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    Berú Vijodnoy —'Me tomo un día libre'— la tienda de cervezas más grande del mundo

    Un paraíso con más de 3.000 cervezas en el corazón de Moscú (fotos, vídeos)

    © Sputnik / Ramil Sitdikov
    Sociedad
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    César Salvucci
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    Un local con dos pisos, dos cámaras frigoríficas, 200 cervezas de barril y más de 3.000 botellas de 30 países se ubica en el centro de la capital rusa. Sputnik visitó Berú Vijodnoy —'Me tomo un día libre', en español— para contarte las curiosidades de este lugar que más que "la tienda de cervezas más grande del mundo" es un museo que da mucha sed.

    Evgueni Smirnov, encargado de la cadena, es el responsable de darnos la bienvenida al reluciente local moscovita que busca revolucionar los sentidos de sus clientes. "Tenemos IPA, lager, ale…", comienza a relatar el dueño de casa mientras señala distintas cervezas como si estuviera presentándonos a miembros de su familia.

    A lo largo del recorrido, Evgueni irá contando asombrosas historias y particularidades de muchas cervezas, desde un homenaje a uno de los jugadores de fútbol más importantes del mundo hasta una "guerra fría entre dos hermanos". Cerveza, birra, chela, cerbatana, no importa el nombre: bienvenidos a la tienda más grande del mundo de esta popular bebida.

    Evgueni Smirnov, encargado de la cadena Berú Vijodnoy —'Me tomo un día libre', en español— la tienda de cervezas más grande del mundo
    © Sputnik /
    Evgueni Smirnov, encargado de la cadena Berú Vijodnoy —'Me tomo un día libre', en español— la tienda de cervezas más grande del mundo

    200 canillas de cervezas siempre frías

    En la pared que está detrás del mostrador principal se ubica una hilera de 200 grifos. Es tan larga que da una vuelta y forma una ele. Cada canilla tiene su respectivo 'pasaporte' en el que se detalla el nombre, la graduación alcohólica y la ciudad de origen.

    Pero lo más impactante está detrás del muro. La cerveza no se enfría con el clásico sistema de serpentín, sino que los barriles están almacenados en una gigante cámara frigorífica a tres grados centígrados. La puerta para entrar a este 'búnker' es muy gruesa, completamente negra, y advierte en letras blancas: "Cámara frigorífica. Tres grados. Solo personal autorizado".

    La gigantesca 'heladera' tiene ventanas para que los clientes puedan comprobar cómo se almacena la bebida. Evgueni abre la puerta e inmediatamente despierta la curiosidad de todos los que están en el local.

    • Berú Vijodnoy —'Me tomo un día libre'— la tienda de cervezas más grande del mundo
      Berú Vijodnoy —'Me tomo un día libre'— la tienda de cervezas más grande del mundo
      © Sputnik / Ramil Sitdikov
    • En la pared que está detrás del mostrador principal se ubica una hilera de 200 grifos
      En la pared que está detrás del mostrador principal se ubica una hilera de 200 grifos
      © Sputnik / Ramil Sitdikov
    • Cámara frigorífica. Tres grados. Solo personal autorizado
      Cámara frigorífica. Tres grados. Solo personal autorizado
      © Sputnik / César Salvucci
    • Al entrar en la cámara, uno se siente en el laboratorio de Walter White
      Al entrar en la cámara, uno se siente en el laboratorio de Walter White
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    © Sputnik / Ramil Sitdikov
    Berú Vijodnoy —'Me tomo un día libre'— la tienda de cervezas más grande del mundo

    Al entrar en la cámara, uno se siente en el laboratorio de Walter White. Una luz roja muy tenue invade cada rincón y entre los pasillos se acumulan decenas de barriles y mangueras transparentes que van de un lado a otro para alimentar a cada uno de los picos.

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    "Además de los 200 barriles para cada grifo, tenemos otros que no están conectados pero que se almacenan a la temperatura ideal", explica el encargado que cuenta con orgullo que este sistema ha sido adquirido por otros locales en distintos países de Europa.

