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    Un hombre con la bandera de Argentina en la cabeza

    Argentina, ¿con el agua al cuello?

    © AFP 2018/ Eitan Abramovich
    Sociedad
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    Francisco Lucotti
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    En las calles de Buenos Aires se respira un aire denso y eléctrico después de casi un mes de lluvias constantes y del anuncio del presidente Mauricio Macri de su intención de emitir nueva deuda externa con nada menos que el Fondo Monetario Internacional (FMI) para contener la devaluación del peso y la inflación.

    La imagen del FMI en Argentina no está libre de fantasmas. La crisis del 2001 es un recuerdo todavía fresco en la memoria colectiva, un momento que marcó el inicio del nuevo milenio tanto como la entrada del país a su historia contemporánea.

    Es por eso que nadie con la edad suficiente, y en una sociedad altamente politizada, parece mantenerse al margen y libre de opinión, más allá de tener o no una clara orientación partidaria, la edad, formación u oficio, o la forma de encarar la incertidumbre del presente.

    "La verdad que no es un lindo panorama, pero creo que si se tomó esta decisión es porque no había otra opción", dice Mirta Giusti, reparándose de la llovizna dentro del puesto de diarios y revistas que tiene con su marido desde 2005 sobre la avenida Cabildo.

    "No entiendo cómo es que seguimos tan mal, cómo es que siguen subiendo los precios a pesar de que supuestamente ellos venían a poner orden y a corregir los errores de la gestión anterior." Mirta aclara que, como la mayoría de la población, ella no entiende de economía. "El problema", acota, "es que parece que los que gobiernan tampoco".

    A pesar de su desencanto con la situación actual, Mirta dice apoyar al oficialismo. "Lo que pasa es que el poder real no lo tiene el presidente sino los que tienen el poder económico. Macri viene de ese mundo y es un político responsable. No me preguntes por qué pero yo sigo confiando en lo que hace", admite.

    En un país donde se sigue hablando de "la grieta", no todos comparten ese optimismo. "Tengo 74 años y te digo que esto es lo peor que nos puede haber pasado", dice Miguel Ángel, sentado detrás del mostrador de su minúsculo kiosco de barrio, un puesto ubicado en la ochava de una típica esquina porteña que pareciera, como él mismo, solo estar resistiendo el paso del tiempo.

    "Ya vivimos el 'Rodrigazo', la hiperinflación, el 2001 y ahora estos tipos nos están llevando directo a otra crisis." La resignación no se oculta ni en su tono de voz ni en los gestos de su cara. "No soy cristinista ni peronista ni nada, pero esta fórmula ya la conocemos y sabemos dónde termina."

    Ayer, 10 de mayo, horas después vaticinio del kiosquero, el ministro argentino de Hacienda, Nicolás Dujovne, era recibido en la capital estadounidense por Christine Lagarde, directora del FMI, quien aseguraría a través de un comunicado que se tramitará "expeditivamente" la línea de crédito, aunque aún no se precisa el volumen ni las condiciones del préstamo.

    "Yo soy un viejo y lo que me pase a mí casi que no importa", dice el Miguel Ángel mirando al vacío, y sus palabras suenan como una sentencia: "Pero el Gobierno sigue hablando de la 'pesada herencia' [problemas que el oficialismo acusa haber recibido de la anterior Administración] y no hablan de lo que les van a dejar a las próximas generaciones con esta deuda", esboza.

    El valor de lo que se dice y lo que se oculta es parte de la preocupación que siente la gente. "Acá falta que expliquen bien las cosas, que se tomen el trabajo de comunicar y de informar", dice Marylin Pérez, dueña de un local de ropa femenina. "Cristina [Kirchner] abusaba de la Cadena Nacional, pero Macri solo sale a hablar cuando ya no hay vuelta atrás y nadie entiende nada."

