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    Ronnie Scott, piloto argentino de origen británico que combatió con las fuerzas del Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial

    Mano a mano con Ronnie Scott, piloto argentino en la Segunda Guerra Mundial

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    Francisco Lucotti
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    A sus 24 años, Ronnie Scott fue uno de los miles de voluntarios rioplatenses que se enlistaron para luchar contra las fuerzas de Hitler. Hoy, a sus 101 años, fue homenajeado en el Congreso y recuerda aquellos años de furia con una lucidez impecable.

    Habla con el acento marcado de quienes tienen el inglés como lengua madre, a pesar de haber vivido casi toda su vida en Argentina, con excepción de los cuatro años que viajó a participar de la última gran guerra europea. Vivió más de un siglo una vida de película: deportista, aviador en la Fuerza Aérea británica para frenar a los nazis, piloto de la Aeroposta y de Aerolíneas Argentinas, esposo, padre y abuelo.

    En su semblante y disposición se lee la integridad de un hombre que llegó con lucidez y buen humor a su edad, satisfecho, en paz con sus decisiones, sin remordimientos. Su padre, escocés instalado en Buenos Aires, había sido veterano de la Segunda Guerra Boer en Sudáfrica y murió cuando él tenía ocho años. Su madre era una enfermera inglesa y sufría de asma.

    "Cuando mi madre en el año 42 tuvo que hospitalizarse —no había geriátricos en ese tiempo— yo de inmediato me voy a la Embajada Británica y digo 'acá tienen un voluntario más'. Era un civil cualquiera, lo único que tenía a favor era que me gustaba el deporte y jugaba al rugby en primera división", contó a Sputnik Ronnie Scott.

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    Partió en un barco de la Armada Real británica llamado 'Island Brigade', que venía a la Argentina regularmente para transportar carne de exportación. La embarcación, que llevaba 310 voluntarios argentinos, 70 chilenos, y algunos uruguayos, brasileños y peruanos, hizo paradas en Montevideo y Río de Janeiro y, cuando se encontraba de camino a Inglaterra, fue desviado a Nueva York para recoger a 50 oficiales navales estadounidenses, contó.

    Allí, las autoridades navales eligieron a 29 varones de los 400 para tomar el siguiente barco transatlántico, sabiendo de los peligros que se corría debido a los U-boot, los submarinos alemanes que estaban al acecho. Scott cuenta que tuvo suerte en ese cruce porque a la semana a un convoy de 60 barcos los nazis hundieron más de 20.

    Ya en el Reino Unido, Ronnie se presenta las oficinas del ejército pero la mujer que lo atiende le dice que le toca infantería, a lo cual él se niega. Logra alistarse para formarse como aviador de la Marina y es enviado primero a Portsmouth, la principal base naval, donde realiza tres meses de examinación. De allí lo mandan a Glasgow, Escocia, y, debido a que los centros de entrenamiento aéreo militares habían sido bombardeados, lo mandan a Canadá vía Nueva York.

    "Después de cumplir las 60 horas de vuelo iniciales, tuve que completar instrucción en aviones militares que incluía ametrallar objetos en tierra, largar bombas sobre el río, hacer vuelos de formación, nocturnos, por instrumental. Ahí gané mis alas", narró el piloto retirado.

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    De regreso en las islas británicas, le dan el rango de subteniente para realizar vuelos en aviones caza Supermarine Seafire, versión naval del Spitfire. Luego es integrado a un escuadrón de tiro y más adelante en la guerra se dedica a transportar aviones entre diferentes bases.

    Ronnie cuenta con una sonrisa los momentos más difíciles que vivió en esos años: "Estuve en bombardeos, en Wembley tuve siete [bombarderos estadounidenses] B-1 pasándome por encima. En una ocasión, estaba volando sobre el mar y se 'pinchó' el motor y tuve que tragar agua. Estaba con un artillero, al que le di instrucciones, y al otro día estaba volando. La saqué barata".

    Al terminar la guerra, hizo un curso de textiles y volvió a la Argentina como gerente administrativo de una compañía. Al año siguiente, decidió hacer carrera como piloto de línea aérea por lo que ingresó en Aeroposta en 1948 y continuó como comandante aerocomercial en Aerolíneas Argentinas.

    Al ser consultado por sus motivaciones para ir a pelear a los 24 años una guerra en la otra esquina del mundo, Ronnie responde con un fragmento de un poema de Thomas Macaulay, un recurso estilístico que pareciera transformarlo aún más en un personaje literario: "Qué mejor manera de morir puede tener un hombre que la de enfrentarse a su terrible destino, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses".

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