trato con los turcos? ¿Por qué no se casó con una turca y no salvó su vida? Me llevó mucho tiempo entender y perdonarlo. Era un idealista incorregible, y estoy orgullosa de que su sangre fluya en mis venas...".

    Rubén Sevak fue uno de los 250 intelectuales que fueron arrestados, exiliados a los desiertos de Siria y asesinados por el Gobierno otomano el 24 de abril de 1915. Tenía solo 30 años y dejó a su esposa alemana Yanni y a dos hijos menores, Levón y Shamiram

    Entre los verdugos de Sevak hubo uno que le debía al médico la vida de su hija. En 1914, Sevak curó a la hija de un alto funcionario turco gravemente enferma y a punto de morir. La chica se enamoró de su salvador. El turco, deseando a su manera expresar su gratitud a Sevak, le ofreció casarse con ella.

    "Doctor, su nación debe morir, ninguno de ustedes puede ser salvado. Pero si adoptas el Islam y tomas a mi hija como tu esposa, te salvaré", aseguró el funcionario.

    Sevak, sorprendido por tal oferta, declaró que ya estaba casado y tenía hijos. El turco solo sonrió en respuesta:

    "No es gran cosa. Para nuestra religión no es un obstáculo".

    Sevak rechazó el trato. Consideraba el cristianismo parte integral de la identidad nacional de los armenios, y además, amaba a su esposa con locura.

    El amor de Rubén y Yanni

    El poeta y médico conoció a la alemana Yanni Apal mientras estudiaba en la facultad de Medicina de la Universidad de Lausana, en Suiza. En 1910 se casaron, y la joven tomó el apellido de su marido, convirtiéndose así en Janni Sevak. De hecho, el poeta, que no era conocido por su romanticismo y escribía sobre temas de patriotismo, dedicó varias obras a su esposa. 

    Después de conocer a su futuro esposo, Yanni comenzó a interesarse por la historia armenia, a estudiar la lengua. Sin embargo, nunca se enamoró de Constantinopla. En 1914 escribió a su marido:

    "Rubén, por favor, vamos a Suiza en el primer barco, no me gusta este país. Es terrible, acaso no lo ves, no hay sonrisa en una sola cara".

    El 24 de abril de 1915, día de la deportación de su marido, tras saber qué le había pasado Janni Sevak fue inmediatamente a la embajada alemana en Turquía. Los turcos no tenían derecho a deportarla, ya que Yanni era de nacionalidad alemana. El embajador alemán respondió a la petición de Janni de salvar a su marido de esta manera:

    "¡Eres una alemana que no merece este nombre, has traicionado a tu nación, te has casado con este armenio y ahora vienes a pedirme que lo libere! No va a regresar. Todos se han ido a morir".

    Horrorizada por esta respuesta, Janni tiró su pasaporte alemán en la cara del embajador diciendo: "Tengo un hijo, lo criaré para que pueda vengar a los alemanes por su padre".

    Tras recibir la noticia de la muerte de su marido, Janni Sevak se fue a Francia con sus dos hijos. Renunció a su ciudadanía alemana e incluso dejó de hablar alemán. Le dio a los niños una educación armenia

    Janni murió en Niza el 28 de diciembre de 1967. Según su testamento, fue enterrada en un cementerio armenio. Los descendientes de Rubén gracias a los esfuerzos de su esposa han preservado sus raíces armenias. La hija de Shamiram Sevak murió a los 102 años en 2014. Está enterrada junto a su madre.

    Etiquetas:
    genocidio armenio, armenios
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