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    Integrantes de la 14° Caravana de Madres Centroamericanas en busca de migrantes desaparecidos en México

    Estos son los emocionantes reencuentros de las familias de migrantes en México (fotos, vídeos)

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    Eliana Gilet
    La caravana de migrantes hondureños avanza hacia EEUU (108)
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    "Por el derecho a la verdad y la justicia", es el lema con el que caminaron 28 mujeres centroamericanas, madres y hermanas de migrantes desaparecidos en México. Sputnik acompañó la Caravana de Madres Centroamericanas, que entró al país el mismo día que el éxodo centroamericano, pero por la frontera con Guatemala en Talismán - El Carmen.

    Merza salió de Honduras hace 14 años. Tenía 26 y buscaba llegar a Estados Unidos, pero en el camino perdió el contacto con su madre, Leticia, que la buscó desde entonces. Doña Lety, como prefiere que la llamen, no supo más de ella, porque fue secuestrada al entrar a México.

    "Estuvo secuestrada por un tiempo y pudo huir, es algo doloroso pero ni modo, eso ocurrió. Fueron 14 años que no la vi pero está con vida. Cada vez que miraba una noticia de los cementerios clandestinos, yo hacía que estaba en ellos", explicó doña Lety a Sputnik, tras el reencuentro con su hija.

    Madre e hija originarias de Honduras reunidas en México tras 14 años sin verse, durante la 14° Caravana de Madres Centroamericanas
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Madre e hija originarias de Honduras reunidas en México tras 14 años sin verse, durante la 14° Caravana de Madres Centroamericanas

    Madre e hija se volvieron a ver gracias a la Caravana de Madres organizada por el Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM), que ha logrado este milagro: el reencuentro de familias.

    "Volví a nacer, me siento feliz. No me duele ningún lugar de mi cuerpo, estoy feliz. No dormí pero tampoco tengo sueño", contó Doña Lety sonriente tras pasar la noche conversando y mimando a su hija, sus nietos y su yerno.

    Merza relató a su madre lo que sucedió: cuando cruzaron caminando la frontera entre Guatemala y México por la zona montañosa de Chiapas, "miraron una casita y cuando llegaron a pedir agua, los metieron para adentro. Los tuvieron varios días preguntándoles los nombres de sus familias y números telefónicos". Merza le dijo a su madre que prefería que la mataran antes de dar el número de nadie.

    Un día,cuando la persona que los vigilaba se descuidó, Merza y otros lograron desatarse y huir. "Llegaron a una casa y durmieron afuera con los perros. Siguieron camino, con hambre y sed. Tomaron agua donde los animales ponían los casquillos, pero con el tiempo llegaron a Comitán [Chiapas] y una señora bondadosa les dijo: ‘¿Para dónde van? No sigan, vengan a comer'. Esa señora ya murió pero siempre la tienen en su corazón", explicó la madre.

    Merza no para de sonreír mientras recuerda cómo perdió el contacto: "Cuando veníamos por las montañas, yo le hablaba por teléfono a mi mamá pero cuando nos secuestraron perdí contacto. Yo me sabía de memoria el número pero cuando escapamos, le hablé y ya no caía la llamada", contó a Sputnik.

    Los números habían cambiado. Merza fue acogida por esa familia y al poco tiempo se casó y tuvo dos hijos que la acompañaron al reencuentro con su madre. En Honduras quedaron sus tres hijos mayores, que eran bebés cuando ella, siendo una madre soltera de 26 años, salió a buscar una oportunidad de sobrevivir y solventarlos fuera de Honduras.

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    "Como no sé usar la computadora, mi cuñada me apoyaba. La familia de mi esposo siempre estuvo pendiente de que pudiera reencontrarme con mi familia. Me enseñaron a usar las redes sociales y yo buscaba mucho a mi hermano porque no pensé que mi mamá tuviera Facebook", relató.

    Buscaba gente de la zona dónde había nacido y vivido su madre, les contaba que ella también es hondureña y había quedado desconectada. Sin saberlo, dio con su hijo mayor, que ya es adolescente.

    "Quedaron chicos, bebés. Cuando lo encontré, le mande mensaje y le pedí ayuda porque le dije que yo también tenía a mi familia en Honduras y la estaba buscando. Pero no me contestaba. Revisando sus contactos encontré a mis tías y entonces miré mi foto", contó entre risas, aún nerviosa y feliz con lo sucedido. Lety, su madre, tenía una foto suya con 26 años y el pelo cortito, como se veía al salir al camino y migrar.

    "Obtuvimos información de su hija hace un par de semanas y no tenía doña Leticia intención de venir a esta caravana pero en cuanto lo supimos, pudo venir y se logró el reencuentro" explicó a Sputnik, Rubén Figueroa, coordinador del Movimiento Migrante Mesoamericano, organizador de la Caravana de Madres.

