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    Japón durante mucho tiempo sorprendió al mundo con sus bajas estadísticas de infectados por el coronavirus SARS-CoV-2. ¿A qué se debe el éxito del país asiático en contener la epidemia y por qué la tasa de propagación está volviendo a subir?

    La corresponsal de Sputnik en Tokio, Eleonora Shumílova, explica cómo las peculiaridades culturales y la mentalidad de los japoneses ayudaron a contener la epidemia y por qué estas mismas características fueron una de las razones detrás del reciente aumento en la tasa de propagación del virus en el país.

    Un inicio optimista

    La población japonesa reaccionó instantáneamente a las primeras noticias sobre el coronavirus el 16 de enero, cuando detectaron el primer contagio en el país. El brusco aumento de la demanda de mascarillas provocó inmediatamente que escaseasen, pero casi todos los japoneses estaban armados con protección.

    El 26 de febrero, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, anunció el cierre temporal de las escuelas y la cancelación de los actos públicos, señalando que las próximas dos semanas serían muy importantes para contener el virus. Después de este anuncio las calles de Tokio se vaciaron de forma muy rápida.

    ¿Cuál es la diferencia entre Japón y los demás países en la lucha contra el virus?

    Los japoneses tienen un nivel de conciencia y de compromiso social muy alto, en comparación con países como Estados Unidos y como los europeos, donde muchas personas, sobre todo jóvenes, ignoran los llamados de las autoridades a no salir y mantener la distancia, señala Shumílova. No todo el mundo estaba dispuesto a renunciar a comer juntos en un restaurante o incluso a besarse al verse. Mientras tanto, los japoneses suelen hacer una reverencia en vez de abrazarse o de estrecharse la mano.

    Sin embargo, el caso japonés parece increíble incluso en comparación con el escenario de Corea del Sur, que en el pasado se ha enfrentado directamente con el SARS. Así, este último país tiene mucha más experiencia a la hora de responder a esta clase de emergencias. Sin embargo, no pudo impedir en un primer momento un rápido aumento del número de infectados. Entonces, ¿por qué la tasa de contagios en Japón creció tan lentamente?

    Una de las razones es sin duda el bajo número de pruebas de detección de virus realizadas, cree la corresponsal. Sin embargo, la situación en los hospitales estadounidenses y europeos muestra claramente que es imposible ocultar la epidemia. Intentos similares se hicieron en Wuhan, pero fracasaron muy rápidamente. ¿Cuál fue el secreto de Japón? 

    1. En primer lugar, los japoneses se diferencian notablemente de la gente de otros países en su obsesión por la limpieza en todas sus manifestaciones. Desde la infancia, son muy atentos ante cualquier posible infección. Se vende un montón de productos de limpieza, y con el advenimiento de la amenaza del coronavirus, casi todas las instituciones y tiendas japonesas empezaron a poner antisépticos a base de alcohol en sus entradas.
    2. La segunda razón es que llevan siempre mascarilla, costumbre que existe en Japón desde hace mucho tiempo. Así, si un japonés está enfermo no suele quedarse en casa, sino que va a trabajar pero llevando mascarilla para no contagiar a los demás.
    3. En tercer lugar, el factor de los frecuentes desastres naturales ha enseñado a los japoneses a escuchar las recomendaciones de las autoridades. 
    4. Por último, el distanciamiento social es la norma para los japoneses en su vida diaria.

    ¿Por qué ha empeorado la situación?

    Al cabo de dos semanas, Abe agradeció a la población los esfuerzos que había realizado para prevenir la propagación del coronavirus al señalar que los expertos del Gobierno estimaban que las medidas adoptadas habían sido eficaces para contener el virus. Y esta declaración parece haber sido el principal error, opina Shumílova. 

    Las calles de Tokio volvieron a llenarse de gente, y la vida comenzó a volver gradualmente a la normalidad. Aunque las restricciones seguían en pie y los museos, escuelas y parques de atracciones estaban cerrados, la gente empezó a actuar de forma más relajada.

    A mediados de marzo, los cerezos florecieron, y la mayoría de los residentes del país no se negaron el placer tradicional de gozar de sus flores. Como resultado, los días 21 y 22 de marzo había tanta gente en los parques y en la ciudad en general que no hubo dudas de que el número de infectados aumentaría. Y así fue. Para el 2 de abril, el número de infectados superó los 2.300, y murieron 57 personas. El número sigue creciendo. Las autoridades cerraron los parques, pero fue demasiado tarde.

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