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    La repercusión que trajo la película Roma sobre la importancia del trabajo en el hogar fue mayor de la que consiguieron con 17 años de lucha, dijo a Sputnik Petra Hermillo, una de las mujeres que ha fundado organizaciones de trabajadoras. Sin embargo, "la realidad rebasa la película", apuntó.

    Petra es originaria de Oxtotitlán, una comunidad nahua en el municipio de Ahuacuotzingo, uno de los 81 en que se divide el estado de Guerrero. Antes de cumplir 10 años, llegó con su madre a la capital del estado, Chilpancingo.

    "Llegué y entré a trabajar en una casa, iba a cuidar a unos niños. Es difícil porque yo quería estar con mis hermanas, ir a la escuela o hacer cosas que no podía, porque yo trabajaba. Mi papá no estaba, había fallecido, éramos nosotras y mi mamá”, recuerda esta mujer de 60 años, que aún trabaja como empleada del hogar.

    "No hay de otra", responde, cuando se le pregunta por qué lo hace todavía.

    Hoy, hay 2,3 millones de personas dedicadas al trabajo del hogar, una de las poblaciones de de mayor vulnerabilidad en el país. El asunto tiene ribetes de género: nueve de cada 10 de estas son mujeres.

    A pesar de que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador lanzó un programa piloto para incluir a las trabajadoras domésticas en el Instituto del Servicio Social, éste excluye a Guerrero y Chiapas, dos de los Estados más pobres del país, con mayoría de población indígena.

    La discriminación

    En su casa, su madre le dejó en claro a ella y sus hermanas que no quería que hablaran en náhuatl, su primera lengua. Más precisamente en “mexicano”, como le decían a este idioma en el hogar "mexicano". Algo acertado si se tiene en cuenta que es la lengua originaria más extendida del país.

    "Es una situación muy difícil porque llega uno y no sabe hablar muy bien el español, se ríen de uno, se burlan", relata Petra.

    "[Mi madre] no quería que habláramos la lengua porque no quería que nos trataran mal", narra.

    "Yo no lo entendía, pero ella nos platicaba que nos iban a tratar mal. Y era verdad, a mí me decían 'india de Copalillo' [un municipio del norte de Guerrero]. Yo sí entendía lo de la palabra india pues, sí, soy india. Yo no tenía ningún problema con eso... ¡pero no era de Copalillo!”, cuenta.

    Ahora con los años entiende que, a falta de una casa propia en la ciudad, vivían con sus empleadores. Esto eliminaba las barreras que pone un horario de trabajo.

    "Son las 24 horas del día para trabajar, lo sé por experiencia. Si uno se queda a dormir ahí, no hay libertad de descansar, de que pueda acostarme a dormir ahorita hasta que inicie mi jornada de trabajo. No es así", explica.

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    "Mi madre llegó aquí (a Chilpancingo) y no sabía hacer nada, entonces se empleó en una casa. Ahí le pidieron que nos llevara a trabajar con tal persona, que era buena gente. Empezamos a trabajar, pero a veces no nos pagaban. Teníamos dificultades porque decían que nos trataban como a sus hijos, por eso no nos pagaban", recuerda esta mujer que ha sido pionera de la organización de la trabajadoras del hogar en Guerrero.

    "En ese entonces no entendía varias cosas, por eso yo creo que es importante la organización", dice.

    Una red de trabajadoras

    Sus primeras inquietudes fueron a mediados de los años 90, participando de talleres sobre derechos de las mujeres: "Yo decía, si hay esto, ¿por qué hay tanta injusticia? Fue así como me empecé a involucrar más", comenta.

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    Participó primero en el comité de desarrollo de su colonia (barrio) y se dio cuenta que la mayoría de las mujeres compartían los mismos problemas. "Hicimos un encuentro de mujeres de colonias, intercambiando experiencias. Fue ahí cuando pensé 'yo trabajo eso'", cuenta Petra.

    "Al comienzo era muy variado, no era exactamente sobre el trabajo doméstico, sino sobre problemas de las colonias: que faltaba el agua, que no había calles pavimentadas, que no tenían escrituras. Del encuentro nació la idea, para ir trabajando exclusivamente el tema del trabajo doméstico y la problemática de las mujeres en el trabajo", dice la militante obrera a Sputnik

    Luego de la llegada a Chilpancingo del Colectivo Atabal, que trabaja en torno a la valoración del trabajo doméstico, nació la 'Red de Mujeres Empleadas del Hogar de Guerrero', que se fundó con 56 socias y que hoy tiene un padrón de 657 trabajadoras del hogar afiliadas.

    A pesar de las dificultades que presentó la organización, fueron creciendo. Hoy trabajan en cinco municipios del Estado de Guerrero: Chilpancingo, Tixtla, Chilapa, Tlapa y Atlajamalcingo del Monte, en donde han construido comités promotores de los derechos de las mujeres empleadas del hogar.

    Problemas que persisten

    "Muchas veces, la gente todavía busca una muchacha que quiera trabajar y quedarse a dormir", relata. Desde la red desaconsejan este tipo de relación laboral a las trabajadoras, pero en muchos casos los patrones les dicen que "no les conviene" cuando ellas reclaman por sus derechos.

    "Nos dicen que queremos 'las perlas de la virgen' si lo que requerimos es un salario, para que este trabajo sea como cualquier otro, con derechos", explica Petra.

    La referente del movimiento de trabajadoras domésticas comenta a Sputnik que aún existen muchos problemas de pago a las trabajadoras del hogar. En otros casos es aún peor, como cuando plantean las exigencias básicas para la contratación y el patrón les responde que va a "buscar una persona de la comunidad".

    "Piensan que una persona que la van a traer de estos lugares no conoce sus derechos y por eso ellos le van a pagar lo que quieran. Les dicen: 'Vas a tener todo, tu cuarto, tu televisión. Te voy a dar todo, vas a estar bien', pero estando en la ciudad es otra cosa. Es así, con engaños, que se llevan a las jóvenes”, comenta la activista.

    Lo que describe no es algo distinto a lo que se considera trata de personas: mediante engaños se saca a una persona de su ambiente para llevarla a trabajar a un lugar del que no se puede ir, donde su supervivencia y vínculos dependen de la persona que la empleó.

    "Eso es. La mayoría de la gente no lo identifica, pero es trata", sostiene.

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    Según Petra, la taquillera película Roma y su personaje de Cleo, una trabajadora doméstica de origen indígena, permitieron dar un salto a esta discusión.

    "Ha sido fundamental porque nosotros tenemos cerca de 17 años en la lucha por visibilizar el tema, pero con la película fue cosa de un momento, se dio a conocer y todo mundo se dio cuenta", resume.

    Sin embargo, dijo, "la realidad rebasa la película", porque no muestra "la violencia y el acoso sexual de los empleadores y de sus hijos hacia las trabajadoras".

    "Piensan como si una fuera su propiedad. Eso es esclavitud y se sigue padeciendo", asevera.

    Explicó que aunque se sintió representada cuando vio la película, hay algo fundamental que no comparte del relato que presenta la ficción.

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    "Cuando la vi, dije que una trabajadora del hogar nunca deja de serlo. Aunque fuera —como dicen— 'de la familia', porque ella hace cosas que la familia no hace", concluye.

    Etiquetas:
    Guerrero, pueblos indígenas, lenguas indígenas, indígenas, discriminación, mujeres, tareas domésticas, trabajo
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