    Marylin Pérez, dueña de un local de ropa femenina, Buenos Aires
    © Sputnik / Francisco Lucotti
    Marylin Pérez, dueña de un local de ropa femenina, Buenos Aires

    "No hace falta que nos cuenten que la economía no anda bien, eso lo vemos todos. Mirá lo que es esto", dice, haciendo un ademán para mostrar que su local está vacío. "La gente no compra, no hay plata, solo vienen y se quejan". En lo que duró la conversación, entraron dos clientes que no se llevaron nada. "Pero sí hace falta que nos hagan entender qué están haciendo y por qué, si es que quieren que la gente confíe en ellos", resume Marylin.

    Además: Los porqués del endeudamiento argentino con el FMI

    Confianza parece ser la palabra clave. "Lo que tiene la Argentina es un problema de crédito, que es la credibilidad del resto del mundo en que podemos cumplir con los pagos y de que invertir acá no es riesgoso", explica Ernesto Contreras, dueño de una heladería y con una amplia formación académica en economía, actuario y administración de empresas.

    "Yo también hubiera pedido el préstamo, más allá del costo político, porque sabemos del peligro que puede traer una hiperinflación. Muchos argentinos vivimos esa época [1989-1990] y más tarde las incautaciones de ahorros del 'Corralito'. Si bien esto es consecuencia del aumento inesperado de tasas de interés en EEUU y de la fuga de capitales golondrina, las corridas cambiarias despiertan las peores pesadillas y se potencian en este país muchas veces por esos miedos", explica.

    Ernesto dice no querer ser "agorero ni pesimista" pero advierte que es importante estar prevenidos. "Cuando ya te pasaron varias, como a mí que tengo 63 años, vivís estas cosas en un estado de alerta máxima. Después del primer trauma a la segunda ya esperás lo peor."

    Irina Z. es dueña de una inmobiliaria y cuenta que esa sensación, en un rubro dolarizado como el de las bienes raíces, se nota enseguida. "Ayer llamaron tres personas que tenían reservas de compra para apurar la operación. No querían tener la plata en el banco y la querían sacar ya, hacer la venta con la escritura y dársela en comodato a la persona que está dentro con tal de no verse perjudicados por las corridas."

    Después busca en su celular una conversación y lee el mensaje de un cliente: "'¿Tenés en este momento algo chiquito y lindo que funcione como inversión? Porque quizás me convenga sacar la plata del banco y comprar ladrillos'. Esta situación genera mucho escepticismo en todos y también mucho movimiento, más que nada por miedo", dice Irina, quien prefirió no dar su apellido para proteger su negocio.

    En un escenario donde el ciudadano se siente ahogado, algunos eligen una postura diferente frente a la realidad. "Hoy tenemos que ser tipos que aguantan la respiración bajo el agua, poder surfear los problemas con otra mentalidad y otra sensibilidad", dice Alberto Rebecchi, arquitecto de 59 años, quien defiende algo que podría describirse como escapismo consciente, refugio en los pequeños placeres y mantener "una visión más epicúrea" como forma de supervivencia.

    Alberto Rebecchi, arquitecto de 59 años, Buenos Aires
    © Sputnik / Francisco Lucotti
    Alberto Rebecchi, arquitecto de 59 años, Buenos Aires

    "En el 2001 perdí mi casa, me estafaron, choqué en la autopista a 160 km/h sin cinturón y San Lorenzo perdió con Vélez 3 a 2", dice Alberto con una sonrisa. "Una gran tragedia y todo en una semana. Todos estos quilombos forman parte de la vida, hay que poder mirar más allá."

    "La esclavitud no es solamente estar encadenado construyendo pirámides. Todos somos esclavos, todo es cíclico y estamos gobernados por basura, por eso siempre hacen lo mismo y vuelven los mismos. Es condenable que la gente viva mal por culpa de estas cosas porque la vida es una sola. Lo sé porque le pedí a mi abuela que me mandara una señal si encontraba algo después de la muerte. Nunca me llegó nada".

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    Etiquetas:
    financiamiento, deuda, Fondo Monetario Internacional (FMI), Mauricio Macri, Cristina Fernández de Kirchner, Argentina