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    Los rusos temen mirarse en el espejo histórico

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    La historia de Rusia del siglo XX fue una “tragedia monstruosa” que marcó el desarrollo del país para muchos años, pero los rusos de hoy rehúsan sacar lecciones de su amargo pasado, especialmente, del periodo estalinista, opina el periodista e historiador Leonid Mlechin.

    La historia de Rusia del siglo XX fue una “tragedia monstruosa” que marcó el desarrollo del país para muchos años, pero los rusos de hoy rehúsan sacar lecciones de su amargo pasado, especialmente, del periodo estalinista, opina el periodista e historiador Leonid Mlechin.

    Casi 60 años después de la muerte del líder soviético Iósif Stalin hay quienes admiran su figura a pesar del enorme daño que causó al país, marcando una de las etapas más trágicas en la historia de Rusia del siglo XX.

    “Los crímenes que cometió fueron de tal magnitud que hasta hoy día pagamos las consecuencias”, afirmó Mlechin, autor de numerosos libros de historia.

    Según él, en Rusia sigue vivo el culto a la personalidad de Stalin y otros mitos relacionados con personajes históricos.

    “Algo está mal con nuestra historia, pero no queremos verlo. No queremos mirarnos en el espejo histórico”, dijo.

    Todo lo que sucedió con el país en los últimos cien años se puede calificar como una “tragedia monstruosa”. “Por eso nos cuesta tanto asimilar el pasado”, añadió.

    Los desastres, prosiguió, sucedieron el uno al otro. Así, la revolución bolchevique “alteró el cauce natural del desarrollo” de Rusia.

    Luego estalló la Guerra Civil Rusa. En opinión de Mlechin, fue “una tragedia aún mayor que la Gran Guerra Patria”, el nombre que dieron los soviéticos al periodo de guerra contra la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial (1941-1945).

    “La guerra civil involucró a todos y dividió a todos. Borró la fina capa de civilización que tiene la gente”, relató.

    Con este bagaje Rusia entró en el socialismo y la idea de que “cualquiera puede ser enemigo” se arraigó en la mentalidad de los soviéticos.

    “¿Por qué nos sorprendemos ahora cuando algo nos sale mal, con el pasado que tenemos?”, se preguntó.

    La sociedad actual rusa no quiere aceptar la historia, “quiere una historia agradable”, pero la realidad es distinta, insistió.

    Mlechin también arremetió contra los dirigentes soviéticos. “El siglo XX en Rusia no dio buenos héroes”, ni entre militares, ni entre políticos.

    En su opinión, la cúpula soviética estuvo formada por personas con graves carencias educativas y “extremadamente soberbias” que se negaban a delegar el poder y tomaban personalmente todas las decisiones importantes.

    La revolución socialista encumbró a algunas personas que enseguida “se creyeron los dueños del mundo” sin ninguna preparación profesional.

    Aquí Mlechin volvió a mencionar a Stalin quién actuó como un estratega militar durante la Segunda Guerra Militar “sin haber estudiado nunca el arte castrense”.

    En cuanto a la victoria en la guerra, la URSS no la ganó gracias a Stalin, sino a pesar de él, sentenció el historiador.

    ¡Fuera las manos de nuestros héroes!

    Lo peor y lo nocivo son las mentiras y los mitos en la historia. Los héroes inventados “entierran” a los verdaderos héroes, y privan a la sociedad de la oportunidad para rendir homenaje a las personas que merecen ser admiradas por sus hazañas.

    “Hoy en día cuando alguien destapa la verdad, todos se le abalanzan encima exigiendo no tocar el pasado y dejar en paz a los héroes de la nación”, continuó Mlechin.

    A pesar de ello, insta a “recuperar la verdadera historia” que no se limita solo al régimen soviético y tiene muchas páginas gloriosas.

    El pasado del país determina su presente, recuerda. Por eso no podemos olvidarnos de la historia. Lo que sí se puede hacer es “comenzar el tratamiento”, siempre y cuando se haga un “correcto diagnóstico” de la enfermedad.

    “El retorno a nuestra auténtica historia es imprescindible si queremos avanzar”, reiteró.

    En cuanto a las formas de este “retorno”, son muy individuales. “Tenemos que entender lo que pasó y sacar las lecciones correspondientes. Es un proceso lento, paulatino, pero tenemos que hacerlo por nosotros mismos”, concluyó.

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