    Pese a los tres grados, no dan ganas de salir de allí. Se puede escuchar el sonido de la cerveza corriendo por las mangueras en medio de los barriles. Al fin y al cabo, esta temperatura es mucho más agradable que los diez grados bajo cero que marca el termómetro en la calle.

    Pese a los tres grados, no dan ganas de salir de allí
    © Sputnik /
    Pese a los tres grados, no dan ganas de salir de allí

    Un homenaje a Maradona y una "guerra fría entre dos hermanos"

    Más allá de las particularidades de cada cerveza, como el tipo de levadura, la fermentación, textura y graduación, detrás de algunos nombres se esconden interesantes historias.

    "Esta cerveza es especial para ver fútbol", anuncia Evgueni. Se trata del grifo número 61, una birra 'golden ale' de San Petersburgo con una graduación de 4,5% y que fue bautizada como la 'Mano de dios' —Ruka Boga, en ruso— en homenaje al excapitán de la selección argentina, Diego Armando Maradona.

    "¡Estadio Azteca, en México 86!", grita con pasión Evgueni. "Después de esa mano hizo el mejor gol de la historia", recuerda este hombre que no solo es fanático de la cerveza, sino también del fútbol.

     La cerveza 'Mano de dios' —Ruka Boga, en ruso— en homenaje al excapitán de la selección argentina, Diego Armando Maradona
    © Sputnik / César Salvucci
    La cerveza 'Mano de dios' —Ruka Boga, en ruso— en homenaje al excapitán de la selección argentina, Diego Armando Maradona

    Entre las cervezas embotelladas también hay curiosidades. Por ejemplo, el caso de los dos hermanos daneses que se dedican a crear cerveza artesanal. Hasta ahí todo normal. Sin embargo, estos dos emprendedores son gemelos, acérrimos enemigos y cada uno tiene su propia marca.

    Jeppe Jarnit-Bjergso y Mikkel Borg Bjergso compiten para hacer la mejor cerveza artesanal del mundo. "Es una guerra fría de hermanos", bromea Evgueni. Las creaciones de estos dos hermanos pueden comprarse en 'Me tomo un día libre' y cada cliente puede dar su veredicto. Sin embargo, el experimentado Evgueni advierte: "Están en la cima. Los dos son muy buenos".

    Un laberinto de cervezas que encierra grandes diseños

    Si bien es cierto que lo más importante de una cerveza es su sabor, textura y aroma, no podemos obviar que a la hora de elegir una botella de cerveza —entre una variedad de 3.000—, la etiqueta juega un papel importante.

    El poeta chileno Pablo Neruda solía decir que el sabor del vino cambiaba según el color de la copa. Es por eso que en sus casas convertidas en museos hay vasos de distintos colores y tamaños. Es que todos los sentidos juegan un papel importante en la degustación.

    A lo largo de los pasillos que forman las distintas góndolas en el segundo piso del local, uno se sorprende a cada paso por las ingeniosas presentaciones. Hay botellines que bien podrían estar en una exposición de un museo de arte moderno: hay etiquetas que hacen referencia a Forrest Gump, Salvador Dalí, cómics y hasta una que remite inmediatamente a 'Blackbird' de los Beatles.

    Un local que es todo un récord

    "Es la tienda más grande del mundo. Ni siquiera en Bélgica tienen tantas variedades de cervezas", asegura el entrevistado. El extenso catálogo y 'stock' han llevado a 'Me tomo un día libre' a convertirse oficialmente en la tienda de cervezas más grande de Rusia.

    "Tenemos el certificado del Libro de Récords de Rusia", revela Evgueni, quien luego explica por qué no están en el Libro Guinness de los récords. "Cuesta más de 10.000 euros todo el trámite. Hay que pagar los viajes y estadía de la delegación que viene a certificar y luego el 'título' solo se puede usar por un determinado tiempo", detalla.