    Integrante de la Caravana de Madres Centroamericanas
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Integrante de la Caravana de Madres Centroamericanas

    Ellos facilitaron el ingreso de doña Lety a México, que trajo junto a ella los documentos hondureños de su hija para tramitar su estancia legal en México, que tiene ganada como madre de dos niños mexicanos.

    "Más de 13 años que dejaron de comunicarse, seguramente por razones muy fuertes. Las condiciones para una mujer migrante en el tránsito por México son muy difíciles pero este reencuentro es parte de la acción que tienen las propias madres en Centroamérica, este es su triunfo", agregó Figueroa.

    70.000 desaparecidos que no están en ninguna cuenta

    Como Leticia, muchas de las mujeres que integran la Caravana llegaron a México por primera vez gracias al Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM), ya que la autoridad migratoria les exige visa para entrar. Son pocas las que pudieron poner la denuncia, y menos las que pueden seguir la causa judicial por la desaparición de su familiar.

    Según estima el Movimiento, existen 70.000 centroamericanos desaparecidos en México que no están contados en las cifras oficiales, ya que sus países de origen rechazan tomar las denuncias de las familias bajo el argumento de que México es el responsable de buscarlos.

    Por eso el MMM creó Puentes de Esperanza, que dedica sus esfuerzos a seguir las pistas que consiguen durante la Caravana y siguen los indicios que estas mujeres tienen de sus familiares desaparecidos.

    Sólo en Honduras hay cinco comités de familias de desaparecidos en el camino. Uno de los más antiguos es el Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos de El Progreso (Cofamipro, fundado en 1998) que tiene registro de 800 casos de desaparecidos originarios de esta zona al norte de Honduras.

    Marta y Juliana

    Cuatro días más tarde, a medida que la Caravana avanzaba en México, hubo otro reencuentro entre madre e hija, tras 20 años sin contacto.

    Marta salió a sus 20 años de Nicaragua y mientras vivió en Guatemala, regresaba a su país a ver a su familia. Pero tiempo después vivió una situación de violencia familiar que la obligó a volver a huir. Siguió el consejo de una amiga y juntas entraron a México, a fines de la década de 1990.

    Ahora tiene 50 años y no deja de llorar y abrazar a su madre, Juliana, que se sumó a la Caravana. En este caso, la pista fue al revés: Marta pidió ayuda al MMM, que localizó a su madre en Nicaragua y la invitó a México para el reencuentro.

    "Cuando yo buscaba a mi hija había gente que me decía que la conocía pero nunca me daban razones de ella, hasta que llegaron ellos [el MMM] y me preguntaron si tenía una hija perdida porque me andaba buscando y se comunicó con ellos. Así fue como la encontré", relató Juliana, la mamá.

    "No tenía número de mi mamá y tenía tiempo de no verla. En Jaltenango encontré a Rubén [Figueroa] y le pedí que hiciera el favor", contó Marta, la hija, tras la reunión. "Yo vivía en Guatemala, tenía allá a mi marido y mi madre lo sabía muy bien, pero el hombre me maltrataba después que se vino de EEUU. Y otra amiga me dijo que nos fuéramos para adelante y ya me quedé aquí en este pueblito. Me dio miedo seguir porque decían que en el camino asaltaban y mataban".

    Marta armó una nueva familia en México, pero sus dos hijos están en Nicaragua. "Le pediría a mi madre que me perdone, que no me ha pasado nada ni ando en malas juntas, estoy aquí tranquila. Me quería ir de regreso pero luego me enfermé y me operaron, me hicieron una gran herida porque me reventó el apéndice, ya me moría ya. Pero gracias a Dios que estoy viva", dijo Marta en la breve conferencia que ofreció a los medios que cubrimos la Caravana de Madres.

    Sara y Fredys, el reencuentro que se viene

    Aún resta un tercer reencuentro en la Ciudad de México y Sara, una mujer hondureña que perdió contacto con su hijo hace 12 años, viene ansiosa por el camino. Trae en su bolsa las partidas de nacimiento que Fredys necesita para poder lograr los documentos en México y así salir a ver a su padre, que quedó expectante en Honduras.

    "La esposa de mi hijo llamó a la audición de Cofamipro en Radio Progreso y dijo que estaban buscando a su familia. Un vecino lo escuchó y nos avisó que mi hijo estaba buscando a su papá y su mamá", contó Sara a Sputnik.

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    "Fuimos a la emisora y ellos nos dieron un papel para ir a Cofamipro. Lo vi ese día en la computadora y sí, él es, ese es mi hijo. Mi viejo [su esposo] estaba tan contento, y es que pasan tantas cosas por la mente de uno pero yo lo soñé, yo sabía que estaba vivo, lo vi entrar por la puerta de la casa con la edad que tiene ahora". Fredys y Sara volverán a verse en la Ciudad de México, tras una década de haber perdido el contacto.

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