19:08 GMT +306 Diciembre 2019
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    Migrante centroamericano en el albergue Casa Tochán, espera la resolución de su refugio

    En México, la casa que asiló a Rigoberta Menchú continúa su misión (fotos)

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    La casa que recibió a Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, en la Ciudad de México en la década de 1980, mantuvo su destino solidario. Desde hace siete años es un albergue para migrantes, llamado Casa Tochán, donde Sputnik conversó con Gabriela Hernández, su coordinadora, integrante del Comité Monseñor Romero.

    Las calles se vuelven empinadas en el barrio en que está Casa Tochán, en la zona Poniente de la Ciudad de México. La entrada al lugar tiene una extensa escalera hacia la casa, dónde hay más escaleras y niveles, que le dan un aspecto laberíntico. En Casa Tochán recibe a Sputnik Gabriela Hernández, quien coordina el albergue, que es distinto a muchos otros en la República mexicana, en donde casi todos están vinculados a instituciones religiosas.

    Tochán lo está un poco, aunque su sostén económico son las donaciones que recibe y que aguantan la economía de la casa: comida, productos de limpieza y pago de algunos servicios como el gas y la luz eléctrica.

    Por lo demás, todo lo hacen sus ocupantes, desde los quehaceres cotidianos hasta la organización y reparación del espacio. La casa tiene 12 camas, pero en el momento en que Sputnik llegó, había el doble de huéspedes.

    Gabriela Hernández, actual coordinadora del albergue Casa Tochán conversa con un migrante centroamericano
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    Gabriela Hernández, actual coordinadora del albergue Casa Tochán conversa con un migrante centroamericano

    La otra diferencia de Casa Tochán con el resto de los albergues para migrantes del país es que no tiene un límite de tiempo de estancia, que en muchos suele ser apenas de tres días.

    Gabriela Hernández explicó que ellos permiten que la gente se quede el tiempo que sea necesario para regularizar su situación migratoria en México o bien, medir el momento propicio para seguir camino hacia el norte y poder cruzar la frontera.

    En 2011, el proyecto "nació de una necesidad real" en la Ciudad, explica Hernández, a la que "llegaban migrantes internacionales y no había un lugar apropiado para que se pudieran alojar".

    Dos organizaciones que trabajan con migrantes en México, Sin Fronteras y Casa de Refugiados, tuvieron la iniciativa de convocar a quienes conforman el Comité Monseñor Romero, que habían trabajado durante la llegada de población refugiada en México en la década de 1980, entre los que estaba Hernández.

    "Teníamos experiencia en haber recibido a los guatemaltecos y a los salvadoreños, pero es totalmente diferente recibir a gente que viene organizada, politizada; que no viene con el fin de llegar a EEUU, sino de salvaguardar las vidas por los movimientos revolucionarios que en ese momento se estaban dando, y que incluso tenían la intención de regresar a sus países de origen", relató.

    Tradición de asilo

    La historia de la casa cuenta también una parte de la tradición mexicana como lugar de refugio para personas de distintas partes del mundo, de españoles al fin de su Guerra Civil en la década de 1940, sudamericanos durante las dictaduras de 1970 y centroamericanos durante la década de 1980, huyendo de cruentos conflictos armados.

    Migrante africano en el albergue Casa Tochán espera la resolución de su caso
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Migrante africano en el albergue Casa Tochán espera la resolución de su caso

    "La casa se compró en los años 80 para recibir a la población que venía huyendo de la guerra en Guatemala y fue así que llegó Rigoberta Menchú, cuando no pensábamos que iba a ser el premio Nobel de la Paz, acabando su familia de ser asesinada y de estar ella con la voluntad de seguir luchando por su grupo indígena. El edificio tiene tradición y fue comprado con el fin de que tuviera un servicio social", dijo a Sputnik, Gabriela Hernández, coordinadora de Casa Tochán.

    Rigoberta Menchú es una lideresa maya-quiché, que fue desplazada de su pueblo luego de que su familia fuera brutalmente atacada, su padre asesinado y sus hermanos, secuestrados. Comenzó desde México un trabajo por la paz que le valió el Nobel en 1992.

    Cuando se firmaron los acuerdos de Paz en Guatemala en 1996, casi todas las familias que ocupaban la que ahora es Casa Tochán, regresaron a su país. El lugar quedó en desuso hasta 2011, cuando la necesidad de una nueva migración la rehabilitó, junto al esfuerzo de los integrantes del Comité Monseñor Romero, que asumieron el desafío.