    Aunque la mayor parte de la tentadora mercadería es de Alemania, Bélgica, Rusia, otros países de Europa, EEUU y Japón, hay negociaciones para sumar cervezas de América Latina a la oferta.

    Lo cierto es que no importa a dónde se mire, siempre se encuentra una cerveza atractiva y se hace difícil la elección. Hagamos cuentas rápidas. Si bebiéramos, en promedio, ocho botellines por semana, necesitaríamos más de siete años para terminar de probar todas las cervezas que ofrece este local ruso.

    Hay que apurarse porque Evgueni nos lleva una buena ventaja: ya probó 4.000 tipos de cerveza. "En cuatro años", aclara rápidamente y presenta pruebas de ello. En una 'app' de su teléfono móvil lleva un registro de cada una de las cervezas que tocó su paladar. Todas ellas tienen un puntaje y comentarios, propios y del resto de usuarios que usa la aplicación 'Untappd'.

    Las 'premium' versus las industriales

    La segunda cámara frigorífica que tiene el local tiene paredes de vidrios y los clientes sí pueden entrar a ella. Aunque, a decir verdad, solo aquellos que tengan una billetera bien alimentada. Es que aquí están las cervezas añejas que se conservan a una temperatura constante de 11 grados.

    Así como el vino, algunas cervezas se ponen mejor con el paso de los años y a medida que aumenta su sabor, también lo hace su precio. Hay botellas del año 2012 que cuestan en promedio 1.500 rublos —unos 22 dólares— frente a los 150 rublos —2 dólares—que puede costar un botellín tradicional.

    En este universo de cerveza artesanal también hay lugar para alguna que otra marca industrial, esas que se consiguen en cualquier parte del mundo. Sin embargo, para llegar a ese único estante —muy pequeño y ubicado casi al ras del piso— primero hay que desfilar por el laberinto de cervezas artesanales. "Es poco probable que después de todo el recorrido alguien elija esta", sostiene el entrevistado mientras señala la cerveza belga que se presenta en botella verde y tiene nombre de mujer.

    "Dos tercios del mercado lo dominan solo 10 compañías. Entre ellas, hay tres de China que solo comercializan en su país y trasnacionales de Bélgica, EEUU, México y Brasil. El otro tercio queda para el resto del mundo", detalla Evgueni. "No hay diferencias entre las industriales. Mínimo sabor, máxima publicidad", sentencia.

    La cerveza durante la URSS y el fin del mito sobre el vodka

    "Durante la época de la Unión Soviética la cerveza no era de buena calidad", reconoce el especialista. "Para producir una cerveza buena, se necesitan buenas condiciones y la economía de la URSS no tenía estabilidad", explica a Sputnik. Este, quizá sea uno de los motivos por el que los rusos "históricamente prefieren vodka", argumenta Evgueni para luego nombrar otros aspectos, como el clima y lo económico.

    "Para las personas de Alemania y República Checa la cerveza cuesta poco en relación con sus salarios. En Rusia es más cara si tomamos la relación entre los sueldos y el precio de las bebidas. El mercado no puede bajar los precios de la cerveza porque no sería rentable y se vería afectada la calidad", argumenta.

    "En nuestro sector, la cerveza es muy popular", bromea el entrevistado. "Somos aficionados y estamos promoviendo la cultura de beber cerveza. Estamos trabajando con los vendedores, les explicamos y mostramos los productos. Estoy esperando que los vecinos de la tienda empiecen a consumir más cerveza", agrega.

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    Además, claro está que una cerveza helada es más tentadora durante los meses de verano. Sin embargo, no importa que afuera haga 10 grados bajo cero por estos días. Ante tanta oferta de cervezas cuidadosamente elaboradas y conservadas, la elección es clara. El vodka ruso puede esperar, quiero una 'Mano de dios' bien fría. ¡Salud!

    Etiquetas:
    bebidas alcohólicas, Libro de los Récords Guinness, cerveza, alcohol, Moscú, Rusia
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