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    Las autoridades de Shanghái animan a tener un segundo hijo por la falta de entusiasmo

    Las autoridades de Shanghái animan a tener un segundo hijo por la falta de entusiasmo

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    Las autoridades de Shanghái animaron a los matrimonios a tener un segundo hijo después de que las solicitudes desde que la nueva ley entró en vigor hayan sido más bajas de lo esperado.

    China relajó en marzo su política social para permitir un segundo hijo a las parejas en las que ambos cónyuges son hijo único. Pero a finales de año, apenas 16.600 de las 370.000 parejas en esa situación han formalizado la petición, según las cifras oficiales. El porcentaje es de apenas el 4,6%, la mitad que en el conjunto del país. En toda China han solicitado el segundo hijo un millón de parejas de las once que podrían hacerlo.

    Tampoco en Pekín, la otra gran urbe china, el entusiasmo es desbordante. El porcentaje en la capital del país solo alcanza el 6,7%. La situación ha provocado la paradoja de que las autoridades del país que ha aplicado durante décadas restricciones a la natalidad esté hoy empujando a las parejas a tener más descendencia.

    "Dos hijos son buenos para la estabilidad familiar y el desarrollo social, así que animamos a los matrimonios que estén cualificados de acuerdo a la ley", ha dicho Fan Hua, funcionario de la Comisión de Planificación Familiar y Salud de Shanghái.

    La vicepresidenta de la Federación de Mujeres de Shanghái, Zhu Ming, ha cuantificado en un millón de yuanes (163.000 dólares) el coste de criar a un hijo hasta los 22 años en esa ciudad.

    China aprobó la política del hijo único en 1980 cuando la tasa de fertilidad rozaba los seis niños por mujer y escaseaban los recursos para toda la población.

    La coerción física que fue necesaria en sus orígenes para aplicarla fue variando con el tiempo hacia una concienciación social y hoy pocos en el país discuten sus beneficios.

    Pekín subraya que la ley ha ahorrado cientos de millones de nacimientos y apuntalado al auge económico nacional. Pero hace años que, después de haber ampliado las excepciones a su aplicación, el Gobierno debate la necesidad de abolirla. La tasa de natalidad nacional se sitúa en 1,4 niños por mujer pero hay grandes ciudades donde disminuye por debajo de la unidad.

    El coste de criar a un niño y el estilo de vida cada vez más moderno y occidental han reducido las ansias por procrear de las parejas chinas y colocado al Gobierno ante un problema muy serio.

    China es el primer país en vías de desarrollo con una sociedad envejecida, que plantea retos como la disminución de la mano de obra o el pago de las pensiones.

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