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    Hace cuatro años, cuando Alejandro Ramos buceaba en alta mar para conseguir mejillones cerca del puerto viejo de Pisco, Perú, un enorme carguero cortó su manguera de aire. Ese desafortunado accidente cambió su vida para siempre.

    En 2014 la vida de Willy era muy diferente. Mantenía a su familia con la pesca de mariscos, sus cuatro hijos y sus hermanos. Había sido buzo de profundidades durante más de 40 años, pero un desafortunado accidente cambió sus planes.

    Desde Pisco Ramos contó a Sputnik, cómo "ese día estaba trabajando a una profundidad de alrededor de 18 brazas". Un barco de carga que pasó por el lugar cortó su manguera de suministro de aire y el buzo tuvo que nadar rápidamente a la superficie.

    Al no poder esperar por una descompresión lenta como estipula el procedimiento, cientos de burbujas de nitrógeno se alojaron de forma permanente en su pecho y brazos. Esta condición se conoce como narcosis de nitrógeno y le ocurre a los buzos cuando llegan a profundidades mayores a los 15 metros y ascienden con rapidez.

    ​Fue así cómo su aspecto cambió y su salud quedó perjudicada. Entonces necesitaba una prótesis de cadera y varias sesiones de cámara hiperbárica, un tratamiento que en su totalidad costaba unos 100.000 dólares.

    Así surgió la idea de crear una cuenta en el Banco de Crédito del Perú (BCP), donde las personas podían depositar donaciones en solidaridad con su caso. Pero no recibió mucha ayuda por esa vía y luego de más de 10 meses de tratamiento con todos los análisis terminados, Willy abandonó el hospital donde estaba internado para regresar a su casa.

    "Hace como mes y medio me vine a estar con mis hijos, el tratamiento que estaba siguiendo con las cámaras hiperbáricas me ayudó bastante con los malestares que tenía, los dolores de la columna, la cadera derecha: ya me hice una prótesis pero esa pierna todavía la tengo mala", contó.

    Según explicó los estudios médicos ya habían culminado y donde estaba no encontraba respuestas. Estar en el hospital solo me estresaba, era como una cárcel, porque es un hospital militar y yo extrañaba a mis hijos, reconoció.

    Además dijo sentirse recuperado psicológicamente, ya que al momento del accidente, el golpe mayor fue a su autoestima.  

    "Ya me siento recuperado psicológicamente y me siento bien, algunos dolores articulares, las molestias están ahí pero con analgésicos voy viendo. Yo evito las reuniones, claro que el sábado fui con unos amigos pero ya no es igual, todos me miran, unos me 'cochinean' de buena manera, en forma sarcástica y yo no les hago caso como antes. Pero prefiero estar en mi cuarto, aquí mis nietos vienen a verme… un poco ermitaño", confesó.

    También, su condición actual le imposibilita moverse y no ha podido regresar a trabajar, por lo que dejó de ser el sostén de la familia. Un tiempo después del accidente Willy sufrió una fuerte depresión a causa de su aspecto e incluso intentó suicidarse.

    Pero hoy reconoce que se siente "más tranquilo". "La depresión ya está prácticamente controlada, estoy más tranquilo, ya veo la vida de otra manera. En ese momento no me daba cuenta que tenía hijos y tenía nietos y una familia que estaba atrás mío y al cometer una locura los perjudicaba a ellos", admitió.

    "Eso de salvar mi vida se lo agradezco yo al Señor porque, la verdad, ni yo mismo me explico cómo estoy bien, cómo he soportado tanto nitrógeno. Hasta los doctores se sorprenden, cómo es posible que un ser humano haya soportado tanto nitrógeno", dijo de su caso, que hasta el momento es único en el mundo.

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    Etiquetas:
    dolencia, aspecto físico, deformidad, nitrógeno, accidente, buzos, Perú, América Latina
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