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    Bernardo Torres tenía 26 años y apenas dos trabajando como reportero cuando acudió al llamado desesperado que los normalistas de Ayotzinapa hicieron en la noche del 26 de septiembre de 2014. En entrevista con Sputnik, Torres recordó la tragedia que acompañó de cerca y que hasta hoy pasados cinco años, sigue impune.

    No hubo parte del país (ni del mundo) que no haya cimbrado con el secuestro y la desaparición forzada de 43 jóvenes pobres y campesinos que estudiaban para ser maestros en una zona rural del sur de México. La Escuela Normal de Ayotzinapa ha sido la cuna de líderes sociales desde su fundación en 1926 y aún hoy integra la organización estudiantil más antigua del país, la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, la Fecsm, nacida en 1935.

    Cuando Torres decidió viajar 100 kilómetros al norte desde donde trabaja en Chilpancingo (la capital del estado de Guerrero) hasta la peligrosa ciudad de Iguala, no sabía qué había pasado realmente. Sin embargo, iba recordando un duro antecedente: en 2011 otros dos estudiantes de la Escuela Normal, Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, habían sido asesinados por la Policía durante una manifestación. 

    "Nos fuimos a Iguala sabiendo que había una situación grave, de riesgo, y cuando llegamos encontramos la escena de dos estudiantes tirados en pleno Periférico, con impacto de bala, vehículos baleados. Nos remontamos a 2011 y pensamos: otra vez mataron a jóvenes", contó el reportero. 

    Cuando el joven reportero llegó a Iguala en las primeras horas del 27 de septiembre, el normalista Aldo Gutiérrez había sido herido de gravedad en la cabeza por una bala. Cinco años después, continúa en coma. Daniel Solís Gallardo y Julio César Ramírez Nava también fueron asesinados en ese punto, mientras los sobrevivientes al primer ataque armado intentaban dar una conferencia de prensa. 

    "No dimensionamos los hechos hasta días después", recordó Torres. 

    Los principales hitos en cinco años de lucha 

    Según la investigación de un grupo independiente e interdisciplinario de expertos, así como a la participación del Equipo Argentino de Antropología Forense que actuó como perito independiente, los estudiantes fueron perseguidos y secuestrados en un mega operativo coordinado, que incluyó la participación de varias corporaciones policiales y que sucedió en distintos escenarios. El resultado de la investigación pudo conocerse a un año de los hechos.

    También confirmó que todo lo sucedido durante su persecución y secuestro en Iguala fue monitoreado por el sistema de vigilancia público llamado C4, a cargo de la Secretaría de Defensa Nacional. Su responsabilidad en lo sucedido sigue sin aclararse y es uno de los grandes reclamos de las familias de los jóvenes desaparecidos.

    "Los padres se empezaron a agrupar para conformar el movimiento y se involucraron los maestros, estudiantes, organizaciones campesinas y sociales. Empezamos a ver reacciones en otros puntos del país y en la ciudad de México", dijo el reportero. 

    Como respuesta a la falsa versión del destino final de los estudiantes -anunciada en noviembre de 2014 por el entonces procurador General de Justicia, Jesús Murillo Karam-, una multitudinaria marcha en Ciudad de México reclamó por la aparición con vida de las 43 víctimas. Era tal la tensión del momento que la manifestación terminó quemando una de las puertas del Palacio Nacional, sede del Gobierno nacional.

    Para Torres, ese fue uno de los momentos más duros en la cobertura que realizaron los periodistas de Guerrero durante el primer año que siguió a la desaparición de los estudiantes. "Los padres no creían en esa explicación, rechazaron y refutaron la historia de Murillo Karam", explicó Torres. Hoy, los padres de los 43 reclaman que tanto este exfuncionario judicial como Tomás Zerón, exdirector de la Agencia de Investigación Criminal, sean juzgados por haber creado una versión falsa de lo sucedido con los desaparecidos. 

    En las semanas previas a este anuncio, recuerda Torres, el primer momento duro para este movimiento fue el hallazgo de una fosa clandestina en Iguala con 28 cuerpos calcinados, en un punto conocido como Pueblo Viejo.

    "Los cuerpos eran recientes y en un momento creímos que eran los jóvenes. Eso nos quedó muy presente porque ya no se supo jamás qué pasó con esos cuerpos o sus identidades", recordó. 

    Y el momento "cúspide", en su opinión, fue cuando el Palacio de Gobierno del estado de Guerrero fue incendiado. "Dijimos entonces que si con esto no se presentaban los chavos, ya no los iban a presentar porque fue un punto de quiebre, de ingobernabilidad. Ya no había más nada que hacer en Guerrero, no había instancia a la que acudir ni oficina que quemar para que las autoridades dieran con el paradero de los 43", explicó el periodista. 

    La lección de Ayotzinapa al periodismo

    "Aprendimos desde cosas periodísticas a cosas personales, humanas, cómo trabajar con familias de personas desaparecidas, algo que nunca habíamos hecho", recordó Torres.

    "Acercarse a las víctimas cambió mucho nuestra perspectiva y la forma de tratar con las víctimas de la violencia. En Guerrero, el periodismo ya no se hace cuestionando a las víctimas", explicó.

    Cambió, también, la forma de trabajar: "empezó a ser más de equipo, de compartirnos la información, de no hacer nada solos. No hacer coberturas aisladas sino salir en grupo porque si esto le había pasado a un grupo de 100 estudiantes ¿qué nos podía pasar a cinco o seis reporteros?", reflexionó el periodista.

    A su juicio, "el periodismo no es trabajo individual" de egos o de valentía. "No es un trabajo de exclusivas sino más bien un trabajo en equipo en el que hay que estar en coordinación y en comunicación constante", sostuvo.

    Torres observó cómo crece el peligro para los reporteros locales debido a la reciente liberación de 77 de los 142 detenidos por este crimen: "vuelven a la vulnerabilidad y están solos otra vez, porque ya no hay ninguna organización de derechos humanos en Iguala, ni ningún reportero internacional como los que llegaron masivamente los primeros días; pero los criminales, los policías que estuvieron involucrados y hasta el Secretario de seguridad que fueron liberados, allí van a estar otra vez", expresó con temor.

    Parte del material que Torres cosechó en video, así como el trabajo de 14 fotógrafos mexicanos puede verse en una muestra que vuelve al público en el marco de los 5 años de la desaparición forzada de los estudiantes de Ayotzinapa

    La muestra 43/14 fue organizada por el fotógrafo Germán Canseco y apoyada por el recientemente fallecido artista plástico Francisco Toledo. Exhibe parte de la cobertura de 14 fotógrafos guerrerenses durante el primer año del caso Ayotzinapa: Abel Miranda, Alejandrino González, Jesús Guerrero, Dassaev Téllez, Edgar Espinoza, Eric Chavelas, Jessica Torres, Lenin Ocampo, Jesús Hernández, José Luis De la Cruz, Miguel Ángel Morán, Jesús Trigo, Miguel Dimayuga, y Jorge Martínez.

    Etiquetas:
    Ayotzinapa, América Latina, México
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