    Migrante africano se lava los dientes en Casa Tochán
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Migrante africano se lava los dientes en Casa Tochán

    "El Comité es un colectivo muy pequeño de gente que se sostiene de trabajo voluntario y que paradójicamente no somos religiosos, aunque está coordinado por una religiosa de la Congregación Hermanas Auxiliadoras de México", explicó Hernández.

    La tarea del Comité Monseñor Romero en los años 80 era distribuir las artesanías que hacían algunos refugiados salvadoreños, por lo que fue un salto importante pasar a administrar un albergue.

    Parte de esa tarea también se debe a Víctor, otra alma mater de la casa, "guanaco" como se le llama a los salvadoreños, artesano carpintero, exiliado político de la guerrilla de su país de origen. Tiene entre sus reliquias un libro ilustrado con grabados de poemas de Roque Dalton, el gran poeta salvadoreño asesinado en 1975, y cuyo cuerpo continúa desaparecido.

    Víctor, refugiado de la guerrilla salvadoreña colabora en la organización de la Casa Tochán
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Víctor, refugiado de la guerrilla salvadoreña colabora en la organización de la Casa Tochán

    Esta semana la Corte Suprema de Justicia de El Salvador aceptó reabrir la investigación acerca de su muerte tras dar cabida a un recurso de habeas corpus presentado por su familia, tras un año y siete meses de deliberaciones.

    Desde la frontera sur

    Esa tradición de asilo cambió en 2015, cuando por primera vez en su historia, México deportó a más centroamericanos que Estados Unidos.

    La causa que las organizaciones vinculadas señalan es la instalación del Plan Frontera Sur, desde fines de 2014, en que se promovió la represión en torno a las rutas del tren La Bestia, el medio de transporte que antes utilizaban los migrantes centroamericanos para recorrer el extenso territorio mexicano hasta llegar al norte.

    Según los últimos datos publicados por la Unidad de Política Migratoria (UPM) de la Secretaría de Gobernación, entre enero y mayo de 2018 realizaron casi 55.000 detenciones de migrantes, que aunque es una cifra alta, no alcanza la de los 80.000 detenidos en ese período del año 2015, que en total sumaron 200.000 casos, el récord referido. Unos 30.000 eran niños.

    Entre enero y mayo de este año, 12.500 niños y adolescentes han sido detenidos por el Instituto de Migración mexicano y, según los datos de la UPM mencionada, el 80% de ellos ya fue deportado a su país de origen.

    "Si bien es una población que sale de su país de manera forzada como en los 80, no de forma voluntaria, viene en un contexto totalmente diferente. Son más jóvenes pero están más desorganizados, o totalmente desorganizados. Por el trayecto y lo que viven en su lugar de origen, llegan con desconfianza y les cuesta mucho poder confiar en el otro. Eso es una limitante, incluso para protegerse", explica a Sputnik, Gabriela Hernández, coordinadora de Casa Tochán.

    Frente a la represión institucional que antes era tolerancia, la única manera más o menos segura de recorrer México es obtener una visa humanitaria, que se les brinda si la Comisión del Refugiado (COMAR) acepta estudiar su caso. Así, la COMAR está colapsada desde el sismo del 19 de Setiembre de 2017, con unos 8.000 casos pendientes de resolución.

    Migrantes reciben las donaciones de comida en el albergue Casa Tochán
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Migrantes reciben las donaciones de comida en el albergue Casa Tochán

    "Si solicitas refugio y COMAR reconoce que va a estudiar tu caso, la ley dice que te pueden dar una visa humanitaria. Eso hace que aumente el número de las solicitudes, pero estoy convencida de que no es una permanencia para toda la vida, porque la cuestión económica [en México] no les alcanza, no les da", explicó Hernández.

    También dijo que las amenazas que suele enviar el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, si bien pueden causar alerta, no tienen un efecto disuasorio: "No creo que influya, pero sí detiene. Son más cautelosos viendo las redadas que hay en EEUU. Los que tienen familiares allá les dicen espérate, ahora no, que se asiente y se vean más claras las cosas. Lo hacen con más cautela, pero tanto como cambiar una decisión…", señaló Hernández.

    Consultada si cree que haya alguna forma de detener la migración, la Coordinadora de Casa Tochán respiró profundo y soltó: "Creo que no". La entrevista se detuvo al llegar una camioneta con comida para donarles. Los dueños de un restaurante les envían canastas coloridas con frutas y verduras. Pronto, todos se animaron y organizaron rápidamente el pasamano para subir las cestas, una a una, en tiempo récord.

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    política migratoria, migración, fronteras, Rigoberta Menchú, México
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